Monthly Archives: December 2014

Los Goonies

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Goonie forever

Otra película para la que Jorge no me esperó fue “Los Goonies“. Cuando llegué a España ya sólo la echaban en los minicines, que era el lugar al que quedaban las películas relegadas después de las semanas productivas de más público. Yo me resistía a ir a verla solo, y además únicamente me quedaban unas pesetas para el resto del mes, aún largo. Mejor esperar. Pero caminando una tarde cuesta abajo en dirección a casa de mi abuela, me paré en el escaparate de Bazar Oviedo y vi que el dependiente había descolgado el Halcón Milenario. Entré a ver y lo estaba abriendo para un señor que estaba con su hijo pequeño, que en realidad quería un avión teledirigido, pero que era mucho más caro. Se lo compró y me quedé sin Halcón Milenario. Y encima se lo había llevado un mocoso que ni siquiera sabía nada de Star Wars, qué frustración. Tristeza humana. Desolación. Volví a subir la cuesta y me compré una entrada para “Los Goonies” con el último dinero que me quedaba. Al fin y al cabo estaba presentada por Steven Spielberg. Fue una decisión acertada, porque la película me gustó muchísimo.

La disfruté inmerso profundamente en toda la aventura, en la que me identificaba, por supuesto. Unos hermanos que se tienen que mudar por falta de dinero familiar y van a perder a sus amigos y vecinos. Un pueblo en la costa un poco aburrido y un grupo de amigos muy peculiares, un gordito, un oriental inventor, la chica guapa… De repente encuentran un mapa del tesoro en el desván y se ponen a la búsqueda del tesoro del pirata Willy el tuerto. Hay unos malos, los hermanos Fratelli, casi como nuestros vecinos los naranjitos del 4C, que los persiguen bajo el mando de la malvada madre, la estupenda actriz Anne Ramsay. Encuentran esqueletos en el camino (como el de Chester Copperpot), trampas mortales que salvan con pericia y un poco de suerte y, finalmente, encuentran el barco en una gran cueva, tal cual, y el tesoro dentro, con lo que se salvaba la situación económica de la familia. Y para cerrar Cyndi Lauper canta la canción de Los Goonies. Salí exultante de la sala y fui para casa por una calle distinta de la de Bazar Oviedo, que no volvería a pisar en meses. Y decidí quedarme para mí solo esta película, no le contaría a nadie que la había visto ni la discutiría con Jorge, al fin y al cabo tardaríamos en vernos el tiempo de las vacaciones de un verano. Era un asunto íntimo que me iba a guardar en el corazón, porque desde ese mismo momento yo era un Goonie.

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Trás el corazón Verde

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Kathleen Turner, hija, qué pernacas

Igual que yo me adelantaba a ver algunas películas antes que Jorge, porque me pasaba seis semanas del verano en Inglaterra con las becas, Jorge no me esperaba para ver otros estrenos que quedaban encabalgados entre los períodos de viaje, y así al llegar me tuvo que contar “Tras el corazón verde“, que ya habían dejado de echarla en las salas. Era una película al puro estilo Indiana Jones pero la protagonista femenina tenía un poco más de carácter e intención sensual, y el masculino un poco menos de ambos que Indiana, pero por lo demás al mismo tono, una copia vil y descarada dirigida por Robert Zemeckis. El héroe quizás hubiera tenido más appeal si Stallone o Christopher Reeve no hubieran rechazado el papel, pero lo cogió Michael Douglas. En Inglés original el título era radicalmente diferente: “Romancing the Stone“, y en principio tenía un guión que había sido escrito por una camarera de Malibú, Diane Thomas, antes del estreno de Indiana Jones, así que en realidad no era un plagio aunque lo pareciera. La pobre guionista falleció en un accidente después del estreno. Despertaba cierto interés especial, porque a Jorge le había encantado la señora Kathleen Turner, la protagonista, un encanto de mujer y una actriz radiante. La canción de la película era de Eddy Grant. Pese a los malos pronósticos de los estudios, el filme fué un gran éxito que ayudó a a su director a seguir dirigiendo ambiciosos proyectos, aunque no la segunda parte, “La joya del Nilo“, que ya estaba por entonces en curso, anunciada a bombo y platillo, y claro, yo necesitaba actualizarme de la primera antes de ver la segunda.

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Los Oscars son injustos

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Amplio pecho, Culo estrecho

Por primera vez vimos los Òscar en la televisión en un resumen que echaban de día, porque el directo desde el Dorothy Chandler Pavilion era de madrugada. Esperábamos ilusionados que llegase el Óscar más importante. Con los dedos cruzados apostábamos por “El secreto de la pirámide” para que ganase el Òscar a los mejores efectos visuales, estaba cantado, eran los mejores. Eran originales, estaban bien hechos, eran novedosos e incluso un punto revolucionarios. Otras dos películas estaban nominadas. “Cocoon“, que era una película de viejos, tierna, pero sin muchos misterios, y “Oz un mundo fantástico“, que era un intento de resucitar a Dorothy y al mago de Oz que no funcionó muy bien, nadie la fue a ver. “El Secreto de la Pirámide” tenía que ser. Y de repente lo gana “Cocoon” y nos quedamos como bobos mirando la tele con aire de perplejidad. Fue nuestra primera gran decepción de los Òscar. Claro, los académicos que votan tienen una edad media de anciano bíblico y prefieren votar a sus entrañables amigos antes que reconocer los cambios y el progreso. Aunque era del mismo director de Splash, Ron Howard, no le perdonamos el robo. La historia va de marcianos que rejuvenecen a viejos matusalénicos, y claro, era demasiado empático para los votantes.

Las injusticias no eran nuevas, que le pregunten a Hitchcock, Kubrick, Greta Garbo, la Monroe o a Glenn Ford. Ni siquiera ganó Ciudadano Kane en su año. ¿Rocky mejor que “Taxi Driver” en el 76?John Williams no había ganado por la música de Supermán, y Grease sólo tuvo una canción nominada en el 79 que no ganó tampoco. Tremendas Injusticias, nosotros sólo estábamos empezando a conocerlas.

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Los Cazafantasmas

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Hay demasiados fantasmas

Jorge era un afortunado que se compraba las Bandas Sonoras de las películas y los discos que le daba la gana. Yo me contentaba con que a veces me grabara una cinta de cassette con una selección de temas, pero no tan a menudo como yo hubiera querido, porque el proceso era laborioso: Poner el disco, la cinta, darle al “record” justo cuando empieza la canción, escucharla entera y pararla justo al final. Luego cambiar de disco y volver a empezar hasta completar los 60 o 90 minutos de la cinta. Daba mucho trabajo. Yo necesitaba un tocadiscos pero no había manera. De todas formas seguía queriendo el vídeo antes que el aparato de música, y tampoco llegaba. Ahora que mi madre tenía un hijo más, que no nació niña como ella quería, sino varón, como todos, no había dinero ni humor para caprichos.

No sé si por eso o por qué, los ánimos estaban caldeados por casa y mi paternal Darth Vader tuvo un ataque de filantropía y nos llevó a todos al cine, y él también vino – ¡oh novedad! – después de tantos años vendría al cine con nosotros. Jamás imaginaríais la película que eligió: “Los Cazafantasmas“. Probablemente se dejó llevar por la publicidad tan extendida y machacona; y porque también tenía una canción pegadiza que sonaba a todas horas por todos lados. La historia es entretenida y mezcla fantasmas con humor, una comedia del más allá paranormal, sin pretensiones ni nada más que ofrecer que entretenimiento contando con la protagonista de “Alien” entre el reparto, Sigourney Weaver. Sin embargo fué un enorme éxito mundial y se hizo una secuela, lo que hasta a mi padre le pareció incomprensible.

La influencia del filme no nos poseyó como en otras películas, afectó poco a nuestro comportamiento tan permeable. Apenas llegamos a jugar con el aspirador por la casa buscando fantasmas y atrapando cortinas por un par de días. En el acto domiciliario de limpieza ectoplásmica descubrimos que los pelos de mi hermanito pequeño se rizaban muy graciosamente cuando le aspirábamos la cabeza, pero como tenía una piel muy sensible le quedaban rosetones y mi madre entró en cólera y nos quitó la diversión. Pobrecito mi hermanito. Luego se convertiría en mi hermano favorito a pesar de los experimentos.

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Enemigo Mío

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Interespecies

En esos mismos estudios alemanes de “La historia Interminable“, los estudios Bavaria, se había rodado otra curiosa película, “Enemigo mío“, del mismo director, Wolfgang Petersen, con Dennis Quaid involucrado en una situación inusual, atrapado como un náufrago en un planeta desolado y perdido junto con un extraterrestre enemigo. El planeta se llama Fyrine IV, un nombre como cualquier otro. La historia va sobre un entendimiento obligado entre dos razas que se odian. Ambos aprenden a conocerse y a aceptarse y se produce un percance inesperado, porque el marciano se queda embarazado y tiene un hijo. Dos hombres juntos con un hijo muchísimo antes del orgullo gay, qué escándalo. Resulta que los Dracs, que es la raza a la que pertenece el marciano, son partenogénicos y se pueden quedar embarazados sin practicar sexo, y entonces Dennis Quaid tiene que cuidar del hijo, porque el otro se muere en el parto, ¡menuda papeleta!. Y el niño es muy feo el pobre, es que son medio lagartos los de su especie, pero poco a poco Dennis Quaid aprende a ser tolerante y respetuoso y comprende el contexto de los Dracs en relación a los humanos, y decide ser noble y justo en contra de las reglas que imperan. O sea que eran enemigos porque les habían enseñado a serlo, pero se tuvieron que aliar porque no les quedó otro remedio y finalmente se hicieron amigos, incluso hermanos, porque tuvieron el valor necesario para enfrentarse a las normas establecidas. Qué bonita historia. Con todo lo cursi que pueda parecer nos gustó mucho. El filme sin embargo no gustó a casi nadie más y fué un fracaso en taquilla.

La Historia Interminable

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Libro y película

Poco después vimos otra película basada en un libro que sí que habíamos leído. Yo en concreto me había leído “La historia interminable” de Michael Ende tres veces, y estaba impaciente por ver la película. Impacientísimo. En mi cabeza estaban definidos perfectamente la forma del dragón Fújur y el aspecto de Bastián (con el que me identificaba), de Atreyu, de la emperatriz Infantil y de todas las criaturas que desfilan por las páginas multicolores del libro. La nada que invade como un cáncer imparable el mundo de Fantasia era como si de repente miraras y no hubiera nada, y yo me preguntaba cómo la iban a hacer en pantalla. Era la primera vez en mi vida que iba a ver una película basada en un libro después de que yo hubiera leído el libro, estaba excitadísimo. Y me defraudó. Con el tiempo la película me llegó a gustar y le cogí cierto afecto, pero en aquel primer momento el dragón no era como yo quería, ni la nada, ni la emperatriz, ni Bastián, qué desilusión. Leí el libro otra vez para recuperar en mi cabeza las imágenes originales de mi imaginación, pero ya estaban contaminadas para siempre por culpa de la película. Hay que tener cuidado con las influencias, porque como quien no quiere la cosa pueden terminar por ser muy fastidiosas y hasta acabar con uno, ya lo decía Oscar Wilde. Pasados los años tuve la oportunidad de visitar en Alemania los estudios Bavaria en donde se rodó, en Munich, y de sentarme sobre la maqueta de la cabeza del dragón sobre la que se había montado Bastián en la película. Cuando nadie me miraba le susurré a la maqueta todo lo que me había decepcionado. Nunca llegué a tomar pastillas, creedme, a pesar de todo.

Lo que sí que se hizo popular y sonaba por todas partes era la canción de la película, “Neverending Story“, cantada por Limahl. Jorge no tardó en comprarse el disco, fue un super hit, la cantábamos a todas horas y cada vez que sonaba subíamos el volumen de la radio.

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Dune

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El azafrán interestelar

Las películas denominadas “Serias” también participaban de la fiebre de la técnica aplicada a la pantalla, y los efectos especiales eran un gran reclamo para todas las edades. Películas que antes resultaban muy difíciles de plantear ahora ya eran posibles, y uno de esos casos fue Dune. No pudimos dejar pasar “Dune“, una película de ciencia ficción diferente, seria, que venía con etiqueta de intelectual, pero que inesperadamente no tuvo éxito, aunque nosotros no entendíamos por qué, ya que nos dejó muy gratamente impresionados. De hecho estábamos sorprendidos – ¿cómo este pedazo de película tan increíble e imaginativa no tenía éxito? –  No sabíamos que provenía de una novela famosa de un tal Frank Herbert, la cual no habíamos leído, y que muchos de los lectores se sentían defraudados. Nosotros desde luego no. Había existido un intento de hacer Dune en los 70 contando con Orson Welles, Salvador Dalí, H.R. Giger, Pink Floyd, Moebius, bajo el mando de Alejandro Jodorowsky, pero se había quedado archivado. Los Laurentiis convencieron en los 80 a la Universal y la hicieron al fin contando con David Lynch, que dirigía su tercer filme, el primero en color, y con actores como Silvana Mangano, Kyle McLachlan, Max Von Sydow, José Ferrer y Sting, un reparto selecto y excepcional. Al parecer el tío hizo 8 horas de película, y se endafó mucho cuando los grandes productores la dejaron recortada en 137 minutos. Hoy en día hubieran hecho encantados una trilogía o dos.

La historia narra el enfrentamiento en el año 10191 entre las familias Harkonnen y Atreides, que luchan por explotar el planeta Arrakis (Dune), que es en donde está la especia melange, una potente droga que alarga la vida y expande la mente y que además es necesaria para los viajes espaciales. La trama es fascinante, un punto shakespeariana, y cuando salen los gusanos de arena gigantescos, que eran el origen de la especia, nos quedamos boquiabiertos en la butaca, alucinados ante tal imaginación desbordante.

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Hollywood nos enseñó a besar

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El beso es ¿Arte? ¿Instinto? ¿Deseo? ¿Nace o se hace?

Salen besos en casi todos los filmes. Nos preguntábamos por qué casi todas las películas tienen beso y baile, y no hay respuesta. Es así porque es así, porque es lo que le gusta a la gente y lo que siempre ha funcionado, desde el cine mudo, incluso en los dibujos animados: Hollywood nos enseñó a besar.

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Imagen513                                                                                                                  14 ¡¡¡Bésame!!!!

 

Greystoke

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No había agua pa lavarse

En algún momento empezamos a ver películas serias, de esas que nominaban a los Oscars, y no sólo por los efectos especiales, que seguía siendo para nuestra panda el Oscar más importante. Ese año no vimos “Amadeus“, que fue la que más premios ganó, mostrando una visión de un Mozart genio y bufón mientras Salieri estaba henchido de envidia. Pero vimos “Greystoke, la leyenda de Tarzán” contada en verídico, que no estuvo mal. Conocíamos al Tarzán de Johnny Weissmuller por las emisiones en televisión, a su esposa Jane, al hijo Boy, a la mona Chita, pero la historia real, lo que ocurrió en verdad, sufrido en carnes, era la novedad que narraba este filme del director de “Carros de Fuego“, Hugh Hudson. Tarzán es ficción pura, pero rodada así nos parecía que no. La vimos un sábado por la tarde en el cine Principado y a la salida ya queríamos montar una caseta sobre un árbol en el parque de San Francisco. Como siempre muchos planes pero luego nada.

De los árboles al océano, en el Real Cinema vimos a la sirena estupenda de “1,2,3… Splash“, con Tom Hanks y Daryl Hannah, muy divertida y original. Era la tercera película de Ron Howard y trataba en tono de comedia romántica el cuento de la sirenita de Andersen pero situado en la Nueva York actual. Ya cuando la vimos Jorge comentaba que ese joven actor, Hanks, se iba a hacer importante, fíjate tú qué ojo tenía ya el muchacho. El papel había sido rechazado por John Travolta, Bill Murray y Dudley Moore, y lanzó a la fama a sus protagonistas y a nosotros a las comedias románticas, porque nadie puede negar que Hollywood enseña a besar.

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Thriller

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Michael, no sé qué pensar

Otro de los pocos programas de televisión musicales que ponía vídeos con cierta frecuencia era “Tocata“, y gracias a él pudimos al fin ver el videoclip de Michael Jackson, el famoso Thriller. La expectación era muy intensa. Nos juntamos en casa de Jorge y nos sentamos, no en el sofá, sino en el suelo, enfrente mismo de la televisión, para no perdernos detalle. Con tensión esperábamos el momento y enmudecimos ante la pantalla cuando empezó: 14 minutos de videoclip. Era terrorífico y a la vez musical, era una película siendo una canción, la coreografía con los zombis tan bien caracterizados nos dejó anonadados y la transformación era, para aquella época, terrorífica, porque la dirección del clip musical la llevaba el mismo que había hecho “Un Hombre Lobo Americano en Londres“, John Landis. Hasta sentí miedo aquella noche. Cuando en el camino de vuelta a mi casa, de la escalera C a la escalera B, se apagó la luz, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo – ¡Uf! – Ipsofacto nos hicimos fans de Michael Jackson. Sin embargo, y al contrario que con Alaska, que hasta que la muerte nos separe, nos fuimos desencantando con Michael y a los pocos años lo quitamos de la lista, sobre todo después de ver en los cines Brooklyn la película “Moonwalker“, que fue un tostón y de la que no nos creímos nada. Era un filme de autopromoción descarada. Pero eso no quita que el vídeo de Thriller sea uno de los mejores de la historia y que los bailes de zombies sigan siendo un referente pese a los años.

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