Category Archives: Fùtbol

Insultos

Stitched Panorama
La olla de las pasiones

Retomamos el fútbol merced a los nuevos éxitos del Real Oviedo en primera división, y que hacerse socio era muy asequible para niños. No siempre íbamos, pero nos gustaba ir de vez en cuando para aprender juramentos y palabrotas. Correteábamos por la parte baja de las gradas sorteando los puros y cigarros, y anotábamos: – ¡Hijo de la virgen puta! – y reflexionábamos sobre la madre del árbitro y cómo podría hacer para ser virgen y puta a la vez. – ¡Me cago en lo más sagrado de tus muertos! – Y reflexionábamos sobre que parte del cuerpo en putrefacción sería la más sagrada y los posibles efectos de una defecación a priori complicada; aunque también aprendimos clásicos como el de – ¡Me cago en tus padres! – que reunía en el mismo insulto el de cagarse en el progenitor y el de llamar puta a la madre. Novedoso era el de “Ojalá una mala puta te escupa en el culo y te mueras de SIDA a pedos”, y es que el SIDA empezaba a ser una preocupación global. Un día un señor gritaba desesperado: – ¡Número 7, número 7! – y se desgañitaba mientras bajaba a empujones para situarse junto a la valla – ¡¡numero 7, número 7!! – con la vena del cuello latiendo geográfica en su cuello mientras la cabeza enrojecía de furor – ¡¡¡Numero 7, número 7!!! – se veía que el insulto estaba al venir, tenía pinta de ser uno de los mejores insultos de la época, algo antológico, y nos apresuramos a acercarnos a su lugar para escucharlo atentos, el no va más de los insultos – ¡Numero 7! eres una mala persona – Y nos quedamos con un chasco morrocotudo: ¿mala persona?. Pobre número 7. Nos mirábamos entre nosotros y decíamos !Qué rara que es la gente¡

Santa Puta
Santa Puta
Advertisements

Mundial 82

Mundial82
Oviedo ye Mundial

Mi hermano me presentó un día en el portal a su nuevo amigo, un chiquillo rubio que se llamaba Jorge. Estaba apoyado sobre la pared del portal balanceando su pierna derecha por fuera del escalón de entrada. ¡Hola! -me dijo- y mi hermano añadió: – ¡Le gustan “La guerra de las galaxias” y “Cristal oscuro“! – Y ahí me empezó a interesar este chaval, aunque era un poco más joven que yo, no importaba, era interesante. Por desgracia no le dejaban salir a la calle tanto como a nosotros, y su madre debía inquirir un poco qué clase de compañía éramos antes de permitirlo, así que en principio seguí a la búsqueda de alguien de mi edad.

Mientras la madre de Jorge nos investigaba a través del trabajo de mi padre, la escuela, la parroquia… yo permanecía taciturno. Mi padre pensó que se me pasaría con la llegada del Mundial de fùtbol, y ahí me llevó a ver un partido oficial esperando que me emocionara, pero resultó un tostón, Austria contra Chile. nada que ver con Evasión o Victoria. Y es que en Oviedo jugaban los peores, además de esos dos estaba Argelia en el grupo, mientras Alemania, la cuarta, jugaba en Gijón. Enseguida perdí cualquier interés por el mundial, por mucho que nos lo metieran en monedas, anuncios y dibujos animados. La mascota era lamentable, se llamaba Naranjito y no había quién se lo tragara. A España para más Inri la eliminaron pronto. Una cosa quedaba clara: el fùtbol no era lo mío.

Evasión o evasión

Old football
Un partido superimportante

Empieza el partido. En las gradas estaban mi madre y un montón de gente animando. Los monstruos peludos del equipo contrario agarran el balón, arrasan por donde pasan y me tiran un trallazo monumental que me golpea en la barriga y me tira al suelo. Me quedo tendido unos instantes, muy en mi papel, hablando en susurro – estoy bien, estoy bien – y me levanto y alzo la mano como diciendo que no pasa nada. El público me anima, y me crezco. Y otro ataque, esta vez el peludo se acerca peligrosamente, salgo a por él y entonces hace como que va a chutar muy muy fuerte y yo reacciono cerrando los ojos y cubriéndome la cara, pero en realidad el muy ladino tiró muy flojito y me pasó el balón por debajo de la pierna que había levantado en postura defensiva. Fue el primer gol, la gente se meaba de risa. Mis compañeros me vinieron a echar la bronca – ¿pero se puede saber qué haces? ¡Qué vergüenza! – Por suerte nosotros teníamos a un tal José que era muy bueno y que empató el partido, aún podíamos vencer. En el siguiente ataque ya no tuve miedo, la vergüenza pudo con el sentimiento de temor, y paré el balón, las gradas se caían, ¡aplausos y coros! Lo menos estaban 20 o 30 personas animando.

Me metieron 5 goles en total, nosotros metimos 5 también, y nos ganaron en la prórroga. Yo estaba tonteando con la chica que hacía de Leia más frecuentemente en nuestros juegos, que se llamaba Lucía, y que estaba en la grada cerca de la portería, y un contrario que me vió distraído metió el gol desde lejos. El jefe de nuestro equipo que era el hermano mayor de Gerardo me zarandeó por los aires y me dijo que nunca más volvería a jugar con ellos, por payaso, y aunque no fue cierto del todo, porque las camisetas del equipo las había conseguido yo, y seguía teniendo derechos para jugar, lo cierto es que ya no disfruté más practicando el fútbol. La copa, que habíamos pagado todos a 25 pesetas cada uno, se perdió por mi culpa.

La soledad del portero

Un partido de cine

Soccer
Fútbol star

Jamás nadie adivinaría después de esta película en qué lío me metí. Me hice portero de un equipo de fútbol alevín, “Constructora Principado” se llamaba. Nada que envidiar al Sylvester Stallone de “Evasión o Victoria“, os lo aseguro. Convencí a mis amigos para ir a pedir unas camisetas en las oficinas de la empresa constructora, y yo mismo se las pedí a un señor en un despacho, y nos las dio, en un par de semanas estaban. Todos mis amigos me daban palmaditas: ya teníamos equipo. Mis padres, que tantos problemas tenían para comprarme los muñecos de la guerra de las galaxias con los que seguía obsesionado, y que siempre me respondían: “Si yo fuera rico, dubi dubi dubi dubi dubi dubi dubi da!” no tuvieron ninguna objeción en comprarme un traje de portero, con coderas acolchadas, rodilleras, guantes rasposos… La camiseta era roja tirando a granate, y el pantalón corto negro. Iba a entrenar y me imaginaba que eran los nazis los que tiraban, y no se me daba nada mal, tengo que decir, tenía buenos reflejos. Y entonces jugamos un campeonato contra unos chicos de otro bloque que vestían de verde, La Campa, creo recordar. Cuando los vi sentí miedo. Eran mucho más grandes que nosotros y lo que era aún peor, tenían pelos en las piernas y una pinta horrorosa de brutos. Antes del partido cogí a Manolo y salimos a la parte de atrás de la urbanización a mirar al horizonte, en donde estaba una luna de día, mas bien tímida, imitando al momento en que Luke mira los soles de Tatooine ponerse en “La guerra de las galaxias”, y dije – vamos, tenemos que ganar, podemos hacerlo – peliculero a más no poder – que la fuerza nos acompañe.

Tatooine dawn

Evasión o Victoria

Victory
Héroes y fútbol

Volví a Manolo, que era un tipo como más interesante, con ideas propias, y como le gustaba mucho el fútbol, me empecé a interesar también: nos hicimos del Real Oviedo. Mi padre, por una vez en su vida, se alegró de este cambio y me llevó a ver un partido al estadio Carlos Tartiere. Estábamos en segunda división y ni me acuerdo contra quién jugábamos. Me pasé todo el encuentro correteando de un lado para otro, jugando con otros niños que había por allí y escapando del olor de los puros, ya que todo el mundo fumaba muchísimo. En un momento concreto que paré un poco vi que metían un gol y grité ¡¡Golll!! y miré a mi padre, que me miraba con cierta vergüenza – ese no es el Oviedo hijo – era un gol del equipo contrario. Me dijo que nunca más me volvería a llevar, pero no fue verdad, porque me siguió llevando en alguna que otra ocasión.
Con Manolo fui a ver “Evasión o Victoria“. Lo que me faltaba. Ahí están los nazis de nuevo, esta vez con fútbol de por medio y dirigidos por John Huston. El asunto está en que quieren organizar un partido los soldados alemanes, que se creen los mejores, contra algunos prisioneros que eran profesionales del fútbol antes de la guerra, ingleses sobre todo. Se va montando el equipo, pero los prisioneros deciden que no van a jugar, sino que van a utilizar el partido para escaparse, lo normal. Pero para escaparse necesitan a uno que no era futbolista, que es Sylvester Stallone, y para colarlo deciden ponerlo de portero, y al portero que estaba previsto le rompen el brazo a lo bestia – ¡qué dolor! – y asi lo sustituye. Pues allá van, empieza el partido. No es ninguna broma, porque entre los jugadores están Ardiles, Bobby Moore, está Pelé… Y el árbitro es malísimo y pita todo a favor de los nazis – ¡¡¡este partido está amañado!!! – Y llega el descanso. Les han dado por saco, patadas, tortas, y van perdiendo. ¡¡¡Qué rabia, malditos nazis!!! Y se tienen que escapar pero deciden que no pueden dejar el partido así, que tienen que volver en la segunda parte y demostrar a esos malnacidos quienes son ellos, y en vez de escaparse, vuelven al estadio y les meten un baile a los tíos que ni se enteran de la fiesta. El público que llena las gradas enloquece, todo el mundo apoya a los prisioneros y entonces penalty, el árbitro pita un penalty que nunca existió, descaradamente favoreciendo a los alemanes. En la portería hay que recordar que no está el portero, sino que está Sylvester Stallone. Minutos de tensión, intriga, emoción… Chuta el más taimado de los futbolistas germanos… y  ¡¡¡Señoras y señores!!! –  ¡¡¡lo para!!!! – Para el penalty con una palomita malabar espectacular – ¡¡¡es la debacle!!! – Se acaba el partido y todo el estadio salta al terreno de juego y toma en hombros a los jugadores que con el tumulto consiguen escapar tal como era el objetivo del plan. Al final en los créditos salen las fotos con los nombres de cada jugador y los espectadores nos quedamos para aplaudir, sobre todo a Pelé. También cuentan que la historia está inspirada en hechos reales, en un partido real llamado “El Partido de la Muerte“, que se jugó en 1942, y que para desgracia de los auténticos jugadores no acabó tan bien como el de la película.

Y el mismísimo Dr Ming està en el reparto junto a un tal Michael Caine

El auténtico partido de la muerte
El auténtico partido de la muerte