Category Archives: Terror

Ouija

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Comunicarse con el más allá en dos cómodos pasos

El cine nos enseñó a hacer espiritismo con la tabla Ouija. Poseídos por la influencia del celuloide en alguna sala oscura, desarrollamos una tabla de conexión con el más allá de lo más casero: pinté sobre un folio en blanco las letras del alfabeto en orden con rotulador negro, un “sí” y un “no” en sendos círculos laterales y usamos un vaso de chupitos como conductor trans-paranormal. La comunicación con el oscuro mundo paralelo de los espíritus y los fantasmas estaba creada, el método no podía ser más sencillo. Poníamos nuestros dedos sobre el vaso y preguntábamos con voz fuerte y directa: – ¿Hay alguien ahí?…. – y entonces por extraño sortilegio de ultramundo el vaso se movía bajo la presión leve de nuestros dedos hacia un círculo – Sí… – todos acojonados ya – ¿quién eres? – no hay respuesta. Los silencios eran aterradores – Cómo te llamas? – el vaso lentamente señala una tras otra una serie de letras – T…H…O…M…A…S – ¡Thomas, se llama Thomas! – ¿Qué Tomas? -pregunto – Un café con leche – responde – y todos nos tirábamos de la risa por el suelo – ¡¡¡No se vale mover el vaso!!!

Pero no siempre era broma, alguna vez nos salió de verdad, como cuando se manifestó una niña que se llamaba Eugenia y que nos aseguró que veía un stop inmediato en nuestro futuro, y justo al bajar en el ascensor éste se paró de golpe. A lo mejor estábamos saltando un poco y lo provocamos, también puede ser. En una ocasión solicitamos los números de la lotería primitiva y nos dieron los siguientes: 3 – 9 – 30 – 37 – 41 – 44. Puedo decir que desde entonces juego con frecuencia a estos números y nunca me ha tocado nada (bueno, una vez me tocaron 4 números, pero era muy poco dinero). Se vé que los espíritus tampoco conocen el futuro.

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El corazón del ángel

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Corazoncito arrancadito

Hacer una buena película de miedo era un reto para los grandes autores, ya lo habían demostrado Kubrick y Friedkin entre otros. Los directores se apuntaban al miedo sin temor ni vergüenza y discurrían como hacer buenas películas con un punto sobre lo desconocido. El director Alan Parker ya tenía una sólida filmografía entonces, con películas como “El Expreso de medianoche“, “Fama“, “Pink Floyd: The Wall“, “Birdy“, y reunió juntos a Robert De Niro, Mickey Rourke, Charlotte Rampling y a Lisa Bonet, que estaba en auge después de su éxito en la serie televisiva “La hora de Bill Cosby“, para hacer un filme de intriga y suspense diabólicos. Nos gustó mucho “El corazón del Ángel“, una historia con diablo rodada en Nueva Orleans. No era exactamente una película de terror, ya que la película comprende varios géneros, pero podría decirse que es un filme de suspense y misterio con toques sobrenaturales de vudú, satanismo y de cine negro policíaco, mezclados dentro de una atmósfera densa, asfixiante y oscura. Al terminar la película sudábamos. Con los botones superiores de la camisa desabrochados fuimos al Centro Comercial de Simago y compramos un corazón de cerdo en la sección de carnicería, al cual le clavamos después unos alfileres de cabeza redonda, grande y coloreada que habíamos adquirido en un “todo a cien” mientras pensábamos en nuestros enemigos.

Hacía poco habíamos visto al padre de Jorge con esa señora rubia que no era su madre, quizás él pensaba en eso, no sé. Yo pensaba en mi padre también y en algún profesor, como el de química, que me había asegurado que jamás aprobaría con él. Carlos también pensaba en su padre y quizás en su abuela, toda una Angela Channing de Extremadura;  Víctor no tenía enemigos. Con el músculo cadáver acribillado de alfileres de bola, que quedaba bonito con todos los colores, en nuestras manos, como no sabíamos qué hacer con tal corazón sangrante una vez terminamos de pincharlo, se nos ocurrió arrojarlo por la verja al interior de una peletería de alta gama, como protesta por el asesinato de animales para hacerse abrigos. No me imagino la cara que pondría la dependienta al abrir la tienda por la mañana. Seguro que no pensó que se trataba del corazón del ángel.

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Gothic

Gothic
El miedo de los adultos

El género del miedo por suerte también venía con otras presentaciones, más de mayores, y nosotros no dejábamos pasar ninguna película, por muy extraña que fuera, como ya se pudo apreciar cuando fuimos a ver Videodrome. Sin duda alguna que todo lo que oliera a terror pasaba por nuestros ojos. El surrealismo, o, digamos, la sugerente narrativa de un afamado director, por supuesto, nos atrajo. Se trataba de Ken Russell, un tipo muy particular que se había hecho famoso por mujeres enamoradas y otras películas que no habíamos visto, todas con algún tipo de polémica, como por ejemplo un desnudo frontal masculino en un filme de 1969, y múltiples censuras. Su estreno del año 86 era una obra que se llamaba “Gothic“, muy atípica y un punto histérica histórica sobre Lord Byron y la noche en que se ideó la novela de Frankenstein. A pesar de su bizarra puesta en escena, onírica e inquietante, obtuvo bastante éxito y fué nominada a muchos premios. Nosotros nos quedamos un poco aturdidos después de verla, luego se nos pasó. Ken Russell nunca dejó de estar aturdido, ni antes ni después de Gothic, y hasta llegó a participar en Gran Hermano VIP UK, en 2007. Directores diferentes e interesantes como Russell siempre hacen falta, que en Paz descanse.

2595064000_e87dcbe1a4_oUnos años más tarde vimos otra película sobre el mismo tema que estaba mejor y era española: “Remando al Viento“, del asturiano ovetense Gonzalo Suárez. En ésta conseguíamos seguir la trama más fácilmente, y estaba muy bien ambientada, pero a pesar de ello comenzábamos a diferenciar que en Góthic la atmósfera que se lograba era gruesa, más auténtica, como si en una importara más la comprensión lineal y en otra las sensaciónes sobre el espectador. Aprendíamos. Fué en este rodaje donde un poco conocido Hugh Grant conoció a Elizabeth Hurley y se hicieron novios por un tiempo.

Los españoles se apuntaban con más pena que gloria al carro de las pelis de miedo, vía subvención estatal, naturalmente, y vimos otra de Bigas Luna que se llamaba “Angustia“, rodada en E.E.U.U. con la actriz que hacía de medium en Poltergeist, una obra totalmente fallida, pero para la que Víctor creó una Banda Sonora particular, nada original. Era así: – ¡Angustia! ¡Angustia! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! – y cada vez que alguien se ponía nervioso la cantábamos.

El muñeco diabólico

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Vaya regalito

Las películas de miedo se dirigían cada vez más a la juventud. Quizás porque en la ignorancia de la vida, del sufrimiento y de la muerte, eran los que más disfrutábamos de los terroríficos asesinos tipo Freddy o Jason. Los adultos que ya habían tenido experiencias de realidad terrorífica pues como que ya no. Las películas se adaptaban a las demandas de los adolescentes que querían ver unas buenas tetas, chicas rubias y exitosos maromos semianalfabetos pero cachas. El tema de la Infancia y sus temores también se llegó a explorar en los filmes de la época. Desde Poltergeist sabíamos que los muñecos, juguetes de niños, podían convertirse en monstruos, como el famoso payaso. En el secreto de Joey lo confirmàbamos, aunque para muñeco malo malísimo, ese fué el muñeco diabólico, Chucky, que fui a ver con Jorge ya un poco más de mayores.

Chucky es un muñeco excepcional, el juguete que todo niño desearía tener, lo más de lo más, lo último de lo último, la sensación del momento, pero tiene un pequeño inconveniente: está poseído por un asesino en serie. Un niño lo recibe por su sexto cumpleaños, y empieza a morir gente y a pasar cosas raras. Cuando la bondadosa madre descubre que el dichoso muñeco estaba funcionando a todo gas sin baterías, no sabe si alegrarse por el ahorro, o preocuparse por lo de la posesión. Muy divertida la película, que lleva guiños a otras pelis famosas, como El Reslandor, por Ejemplo.

Chucky le dice al niño antes de morir: – Amigos hasta el final – con carita de cordero degollado para apelar a la piedad del niño propietario en un último momento. Y el niño responde – sí, pero el final es ahora – y lo machaca. Y aplaudíamos excitados en la butaca.

– ¿Y nosotros seremos amigos hasta el final? – La amistad con Jorge no va a durar siempre, ya lo veíamos venir, nos íbamos a hacer mayores y estar poseídos por miles de cosas. Pero hasta entonces y hasta donde llegase, disfrutábamos compartiendo la vida y el cine.

Los ojos del gato

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La niña de E.T. – allá vamos

Las películas “raras” nos atraían, pero es que nos atraía cualquier cosa, para que nos vamos a engañar, sobre todo lo que tuviera algún efecto especial o un buen susto. También fuimos, por supuesto, a ver los éxitos del momento, “Viernes 13” y “Pesadilla en Elm street“, que no podían faltar, y otras menos populares como “El Secreto de Joey“, de Roland Emmerich, con un muñeco de ventrílocuo malvado, o “Los Ojos del gato“, que era una película de historias con el denominador común de Stephen King y los gatos, que te roban al alma. Stephen King era la estrella del terror, todo lo que llevara su nombre se convertía en éxito. Nos compramos un libro de él, con relatos cortos, y nos quedamos contrariados al leer sobre lavadoras poseídas y otras ridículas situaciones ¿Es éste el famoso escritor de terror del Resplandor? Nosotros hicimos un best seller que se titulaba “Historias de Ciencia Fricción”, en el que se incluían títulos tan sugerentes como el de “No comerás pan en la cama” porque las migas luego entraban en tu sangre, o como el de la “Oveja que veja”, que era una oveja extraterrestre que violaba a los terrícolas y que al final se marchaba en su nave lamentando que los humanos no están listos para el amor universal.

Volviendo al tema. La película trae tres historias unidas por el gato del título, una sobre un fumador, otra sobre un cornudo y otra sobre una niñita y un gnomo, escrita expresamente por el autor para el filme. La chiquilla era la niña de E.T., una tal Drew Barrymore, y otros grandes nombres también salían, como James Woods. En el monedero estaba Laurentiis, haciendo caja,  y en la música el mismo de “Regreso al Futuro“. Era un producto a la moda, con historias fáciles de miedo – intriga, ideales para pasar el rato ochentero y que los productores se enriquecieran. La Cartelera estaba llena de estos productos de bajo presupuesto.

Resonator

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Hay que tener cara

Basándose en el éxito previo y con el apoyo del selecto y nutrido público que se cultivó con su película Re-Animator, amén de los críticos amables, Stuart Gordon acometió de nuevo un proyecto inspirado en las terroríficas obras de H.P. Lovecraft. En este caso la obra era “From Beyond“, “Del más allá”, pero para imprimirle un sello más reconocible la titularon ReSonator en España.

El relato parte de la idea de que estamos rodeados de criaturas que viven con nosotros, pero en otra dimensión, y por eso no las vemos. El exaltado doctor Pretorius crea el Resonator, artefacto que estimula nuestras hipotróficas glándulas pineales, y nos abre de ese modo las puertas de tal fantástico universo paralelo, con el lamentable imprevisto inconveniente de que una vez verificado que la máquina funciona, las criaturas se comen al Doctor Pretorius, y acusan al ayudante del malogrado científico de asesinato. A ver quién se va a creer lo de las criaturas esas. Pues una psiquiatra inquieta le cree y vuelven a poner en marcha la máquina para redescubrir que la otra dimensión está repleta de látex, monstruos de látex, pellejos de látex, bichos de látex… es que el látex era también muy ochentero.

A estas alturas a nadie le sorprenderá que una tarde de lluvia intentásemos hacer latex con harina, agua y huevos. Los doctores Preparatorius, nosotros, íbamos a preparar un horripilante maquillaje para asustar al vecindario, y después de embadurnarnos de pasta mal ligada de la cabeza a los piés, a lo más que llegamos fué a parecernos a Darth Vader cuando se quita el casco en el Retorno del Jedi. Eso sí, conseguimos que la cocina pareciera de otra dimensión, y que la madre de Jorge, propietaria de la mencionada cocina, se convirtiera en un monstruo de un universo paralelo, pero de muy sólida presencia en este Universo – ¡Me vais a volver locaaaa! –

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Ya están aquí

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Como os tenga que comprar gafas por hacer esta tontería las vais a pagar vosotros – decía nuestra madre

Cuando acababa la emisión de televisión sonaba el himno de España y después había una carta de ajuste con un pitido estridente. Al rato desaparecía la carta y la pantalla se llenaba de ruidosa bruma. Si mirabas fijamente esa nieve postemisión aparecía Poltergeist. Nos gustaba dejar la televisión encendida sin programación, como en la película, y luego simular que el Poltergeist había entrado. Por supuesto que también habíamos visto en nuestro ciclo de miedo esa historia aterradora en donde la niña casi daba más miedo que los fantasmas. ¿A quién se le ocurre construir una casa sobre un cementerio? Pues estaba basado en hechos reales, sobre la construcción del parque Cheesman en Denver, donde ocurren aún hoy fenómenos extraños.

En la película también ocurrieron cosas extrañas. La actriz que hacía de hija adolescente falleció el año del estreno estrangulada por su novio, y la rubia protagonista murió de una estenosis intestinal misteriosa 6 años después, pero en ese momento en que nosotros veíamos el filme aún vivía – ¡¡¡Carol Anne, vete hacia la luz!!! – decía la medium, aquella enana genial, la bacterióloga en la vida real Zelda Rubinstein.

Dicen que la película es más de Steven Spielberg que de Tobe Hooper, y puede ser verdad, porque Spielberg rodaba E.T. como director en la misma calle, y por retrasos diversos, se pasaba más tiempo del debido como productor en el vecino set de Poltergeist, dando el coñazo. Nosostros veíamos el auténtico toque Spielberg en la película, que al final se estrenó casi a la vez que E.T.

Pues con la tele puesta y sin programas intentábamos escuchar mensajes del más allá. Y también hacíamos psicofonías que por supuesto no salían nunca, pero siempre creíamos que se oía algo y rebobinábamos y vuelta a empezar: -Hola…. Vais a morir… marchad de aquí… – la cuestión era pasarlo mal. La cuestión era pasarlo bien.

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Terror casero

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La casa de Jorge daba miedo ya de por sí (no era ésta, era un poco más modesta)

El pueblo de la familia de Jorge estaba cerca de mi pueblo, en la costa, y nos visitábamos a veces en vacaciones. Hubo confianza interfamiliar y nos permitieron ir y venir. Pues bien, conseguimos organizar un fin de semana los 4 amigos solos en la casa del pueblo de Jorge y nos dedicamos a contar historias de terror inventadas, casi todas basadas en historias que habíamos leído o escuchado por la radio, y después salíamos al bosque con linternas, como en la Bruja de Blair pero mucho antes de que se ideara. En una de esas salidas, estúpidamente felices sufriendo de miedo, todos agarrados con todos, en grupo, nos adentramos inmersos en una noche oscura cerca del río, y con el Redrum en la cabeza que íbamos diciendo en broma para asustarnos, de repente salió una criatura enorme y peluda de entre las sombras y rugió como si nos fuese a devorar a todos y cada uno de nosotros. Gritamos y salimos corriendo – ¡¡¡Aghhhh!!! – con el corazón en la garganta, aterrorizados como nunca: era un pequeño jabalí que se escapaba en la dirección opuesta posiblemente tan asustado como nosotros. Pero qué susto, ¡mi madre!

Otro de los pasatiempos era preparar escenarios de terror en la casa, que era una casona antigua muy pintoresca y evocadora, y los otros tenían que enfrentarse a ellos, como por ejemplo dejar un casete hablando desde un armario, montar un muñeco y ahorcarlo de una viga, para que parezca real en la oscuridad entre efectos de iluminación con linternas y velas. Dejar una cabeza de carnero sobre una bandeja y pintar una estrella de 5 puntas hasta acabar la acuarela roja, fantasmas de alambre que eran sábanas flotando… este tipo de barbaridades que nos traían tan entretenidos, escenografía macabra. Un cráneo que nos habían prestado de un estudiante de medicina, nos daba tanto miedo solo tenerlo, que lo escondimos para no volverlo a ver, y se nos olvidó. Lo encontró la madre de Jorge mientras subida a una escalera buscaba una olla grande en un aramarito de la recocina. Casi se mata la mujer del susto, y hubo que convencerla de que no llamase ¡a la policía!

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¿Por qué miedo?

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Messiah of Evil

Ir a ver una película de miedo es un acto voluntario que envuelve a varias personas, porque normalmente nadie va solo a ver una de terror. Compartir el sufrimiento en grupo une, y a la vez calma saber que tus amigos están ahí; por muy dentro de tu cabeza que penetre la película, alguien de confianza está a tu lado. ¿Por qué nos gustan las películas de miedo?

Los analistas antropo-científicos dirán que es para rellenar la parte ancestral del miedo a lo desconocido, ese resto atávico de la prehistoria que permanece grabado en nuestros diencéfalos, de cuando los hombres se asustaban ante los fenómenos ambientales y naturales, rayos y truenos, y hoy día, de alguna manera, suplimos esa llamada primigenia de las neuronas primitivas con las sensaciones vividas en esas sesiones controladas de horror. El sedentarismo entumecido y bien establecido de la sociedad occidental, dicho de otro modo, busca sentir esas emociones ante lo desconocido de forma artificial y segura, porque lo desconocido sigue estando ahí, seguimos sin saber qué pasa cuando fallecemos, pero se vive sin pensar en ello. Otros dicen que es por la adrenalina y la fácil experiencia de excitación y tensión sin necesidad de moverte de una cómoda butaca. Es parte de lo mismo, ya mencionado, unido a una autoexploración sobre los propios sentimientos: qué es capaz de aguantar cada uno y qué es lo que más miedo me da, atisbar esos pensamientos y luego irse a casa tranquilamente con el autodescubrimiento hecho. Yo creo que por eso y además, hay siempre un cierto enfrentamiento a la muerte. La muerte es lo negro, lo oscuro y también lo inevitable y natural, y un poco de mitología sobrenatural en torno a la muerte es parte de la asimilación, o de la tranquilidad de saber que la muerte está por todas partes y es para todos. Compartir con los amigos esos momentos de autoexploración, enfrentamiento y pavor es encantador, ¿o no?.

El Resplandor

 

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Más madera

Por si no habíamos manchado los calzoncillos lo suficiente, continuamos nuestro ciclo de miedo con una tercera joya en la misma semana: “El Resplandor“, de Stanley Kubrick. Para la madre de Carlos habíamos visto una de Gregory Peck, una de Max Von Sydow y ahora una de Jack Nicholson, todo verdad, pero también era cierto que esa semana nos metimos vía nervio óptico una buena dosis de terror del bueno. El Resplandor fue la guinda de oro para no dormir bien en una larga temporada. Redrum, redrum… Ya vean, con el miedo que me daban estos filmes, y fue comprar el vídeo y sacar las películas más terroríficas de la historia. Una contradicción.

El trailer era un mar de sangre bajando por el ascensor, qué osadía tan bestia. Para salvar la censura Kubrick había tenido que decir que era agua con óxido, pero queda claro que no, evidentemente. Todo el mundo sabe lo perfeccionista que era el señor Kubrick en sus rodajes, pero la que lo sabe mejor es la actriz Shelley Duvall, que sufrió un contínuo machaque cerebral durante toda la filmación. El record mundial de tomas para una escena también sale de este film, casi 150 tomas, y hay que considerar muchas otras escenas que se repitieron sin llegar a récord, pero llegando al hastío, ¡cómo debía estar todo el equipo!

El resultado es impecable. La atmósfera de terror psicológico nos hundía paulatinamente en el sofá, tras los cojines estrujados de pavor mientras permanecíamos inmóviles silenciados por la tensión. Stephen King decía que no le gustaba la película construida sobre su best-seller, pero la verdad es que la película es mucho mejor que el libro, algo que pocas veces pasa. Y cuando se terminó la sesión todos coincidimos en estar encantadoramente aterrorizados.

¿Y por qué nos gustaban las películas de terror si luego nos asustábamos tanto?

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