Tag Archives: Infancia

Au revoir les enfants

Nuestro Rosebud
Nuestro Rosebud

Nos hicimos mayores. No fue de un día para otro, ya se sabe, estas cosas ocurren despacio y deprisa sin darnos cuenta, y de repente alguien me dijo que necesitaba un afeitado y me afeité. Andar por casa en calzoncillos ya no era ni gracioso ni decente. Las entradas, los billetes de viaje, museos… costaban dinero o subían de precio. Estudiar no era divertido, la presión me obligaba a sacar las mejores notas y no me daba la gana. Las chicas me invitaban a Vanitas Vanitatis, la discoteca de moda, y pedíamos bebidas de colores como el semáforo, hecho con granadina, licor 43 y peppermint, o el Cua-cua, o el Lubumba hecho con Coñac y chocolate… Ellas me invitaban pero yo tenía que pagar y nunca me llegaba el dinero. Fui a la fiesta de la media naranja en la discoteca Whippoorwill, al “Escándalo en la Marina” de La Real y a tomar “Cubalibres” a Pasarela. Nuevas personas entraron en nuestras vidas, y poco a poco, los cuatro amigos, nos fuimos separando. Un año de esos dejamos de celebrar los premios Polín porque eran muy infantiles. Nuestra amistad se diluyó como lágrimas en la lluvia, quién viese a nadie tan triste. En los ágiles y oscuros medios caminos inconscientes, acaso brotó una lágrima que cayó; las aguas, inestables, la recibieron, luego se calmaron. Nadie triste. Todos felices aún nos reuníamos de vez en cuando para asistir a grandes estrenos: Mujeres al borde de un ataque de Nervios, Indiana Jones y la última Cruzada, Always, Cinema Paradiso, Big, Drácula

Todos acabamos por marchamos de Oviedo, como no podía ser de otra manera, ya he comentado que éramos chicos inteligentes.

Siempre convenimos en que nuestra vida nunca sería como una película de esas de plantilla, con tema, evolución y desenlace feliz, con los buenos que son unos cretinos que ganan siempre, de esas historias que uno ya sabe lo que va a pasar desde el primer minuto porque siempre son todas iguales, cambiando personajes y lugares, pero iguales de todas formas. Y al final se casan los protagonistas, o se salvan en el último minuto y se besan, o se quedan con el dinero… Si algo sacamos de nuestra intensa unión de supervivencia peri-adolescente, es que nuestras vidas tendrían riesgo y sorpresas, y el final no se sabría hasta que llegase, como las pelis buenas de verdad. Estaba escrito en las estrellas que brillaban escuálidas sobre nuestro patio de luces y que aún siguen ahí.
Au Revoir les enfants
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Mi vida como un perro

A ver si va a tener razón la película
A ver si va a tener razón la película

En el cine se viven experiencias ajenas sin moverse de una butaca, que se vuelve experiencia propia, por vivida, claro, como espectador. Sales de tu casa, cierras la puerta, caminas un rato, pagas una entrada y te sientas en tu sitio, y de repente se puede viajar muy lejos, o correr aventuras impensables sin sufrir riesgo alguno, excepto el de quedarse atrapado al otro lado como le pasó a Mia Farrow. Por arte de magia uno se puede transportar de la propia casa de pueblo minúsculo a otro planeta, en otro universo, ir muy lejos, evasión total. Otras veces, estas vidas y experiencias ajenas de personas de otros países, de otras culturas, razas, tribus… ayudan a ubicarse en el planeta, a colocarse dentro de los 7000 millones de seres humanos a los que pertenecemos, desde tu hogar mismo, tan simple. O bien son historias no tan lejanas, gente que como tú se enfrenta a la vida cotidiana de una forma u otra, cómo toma decisiones, por qué les pasa lo que les pasa… Desde tu ciudad en donde por suerte o por desgracia uno ha nacido, se tiene acceso a todo tipo de historias, pasadas, presentes, reales, ficticias, locas, filosóficas… Es bueno comparar. Ya lo decía un poema del siglo XVI que te enseñan en la escuela, de “La vida es Sueño“, de Calderón de la Barca:

Cuentan de un sabio, que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas yerbas que cogía.
«¿Habrá otro», entre sí decía,
más pobre y triste que yo?»
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.

A mí el que me puso a comparar fue Lasse Hallström en la película sueca “Mi vida como un perro“. Es bueno comparar, dice. Es un niño que tiene que irse a vivir con sus tíos porque su madre está enferma. Él intenta que su madre le quiera y que su madre esté bien, pero la madre no puede, está ausente o en el hospital y el niño se encuentra solitario intentando adaptarse a su nuevo mundo. Mientras tanto se consuela pensando en la pobre perrita Laika, abandonada a su suerte en el espacio y en otros personajes para aliviarse, para entender que en esta puñetera vida todos tienen sus desgracias, y que quejarse está bien, pero que hay muchísima más gente que está peor que nosotros, verdaderamente mal, y que tienen más motivos pero seguramente no les soluciona nada quejarse. Quejarse es un lujo que en este mundo sólo unos pocos nos podemos permitir. Me encantó esa película, me hizo click en las neuronas y dejé de comportarme como una víctima. Pues eso: cine.

P.D. Mi madre no me dejó comprar un perro.

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Rear Windows

Próximas vidas ajenas
Próximas vidas ajenas

La ventana que estaba en mi habitación se abría al patio de luces. Fue la ventana elegida por mi madre para poner el tendal y colgar tantos y tantos calzoncillos lavados para que se sequen. Jorge vivía en el piso de arriba y su ventana de patio era la de la cocina. Desde estos miradores, las ventanas de atrás, hablábamos sin ningún problema, como hacia mi madre con Chelo, la de Bilbao. Yo me asomaba a la ventana de mi cuarto y Jorge a la de su cocina cuando sonaba la señal convenida, de tendal a tendal, sin problemas para disfrutar de una tertulia directa, porque las paredes inmediatas hacían esquina y el sonido llegaba muy bien reflejado sin necesidad de elevar la voz y despertar a los vecinos, ya que siempre nos ventaneábamos por la noche.

Muchachos prácticos, dividimos la cuadrícula que ofrecían tantas ventanas en cuadrantes y sectores. De la A a la H y luego por pisos, así que si uno veía algo en algún sitio avisaba al otro – ¡¡B3!! – y comentábamos creando la historieta: B3 está estudiando Informática, tiene un ordenador que es la bomba y se pasa horas delante de él. E5 era una chica que se ponía el camisón y luego bajaba la persiana, que no es lo normal, que lo normal es bajar la persiana y luego desvestirse. A veces se quedaba con las tetas al aire un buen rato y se las miraba en el espejo, de frente, de lado, las sopesaba… Estaba la moza un poco distante, y había que enfocar bien. Cuando salía ella hablábamos menos. C7 limpia y friega por las noches con un vigor y arrebato que no se comprendían. H1 duerme desnudo. Era el hermano de una compañera mía de clase que se llamaba Margarita. La cabecera de su cama daba directamente a su ventana y nunca le veíamos la cabeza, pero sí el resto del cuerpo, incluido el mato grosso, que en aquella época no se depilaban los hombres nada. Nos convertimos en comentaristas de vidas ajenas.

Sí, vimos tetas
Sí, vimos tetas

 

Hitchcock

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Este sí que era un personaje

La caja de ahorros puso en marcha un ciclo sobre Alfred Hitchcock, el mago del suspense. El programa incluía tantas películas que te hacía sentir ignorante, porque apenas habíamos visto un par, y además porque iba a ser imposible verlas todas. Aún así lo intentamos.

Ya lo conocíamos, era muy famoso. Nos encantaba Hitchcock, incluso a pesar de que algunos momentos de sus historias no han envejecido muy bien y resultan cómicos, como por ejemplo el final abrupto de “Vértigo“, que por otro lado es una película como somnolienta y que mantiene una atmósfera única.  La fotografía, la música… Nos imáginábamos el shock de ver tales películas en la época en que se estrenaron, esa en concreto en 1958, subtitulada en España como “De Entre los Muertos”; debieron ser totalmente epatantes y revolucionarias. En aquellos años me figuro que la gente tardaba en levantarse de la butaca al acabar el filme, para recuperarse del impacto. Bueno, no todos, porque a Orson Welles no le gustó. En la reposición de nuestra ciudad fuimos testigos del choque generacional, porque algunos jóvenes se pusieron a reír mientras que otros señores les mandaban callar pidiendo respeto.

Por supuesto “Psicosis” y “Los pájaros” estaban entre nuestras favoritas, y Norman Bates pasó a formar parte de nuestra galería de personajes del terror preferidos, un icono básico de los asesinos en serie. Pero la que más nos impresionaba era “La ventana Indiscreta“, y más que por lo gran película que es, era porque nosotros ya sabíamos lo que era la ventana indiscreta antes de verla. Lo mismo que hace James Stewart en la película lo hacíamos nosotros, es decir, espiábamos a los vecinos.

http://www.filmnight.org/rear.htm Two more San Francisco screening in September, Amelie & the Big Lebowski http://www.filmnight.org http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/19831007/REVIEWS/310070302/1023

Candilejas

Couverture du PARIS MATCH n°190 du 01 au 08 novembre 1952 : Charlie CHAPLIN maquillé en clown, avec Claire BLOOM en ballerine dans une scène du film "Limelight".
Couverture du PARIS MATCH n°190 du 01 au 08 novembre 1952 : Charlie CHAPLIN maquillé en clown, avec Claire BLOOM en ballerine dans une scène du film “Limelight”.

Agradecimos siempre la oportunidad de ver películas antiguas y reposiciones, así como ciclos de películas menos comerciales. Cines, Bancos, de repente montaban festivales de filmes en blanco y negro, obras restauradas, clásicos dorados sobre la gran pantalla. En el teatro Campoamor hicieron varias sesiones de películas de Charles Chaplin, incluyendo “La Quimera del Oro” que tanto le gustaba a mi bisabuelo. Al sentarme en la butaca pensaba en cómo debían de sentirse en la fecha del estreno, y se lo dije al hombre, que aún vivía con 88 años. “Nunca se han vuelto a hacer películas como éstas” repetía.

Fuimos a ver varias de ellas, entre ellas “El gran dictador” y “Candilejas“, que nos gustaron mucho. Fui a ver “Candilejas” con una amiga y su hermano, que era discapacitado mental, y el pobre hombre no paraba de llorar al final, que es bastante lacrimógeno. La película mezcla comedia y drama durante todo el metraje y provoca un vaivén de sensaciones que el pobre muchacho no pudo soportar, tuvimos que ir al baño y consolarlo, a sus 30 años, durante un buen rato: Sólo es una película.

Charles Chaplin sufría censura en EEUU por su trabajo anterior con Monsieur Verdoux, y cuando estrenó esta obra no tuvo éxito. El genio se marchó a Europa y Candilejas fue su última película americana. Dejó en ella una parte de la historia de su vida, porque es bastante autobiográfica. Se podría considerar además una despedida de dos grandes genios del cine mudo, porque sale además Buster Keaton. Dioses del pasado que ceden resignados el relevo a las nuevas generaciones.

La banda sonora de la película, compuesta por el propio Chaplin, es considerada entre las mejores partituras de la historia del cine. En 1973, veintiún años después, Chaplin recibió su único Óscar competitivo por esta brillante melodía, a los 83 años de edad. El aplauso fue ensordecedor, doce minutos.

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Cuando desperté, Darth Vader seguía ahí

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Padres: El Reverso Tenebroso

A pesar de ser conscientes de que nuestra película era una porquería, nos lo habíamos pasado tan bien que estábamos orgullosos. Pedíamos de nuevo la cámara para mejorar, ya se nos habían ocurrido muchas ideas, pero Carlos de repente no quería pedírsela a su padre, no se sabía por qué.

Unos días después Carlos me dio una cinta VHS para que le grabase la película del inspector de Hacienda, y me pidió que comprobase a ver qué tenía dentro para no grabar encima y proceder a grabar después. Así que cuando llegué a casa fui a buscar el punto adecuado para empezar a grabar y descubrí que lo que estaba grabado era una imagen fija de la pared del salón de casa de Carlos mientras se oía una discusión de sus padres. Muy fuerte, a gritos, su padre amenazando a su madre y su madre llorando y defendiéndose, y Carlos intervenía y se llevaba un bofetón. Se me puso la piel de gallina. Duraba más de media hora. Carlos me lo quiso contar de esta manera, no se atrevía a decirnoslo de palabra. Esta película era real. Darth Vader estaba por todas partes.

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La primera película

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Pedazo de armatoste que conseguimos

Nosotros fidedignos amantes del cine, cinéfilos de pro y prometedoras futuras estrellas del celuloide, resulta que un día conseguimos una cámara de video e hicimos una auténtica porquería de película. El padre de Carlos nos prestó una cámara que no recuerdo de dónde la sacó. No era una cámara como las de ahora, con muchas posibilidades, pequeñas, manejables,… no. Era un armatoste enorme dependiente de un cable grueso que necesitaba quedarse muy quieto para que las imágenes no salieran en exceso borrosas. Por supuesto la primera prueba fue un baile de Zorba, que nos tenía enganchados, repito. Pero luego hicimos la película, y como no podíamos salir de casa, por el cable, pues desarrollamos una historia de interiores.

Un ladrón entraba en la casa por la ventana de la cocina, que era Jorge el malandrín. Una vez en la cocina cogía un cuchillo y avanzaba por el pasillo. Primer plano de la cara de Jorge con el cuchillo afilado cerca de su cara, sobreactuado como si le fuera la vida en ello. Entonces el inquilino de la casa, que es Carlos, aparece y reconoce al ladrón: – ¡eres el inspector de Hacienda! – En el encuentro el inspector grita para responderle: – ¡¡¡Tú me has defraudado!!! – y le persigue hasta la bañera y lo apuñala, claro, es que en la bañera no manchábamos nada de tomate-sangre. Y luego Víctor y yo veníamos a investigar el crimen. Víctor procedía a examinar el cadáver, abría la puerta y… Carlos de pié sonriendo. – ¡¡¡Que estás muerto!!! No te rías – pero ya fue imposible que Carlos hiciera de muerto sin reírse – Mira cómo me habéis puesto de tomate Solís – así que hicimos un cambio rápido de guión y lo sustituimos por un – ¡Gracias a Dios! Está vivo! – Y yo hacía de médico que me lo llevaba en ambulancia. Y se acababa la película porque en la tontería se nos había pasado el día y teníamos que devolver la cámara. Basura pura, hijos del peor Ed Wood.

Aliens

14061999172_4147f81296_oA medida que nos hacíamos mayores gozábamos de más libertad, y era precisamente en las celebraciones de cumpleaños cuando estirábamos nuestros límites, aprovechando la coyuntura. Mientras nuestros padres se pensaban que íbamos a clubs y disco-bares a fumar nuestras primeras caladas, nosotros en realidad salíamos en busca de aventuras cada vez más atrevidas y cinefílicas. En cierta ocasión fuimos a una casa abandonada que la llamaban la casa drogada, porque allí iban muchos drogadictos a pincharse, ya se sabe, en los 80 se pinchaba mucha gente. Entramos con una linterna simulando la atmósfera de Aliens, el regreso, y los Aliens serían los drogadictos o cualquiera que nos pudiéramos encontrar, ya te digo, un poco locos sí que estábamos. La casa abandonada y medio destruida recreaba un ambiente terrorífico ideal para pasar un día inolvidable de cumpleaños. Pisando con cuidado, con botas, rompiendo cristales a nuestros pasos – ¡Shhh! No hagáis ruido! – nos adentrábamos iluminando con haces gruesos de luz en la mansión Nostromo. Todos juntos, contactando físicamente y avanzando en grupo compacto llegamos al gran salón. Silencio. No se detectan formas de vida. De repente una criatura oscura y maloliente se lanzó conra nosotros – !Aghhh¡ – Aunque no encontramos ningún Alien, por suerte seguramente, sí que conseguimos rescatar a una paloma que estaba atrapada en un cuarto y no podía volar. Menudo susto nos dió, pero luego conseguimos capturarla y la soltamos fuera. Misión cumplida. Nuestros héroes vuelven a casa.

La atmósfera ténebre y claustrofóbica de Alien se mantenía en la segunda parte de la saga, recién estrenada, casi tan buena como la primera. Ripley nos tenía completamente subyugados, y eso es evidente, tal y como habíamos celebrado ese cumpleaños. Y la criatura hostil, el Alien de Giger, es una maravilla del diseño, un ser terrorífico y ultra moderno, tanto, que verlo da miedo y gusto a la vez. Buff.

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Restaurante Chino

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Ni idea quién era ese

En cada cumpleaños siempre procurábamos regalar lo mismo: algo de música y algo de Star Wars. Teníamos un límite de 500 pesetas, que era el precio aceptado por los más ricos y los más pobres, y preferíamos pocos regalos pero valiosos que muchos y pequeños, así que juntábamos el dinero y recorríamos minuciosamente todas las jugueterías de la ciudad para acabar después de horas con las manos vacías en el Bazar Oviedo y comprar definitivamente algo, no siempre lo que más le gustaba al celebrante, sino más bien lo que nos gustaba a nosotros. En la lista de regalos célebres se incluyen variedad de juegos Falomir, el imperio Cobra, una agenda eclesiástica para ayudar a los jóvenes a no hacerse pajas (madre de Jorge implicada, algo pasaría en casa), un Jabba el Hutt de dos colores por defecto de fábrica, y por eso nos llegaba el presupuesto, una silla de director con el nombre pintado a titanlux, y todo tipo de parafernalia cinéfaga. El regalo casi nunca gustaba, pero nos lo pasábamos muy bien comprándolo.

Y lo celebrábamos en las casas, por supuesto “Zorba el Griego” incluido, pero a medida que crecíamos nos sabía a poco, y empezamos a usar los cumpleaños para experimentar cosas nuevas, como por ejemplo ir por primera vez a un restaurante Chino. El primer restaurante Chino de la ciudad acababa de ser inaugurado, y se localizaba en el centro, en un portal a la izquierda, subiendo unas escaleras. Era muy éxotico en aquel momento. Mientras cada uno de mis amigos pedía e íbamos haciendo las consabidas bromas de que cocinan gatos y que nadie ha visto una tumba de ningún chino en España, yo iba calculando para ver si me llegaba el dinero, que por suerte así fue y yo también pude comer algo, porque eran baratos. Pedíamos menú Familia Feliz, excepto cuando estábamos enfadados, que pedíamos cosas relacionadas con el ánimo, como cerdo agridulce, por ejemplo.

Por cierto que la mencionada agenda repleta de frases castas y virginales para los jóvenes cristianos sirvió para que apuntásemos todas las pajas que ya empezábamos a hacernos, y comparar. San Luis Gonzaga, patrón de la juventud, nos bendiga y San Kleenex purifique nuestras poluciones.

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Laberinto

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Van Jim Henson, George Lucas y David Bowie y hacen una peli

Un día vas al cine a ver una gran película y de repente ocurre que la película es realmente grande, te subyuga, te encanta, te fascina, te magnetiza…. Si hubo una película mítica entonces esa fue “Laberinto“, de Jim Henson con David Bowie en el papel de malo malísimo, y la rehabilitación de George Lucas como productor, después del sonado fiasco de Howard el pato.

Un miembro de Monty Python hizo el primer borrador del guión, y grandes guionistas fueron añadiendo cosas, incluyendo a George Lucas, no es de extrañar la calidad del resultado. Sin embargo, incomprensiblemente, no resultó un éxito de taquilla. Las críticas fueron mixtas, había buenas y malas (Un crítico famoso dijo que el film no estaba vivo), y el fracaso comercial desmoralizó tanto a Jim Henson que no quiso volver a dirigir más películas, qué pena. No es tan fácil ser verde, de verdad que no.

La película es un cuento fantástico de duendes y goblins, en donde una chica harta por un instante de su medio-hermanito se lo entrega al rey de los goblins, pero enseguida se arrepiente, jamás pensó en las consecuencias, y tiene que ir a rescatarlo al castillo de Bowie, que está al final de un intrincado laberinto repleto de trampas y divertidas criaturas del mundo de Jim Henson: Ludo, Hoggle, Sir Didymus, Ambrosius, el musgo con ojos… Personajes entrañables, con carácter y nobleza. Una maravilla para todos los públicos que derrocha imaginación por los cuatro costados, y la música es de Bowie, ¿acaso se puede pedir más?

Casi no la nominaron a ningún premio, y ni siquiera ganó el Bafta a los efectos visuales de 1986, que fue para Aliens. Por suerte se habían creado precisamente para esto los Premios Polín, para reparar injusticias mundiales de resonancia interestelar, y en nuestros galardones resarcimos el daño.

Al llegar a casa, le dí un besito a mi hermanito, no fuera que los goblins se pensaran que podían llevárselo.

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