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De música

Cercanos y allegados estaban desconcertados en cuanto a nuestros gustos musicales, quizás nosotros también. – No es posible que os guste Eurovisión y Carly Simon y al mismo tiempo os compréis los discos de Sonic Youth o incluso !Metallica! – Nos decían sorprendidos – Y no os gustan Dire Straits, ni Roxette, ni Mecano, pero sí escucháis Bananarama y Alaska y dinarama – Insistían – ¡Sois contradictorios! – La gente nos señala, nos apunta con el dedo, susurra a mis espaldas y nos importa un bledo.

No sé como explicarlo. Las canciones puedes ser divertidas y gustarte, o buenas y directamente entrarte en el lóbulo temporal del cerebro. Algunas canciones se impregnan de vivencias, vienen acompañadas de experiencias que las complementan, y por eso una canción patética se puede colar entre tus favoritas, porque adquiere un significado diferente, lo mismo que una buena canción hartarte. Hay canciones muy personales y otras más sociales. La respuesta es que estábamos abiertos a todo tipo de influencias musicales. Nos encantaba el Pop, optimista, alegre, modulador de humores, y a la vez estábamos de acuerdo con Diamanda Galás cuando dice que el Pop maltrató a la música.

Recibíamos tantas críticas como cantantes de ventana que dejamos de hacerlo. Nuestros diálogos de ventanas evolucionaron hacia temas de chicas y atracciones. Jorge tenía nuevas compañeras que le encantaban y me las había presentado. A él le gustaba una tal Noelia, pero Noelia estaba atraída por mí, que yo no le había hecho ni caso. Le dije claramente desde mi ventana – Reconócelo Jorge, yo soy mucho más guapo – Añadí que además no me engañaba, que yo sabía que a él le gustaba más José, el gay de su clase – Y jorge desapareció de su ventana. Tardaba un rato y me asomé más y más para ver qué pasaba, igual se había enfadado. Al cabo de unos minutos, mientras me estiraba mirando inquisitorio hacia arriba, me cayó en todo el rostro una jarra completa de agua fría, me quedé calado hasta los huesos. Jorge la había arrojado en castigo por mi atrevimiento. No nos enfadamos, al contrario, estuvimos riéndonos un buen rato.

Calado
Calado

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Bandas Sonoras

Con todas esas canciones que venían con las películas y las bandas sonoras que cada vez nos gustaban más, poco a poco empezábamos a reunir una buena colección de música de cine. La mayoría las grabábamos de disco de vinilo a casete en casa de Jorge, con el equipo Hi-Fi, en cintas vírgenes. Nuestras cintas de música eran una mezcla diversa. Una cinta podía ser más o menos así:

 

Re-Animator

 

Re-Animator
Anterior al Red Bull

Durante el transcurso de nuestro personal e intensivo ciclo de terror estrenaron en las salas comerciales la película Reanimator, un film polémico avalado por la revista “L’ecran Fantastique“. Asistimos a la proyección bien provistos con bolsas de plástico por si acaso vomitábamos, ya que en la publicidad decían que en el estreno hubo un fallecido de infarto y varias personas que devolvieron de puro asco, y claro, yo que era de vómito fácil pues fui preparado. El infarto ya imaginábamos que era una exageración.

Era un tipo diferente de terror. Enseguida nos compramos los relatos de H.P. Lovecraft, el libro se llamaba “Dagon y otros cuentos macabros“, de la editorial Anagrama, porque en él se incluía el relato corto en el que se basaba la película que íbamos a visionar. Nada que ver la literatura con el celuloide excepto la idea medular: Reanimar a los muertos. La historia derivaba hacia un moderno Frankenstein repleto de zombis y sangre, ¡si se gastaron casi 100 litros de sangre de vaca en el rodaje!

Pero este tipo de terror sangriento no nos gustaba tanto, preferíamos más el terror clásico, con tensión psicológica y sorpresas elaboradas, mucho mejor que el hachazo fácil. Sin embargo tuvo bastante éxito, la crítica la calificó, entre otras cosas, como un “pop Buñuel”, por el humor ochentero y por los toques surrealistas de los zombis descabezados, y le salieron diversas secuelas, entre ellas la novia de Reanimator y un musical de Broadway.

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Disco

Los Goonies de la señora Lauper sonando a tope en la radio a todas horas, entre Limahl cantando la Historia Interminable y Los Cazafantasmas escuchándose en cualquier emisora, la música disco-pop llegó a los críos. El Pop optimista, desprovisto de problemas, melódico, simple, fácil, era muy de chiquillos, la verdad. Se puso de moda que los domingos después de misa los niños bien fueran a una discoteca que abría para menores en esa franja horaria, la hora prepúber en la sala de fiestas “Albert Hall”, a donde iban a beber un batido y bailar, niños y niñas, esas y otras canciones, aparentando que eran mayores. Pero estaban de moda los temas de películas, y aparte de las melodías mencionadas sonaban “The Eye of the Tiger“, de Rocky, “Grease“, una super Tina Turner cantando “We don’t need another hero“, que nos encantaba, la canción de otra peli de 007 que se llamaba “Panorama para matar” y que cantaban los Duran Duran, la famosa rompepistas de “Flashdance” y además ponían una versión disco de Star Wars que nos ponía a cien, y Jorge se subía a la tarima a hacer el robot. Otro baile popular era el de Michael Jackson, a lo Thriller, los muchachos y muchachas hacían el zombi y lo daban todo vestidos de Domingo. Por alguna razón incomprensible en mi casa no nos dejaban ir a ningún hermano, decían que las discotecas eran para pijos y mamarrachos (y drogadictos, que en esa época había muchos). En cualquier caso la entrada era cara y las bebidas también, y yo prefería guardarme el dinero para otras prioridades ya expuestas y bailar tranquilamente breakdance en mi casa, así que nunca fui y me tenía que contentar con lo que me contaban Jorge y Víctor de sus aventuras en la disco, porque eran asiduos. Las sesiones solían acabar con el “We are the World” de USA for Africa, contra el hambre, y luego todos para casa a comer.

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Thriller

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Michael, no sé qué pensar

Otro de los pocos programas de televisión musicales que ponía vídeos con cierta frecuencia era “Tocata“, y gracias a él pudimos al fin ver el videoclip de Michael Jackson, el famoso Thriller. La expectación era muy intensa. Nos juntamos en casa de Jorge y nos sentamos, no en el sofá, sino en el suelo, enfrente mismo de la televisión, para no perdernos detalle. Con tensión esperábamos el momento y enmudecimos ante la pantalla cuando empezó: 14 minutos de videoclip. Era terrorífico y a la vez musical, era una película siendo una canción, la coreografía con los zombis tan bien caracterizados nos dejó anonadados y la transformación era, para aquella época, terrorífica, porque la dirección del clip musical la llevaba el mismo que había hecho “Un Hombre Lobo Americano en Londres“, John Landis. Hasta sentí miedo aquella noche. Cuando en el camino de vuelta a mi casa, de la escalera C a la escalera B, se apagó la luz, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo – ¡Uf! – Ipsofacto nos hicimos fans de Michael Jackson. Sin embargo, y al contrario que con Alaska, que hasta que la muerte nos separe, nos fuimos desencantando con Michael y a los pocos años lo quitamos de la lista, sobre todo después de ver en los cines Brooklyn la película “Moonwalker“, que fue un tostón y de la que no nos creímos nada. Era un filme de autopromoción descarada. Pero eso no quita que el vídeo de Thriller sea uno de los mejores de la historia y que los bailes de zombies sigan siendo un referente pese a los años.

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New Wave

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Siempre he sido un poco punk en mi interior

Si hubiera tenido un tocadiscos quizás hubiera desviado mis ahorros hacia la música, pero como lo único que tenía en casa era un radiocasete Phillips que a veces se comía las cintas, pues me ahorré ese dinero. Jorge sí que tenía un equipo musical completo Hi Fi, con tocadiscos y micrófono y de todo, pronto aprenderíamos a usarlo. A pesar de las limitaciones me compré la cinta de Pretenders, que me encantaban; estaba loco por la drogata de Chrissie Hynde, el “Bad Boys get spanked” me acompañaba a todas horas, y lo bailaba con los morros apretados y la cabeza asintiendo mioclónicamente. Luego ella cantaba con UB40, grupo que ya conocía por una película antes mencionada, El club de los Monstruos, el “I got you babe“, que era a su vez una versión de una canción de Sony & Cher, y todo esto lo iba reteniendo y una red se completaba en mi sesera

– Vaya músicos de porquería que hay ahora – decía mi padre, pero todo el postpunk de la New Wave entraba por mi casa vía Londres por mucho que a Darth Vader no le gustara. Duran Duran, The Cure, Soft Cell, Wham!, Siouxsie and The Banshees, Orchestral Manoeuvres in the Dark, que decía un vecino del Opus Dei que eran satánicos y entonces aún me gustaban más, Depeche mode, Cocteau Twins, Tears for Fears, Spandau Ballet, Frankie goes to Hollywood… y es a lo que me refiero, que era un momento musical único en la historia. Encendías la radio y te ponían lo nuevo de Police, “Every Little Thing She Does Is Magic”, o de Queen cantando con Bowie “Under Pressure” o sonaba en primicia el “Sweet Dreams (Are made of this)” de Eurythmics, con la joven Annie Lennox, o te estrenaban en tus narices el video de A-ha, “Take on me“, mitad dibujado, mitad real ¡alucinante!

Y al llegar de vuelta al hogar patrio me encuentro con una versión de “L’amour est un oiseau rebelle“, de la ópera Carmen de Bizet, que cantan Olé Olé y se llama Conspiración.  Y ni los detuvieron ni les imputaron en nada, al contrario, fue un éxito nacional, ¡cielos!

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Karma Chameleon

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Fue llegar y juntarme con estos…

Como era muy buen estudiante gané la beca tres años consecutivos, que supe aprovechar excelentemente para entender un poco mi lugar en el mundo y aprender muchísimas cosas, aparte del inglés. Entre ellas de música y por supuesto de cine.
Y es que en esa época ocurría el boom del New wave y del Pop en el Reino Unido, multitud de nuevos artistas salían con unos looks chocantes y llamativos, con videos musicales llenos de medios y efectos, canciones pegadizas, señas de identidad, diferenciación, ambigüedad sexual, grupos urbanos… Todo el mundo llevaba pendientes en las orejas, hombres y mujeres, así que yo también quise ponerme. Llamé a casa y pregunté que qué les parecía que me pusiera un pendiente (uno sólo y en la oreja izquierda, que es de hombres). En España aún no se estilaba y mi madre me respondió: Espera que le pregunto al lado oscuro…instantes de tensión, yo ya sabía la respuesta… – Dice tu padre que si se te ocurre ponerte un pendiente te lo arranca de cuajo y te mete una somanta de hostias que se te quitan las ganas de maricón para el resto de tu vida – Con semejante respuesta ni Luke con toda la fuerza Jedi del Universo se hubiera puesto pendiente. Con los años se puso de moda en España y todo el mundo se ponía, todos mis hermanos se agujerearon las orejas, pero yo me negué: – Ahora no quiero – dije.

Aún así me las apañé en parte. En una promoción de Culture Club me compré una chapa de Boy George, por la que me tomarían el pelo todos los del curso de inglés, y unos pendientes dorados de pegatina, que en vez de necesitar agujero se pegaban con una especie de superglue que no se caía ni en la ducha. Y así tan moderno, en plan Karma Chameleon, me dispuse a conocer todas las salas de cine de la ciudad.

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Sombra aquí, sombra allá

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Elegancia natural

Por todas partes en el país sonaba “Sombra aquí, sombra allá” de Mecano, y en tu fiesta me colé, mucha niña mona, pero ninguna sola… la mejor música de autos de choque de la historia española. Sin embargo nosotros ya nos desmarcábamos de los gustos en masa, y esto en aquella época sin internet ni globalización tenía su mérito. Esta música popular tan simple y tonta no era para nosotros. Era crucial definirse en términos musicales, porque eras lo que te gustaba, y nosotros éramos diferentes, o queríamos serlo. En gran parte se lo debíamos a los hermanos mayores de Jorge que nos abrieron los ojos a The B52s, Huey Lewis, Spandau Ballet, Cocteau Twins,… vamos, que había vida más allá de lo que te ponían en las narices y que se podía elegir lo que a uno le gustase aunque no fuese el número uno en éxitos de la radio patrocinada. Más gente pensaba igual y así florecieron tiendas de discos por la ciudad. El reclamo de recién importado de Londres era lo más atrayente, mirábamos hacia afuera con interés. Y en parte también porque veíamos todas las películas y nos imbuíamos de toda la información posible, incluso la que no entendíamos. Como esponjas absorbíamos nombres, canciones, fechas, lo que fuese, y ahí se quedaba en el cerebro para asociarlo con el tiempo con nuevos datos y aprendizajes.