Monthly Archives: January 2015

El aparato de Vídeo

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Y ahora es una pieza de museo

Los aparatos de video se fueron volviendo más asequibles tan sólo unos años después de que salieran al mercado, todo el mundo empezaba a tener uno. Las palabras premonitorias de José Ramón, el cuñado de Jorge, no se cumplieron: “El Betamax es el futuro sin duda, porque ofrece la mejor calidad de imagen a un precio adecuado. ¿En qué mundo cabe que el VHS tenga más éxito?” Pues en este mundo, tan práctico, el VHS tuvo más éxito y en los videoclubs escaseaban las cintas betamax, pero había casetes VHS de todos los títulos. En casa, mi padre, en un ataque de bondad ajeno del todo al lado oscuro, nos compró un video VHS JVC que costó 69000 pesetas en el Pryca, que era un centro comercial situado en las afueras ¡Antes que Jorge y que Víctor teníamos video en casa! ¡Qué estupendo! Enseguida programé ciclos de películas e hice a mi madre socia de todos los videoclubs que hicieran falta, sólo tuve que tomar prestado su carnet de identidad. Además grabábamos películas de televisión, y los capítulos de series que no podíamos o no nos dejaban ver, todo el día para aquí y para allá con las cintas vírgenes.

Una de las primera películas que grabé fué “Supermán“, y me encantaba poner la tele a todo volumen con la música. Un día cuando la fui a poner me encontré a Jane Wyman en lugar de a Christopher Reeve. Efectivamente, mi madre había grabado Falcon Crest sobre el hombre de acero. Este incidente tan grave originó dos consecuencias: la primera establecer normas de uso y cada uno con sus propias cintas vírgenes, y si los padres no saben cómo se usa que pregunten a los hijos. La segunda consecuencia es que me enganché a Falcon Crest y a Angela Channing y grabábamos casi todos los capítulos.

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Los premios Polín

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La mejor actriz del año con diferencia

Para paliar la tremenda injusticia de los Óscars, indignadísimos que estábamos, hicimos una rueda de prensa (entre nosotros) y creamos los premios de cine Polín, con nuestras propias categorías que incluían las de los Òscar, por supuesto, pero alguna más de propia cosecha, como la de mejor escena, mayor carcajada (golpe de efecto), mejor susto en pantalla… y nosotros éramos los académicos. Las votaciones se efectuaban en Navidad, al final del año. Repartíamos las películas entre los académicos, exclusivamente nosotros cuatro, y cada uno se convertía en productor o representante de cada película que le hubiera tocado en riguroso sorteo, que luego siempre nos las cambiábamos para tener las que nos gustasen más, y entonces votábamos en cada categoría, 3, 2 y un punto, e intentábamos convencer a los otros para votarnos. El premio Polín era una media cuartilla de papel con un dibujo alusivo y la mención honorífica por el premio concedido. Así que el premio Polín que le concedimos merecidamente a Whoopi Goldberg, por ejemplo, era un papel quemado por los bordes, como el de los mapas del tesoro de “Los Goonies“, con un texto escrito en color púrpura plastidecor que anunciaba el galardón a la mejor actriz para la inigualable protagonista de “El color Púrpura“. Para la entrega de galardones hacíamos una fiesta que fue evolucionando para acabar por celebrarse en las Nocheviejas, para empezar el año con sensación de venganza, ya que así aliviábamos los desaguisados que se habían producido, y que año tras año se producían, pero nunca tanto como aquel 85, y de paso añadíamos otras películas estupendas que nunca eran nominadas y películas de otros países siempre desconsideradas.

Llegó a venir gente a nuestros premios Polín, que se hicieron populares, y es que nos lo pasábamos genial haciendo las caras forzadas de derrota de los nominados no premiados, haciendo números patéticos de baile, un claquet bajo la lluvia, chistes malísimos previos a abrir el sobre, cartas de agradecimiento ininteligibles, cantando al estilo cordero degollado y peleándonos por el premio en el patio de butacas del ático de los padres de Víctor, que era su sofá repleto de almohadas. En definitiva, and the winner is… El Color Púrpura.

58th Óscars

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¡Vaya 5 nominados!… ¿Y Spielberg?

El año 85 fue el primer año en el que nos interesamos activamente por los premios Óscar. Apostábamos por un justo reparto de estatuillas, estábamos todos muy equivocados. No contábamos con las injusticias del mundo. Las nominaciones fueron una sorpresa en parte. Nosotros tan contentos con las 11 nominaciones del Color púrpura, que aún así nos parecían pocas – ¡¡seguro que se las lleva todas!! – pero es que las memorias de África también tenían 11. Único testigo iba a la zaga con 8, empatado con El Honor de los Prizzi, dirigida por John Huston y que no habíamos visto, y después estaban Regreso al Futuro, El beso de la Mujer Araña y Ran de Akira Kurosawa. Ésta última había que decirla así, con el nombre del director, porque era un japonés muy importante que no conocía nadie – ¿Qué película has ido a ver? – Ran de Akira Kurosawa – No valía con decir sólo Ran, y así uno parecía más listo. Y asombrosamente Steven Spielberg que lo conocía todo el mundo hasta en Japón no estaba entre los directores nominados, ¿Qué injusticia era esa?

El día de los Òscar nos juntamos para ver el resumen tras pactar que no escucharíamos ni la radio ni nada, para no conocer los resultados antes de verlos, que los Òscar se hacen en Los Ángeles cuando en España es muy de madrugada. Hicimos bowls gigantescos de palomitas y dejamos la cocina patas arriba oliendo a maíz rustido, porque no existían los hornos micro-ondas; daba igual, y allí nos pusimos a ver nuestros primeros Òscar completos y con quiniela. La primera en la frente, los efectos especiales no fueron para los mejores de “El Secreto de la Pirámide“, sino para la ñoñería de “Cocoon“. Ese fue sólo el primero. Uno detrás de otro, decepción tras decepción, la película “Memorias de África“, tan cursi y flácida, se fue llevando todos los premios y el Color púrpura no se llevó ni uno, ni Spielberg ni Whoopi Goldberg. ¡¡¡ Qué injusticia intolerable!!! Fue para esa mediocre colonialista rancia de “Out of Africa” ¡¡¡qué panda de cretinos académicos!!! ¡¡¡qué manada de ciegos hijos de muchos padres!!! (este insulto viene del fútbol) – ¡Pero mira cómo habéis puesto la cocina! – exclama una madre. Estábamos indignadísimos, tanto que a partir de entonces ideamos nuestros propios premios cinematográficos, todo ello mientras rascábamos la sartén y limpiábamos las señales de aceite y palomitas en la cocina área zero.

El presentador era un joven Robin Williams…

Jo, ¡qué noche!

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La noche tiene sus peligros

Estrenaban una película de un director muy aclamado por la crítica que tenía unas cuantas obras maestras a sus espaldas, y del que todavía no había visto nada, se llamaba Martin Scorsese. Le habían puesto un título chocante por espantoso, quizás querían engañar al público, no sé a quién se le ocurrió semejante título: “Jo, ¡qué Noche!”, que en realidad se llamaba After Hours.  La peli de Scorsese estaba muy pero que muy bien, yo estaba seguro de que sería una firme competencia de Spielberg en los Òscar de 1985, pero sin embargo no tuvo nada de éxito y además, no sé por qué, entraba en los premios del 86, que tampoco ganó ninguno, excepto un premio en Cannes. Decían que estaba maldita porque la habían estrenado un viernes 13, y puede ser, porque ni público ni nominaciones ni nada, fué un desastre y cayó en el olvido total. De hecho la pasaron enseguida a los minicines y la tuve que ir a ver un Domingo por la tarde con Diego, que ya empezaba a disfrutar de cierta libertad condicional concedida por su padre y se apuntaba a un bombardeo o lo que fuese después de su prolongado encierro debido a aquel asunto con la policía, porque ésta ni siquiera Jorge quería verla.

Las críticas fueron tibias, y el público no asistía a las salas pese al llamativo título castellano. Quizás las novedosas técnicas de rodaje de Scorsese, que reconoció en algún momento que parodiaba el estilo de Hitchcock, y este señor es intocable para los eruditos y pseudoanalistas, no fueron bien vistas. Excepto en Cannes, no se valoraron los progresistas experimentos de Scorsese, que se lo curró bien. Hasta un poco de Kafka metió el tío en el guión. Los actores no se salvaron de los intríngulis y por ejemplo Griffin Dune protagonizó uno de los más famosos “end slating” de la historia del cine. Consiste esto en que se comienza a filmar después de un período más o menos largo de acción relacionado con la escena, pero que no está en el guión. Dune se fué al bar de al lado, se puso a gritar e invitó a todo el mundo a una copa, pagaba él. Cuando todos estaban contentos y brindando, se escapa sin pagar y entra corriendo en el Club Berlín, el de la película, y justo ahí se empieza a rodar.

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Único Testigo

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Juanito Libro, enhorabuena a los guionistas

Nuestros estimados actores de La Guerra de las Galaxias estaban desaparecidos, no salían en más películas, excepto el descarado Han Solo, que salía en casi todas. El querido Han Solo, que también era nuestro querido Indiana Jones, hacía entonces de Juan Libro en “Único Testigo” y se enamoraba de quién no debía, de una Amish, que era algo de lo que nunca habíamos oído hablar. Son una tribu de gente fanática religiosa que viven una vida sencilla renunciando a todo lo moderno, en mayor o menor grado según los distintos grupos. Visten y viven como a finales del siglo XIX, y son comunidades muy cerradas. Pues una amish iba a la estación con su hijo y el chiquillo se convierte en el único testigo de un asesinato. El niño de la película, Lukas Haas, lo hacía muy bien, seguro que mejor que Miguel Bosé en “El Caballero del Dragón“, y claro, pensábamos que nosotros podríamos hacerlo igual de bien o mejor, pero que viviendo en Oviedo a ver quién nos iba a descubrir. Si al menos viviéramos en Los Angeles… O en Nueva York, donde todo el mundo sabe que todos los días se descubren a niños que se hacen actores internacionalmente famosos… Sería algo así como: – ¡Hola, me llamo Steven Spielberg y te he visto cruzando la carretera y he pensado que harías fenomenalmente el papel de Elliot en E.T.2! – o quizás: – ¡Hola, me llamo Harrison Ford y me preguntaba si te gustaría ser el niño de mi próxima película!

Desgraciadamente eso nunca ocurrió, sin embargo el cura de la parroquia nos sacaba a menudo en sus sermones porque decía que éramos muy graciosos y respondíamos muy bien y le dábamos público. Nos utilizaba en nuestra inocencia…grrrr. Un día nos preguntó micrófono en mano que cual era el peor pecado, y yo iba a responder que la masturbación, pero en el último momento lo cambié por si me tocaba alguna acusación y dije que el adulterio, que yo no practicaba, pero que hay mucho por el barrio, y desde entonces ya no nos volvió a sacar. Nosotros también éramos testigos. No sé por qué seguíamos yendo a misa, la verdad, pero fuimos hasta los 18 años.

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La Rosa Púrpura del Cairo

 

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Kathleen Turner, a ver si aprendes a salirte de “Fuego en el Cuerpo”, guapa

Devorábamos la cartelera. Todos los estrenos nos parecían geniales, quizás también porque lo eran, fue un buen año el 85. Vimos con sereno placer “Una Habitación con vistas“, de James Ivory, donde lo británico se confrontaba con la luminosa Italia florentina. Y de repente apareció otra peliculita que disfrutamos con entusiasmo desmedido “La rosa Púrpura del Cairo“. Era el primer Woodie Allen que veíamos en el cine, aunque ya habíamos visto en video Annie Hall, Manhattan y “Toma el dinero y corre“, y no me esperaba una película así, tan diferente, tan simple y a la vez tan mágica y encantadora. Sin casi publicidad ni tanto éxito, nos llamaba la atención cómo esta joya pasaba desapercibida, era increíble. Obviamente Woody Allen iba a pasar al altar de nuestros ídolos muy rápido.

Tiene esta historia una reflexión muy interesante, sobre el cine en nuestras vidas y sobre el cine en el cine. Una mujer gris y tímida, Mia Farrow, camarera torpe y víctima sufridora de un marido abusivo, se convierte por arte de una magia surrealista y cotidiana en una Alicia en el país de las maravillas, pero que en vez de cruzar un espejo cruza la pantalla de cine, ¡¡cómo nos hubiera encantado a nosotros hacer eso en tantas y tantas películas!! Sin embargo en el cine Brooklyn no podía ser (nos levantamos y comprobamos la pantalla como Santo Tomás, y estaba sólida, doy fe). Woody Allen había elegido para rodar en Nueva York una sala querida para él, porque en ella había pasado muchas horas de cine en su infancia, el teatro Kent de Coney island avenue en Brooklyn, como nosotros en el cine Brooklyn de Oviedo. Había un paralelismo evidente de Brooklyn a Brooklyn, infancia a infancia, que sentimos como un guiño cariñoso. Siempre nos quedará el cine sea donde sea. Al igual que en “La rosa Púrpura del Cairo“, siempre nos acompañará un “Cheek-to-Cheek“.

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El Caballero del Dragón

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Atmósferas que se oponen, hiperbonito

Entre las películas de adultos también estrenaban filmes de efectos especiales, ya he dicho, como “Brazil“, del mismo director que “Los héroes del Tiempo“, Terry Gilliam. Me asombraba la curiosa imaginación de este hombre, tan especial y visual. Esta vez proponía la historia de un oficinista gris y confortable en su mediocridad que se ve obligado a salir del sistema por perseguir un sueño de amor. En aquel momento no nos convenció, aunque las escenas oníricas nos gustaron mucho, y alguna vez jugamos a hacernos la cirugía estética con rollos de celofán, como sale en la película.

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Más nos gustó una curiosidad española, “El caballero del Dragón“, de Fernando Colomo. Ésta cuenta una historia fantástica medieval como de San Jorge y el Dragón, pero San Jorge es IX, un astronauta que no habla sino que pita, y el dragón es una nave extraterrestre. La puesta en escena y los efectos estaban muy bien hechos, a un nivel americano sin nada de que avergonzarse, firmados por el patrio Reyes Abades y el estadounidense Chuck Comisky; no en vano se gastaron una millonada y fue la pelicula española de mayor presupuesto hasta entonces. Tengo que reconocer que nos impresionó pese a que no fue ningún éxito de taquilla. Desafortunadamente la historia no tenía ritmo y era un poco floja, así que la llamada a la distribución mundial se quedó en agua de borrajas y el proyecto constituyó un rotundo fracaso. Miguel Bosé era el actor y nos preguntábamos qué suerte era ser atractivo, porque el tío no canta especialmente bien, pero triunfa cantando, y actúa con cara de palo, pero sigue siendo actor y lo siguen llamando, y es modelo y hasta Warhol le hizo un retrato, es que los hay que nacen con una flor en el culo. No obstante conste que nos gustaba un montón el amante bandido que interpretaba, que tenía un video como de Indiana Jones, pero sospechábamos que, por todo ello, quizás era un extraterrestre de verdad.

Hoy día, en pleno siglo XXI prefiero Brazil. Sin duda.

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Back to the Future

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¿Te imaginas volver a la época de tus padres cuando se conocieran?

El gran éxito de la temporada fue “Regreso al Futuro“, que arrasó en taquilla y que se convirtió en símbolo generacional. Yo tuve el honor de verla casi en el estreno, en el Real Cinema. Al parecer Robert Zemeckis tenía el guión en el bolsillo ya hacía un tiempo y nadie le tomaba cuenta al pobre hasta que tuvo un inesperado éxito con “Tras el Corazón Verde“, y entonces la pudo dirigir al fin, bajo los auspicios de Spielberg, cómo no.

Michael J Fox hace de Marty McFly y viaja en el tiempo para encontrarse con sus padres antes de que se conocieran y se las ve y se las desea para no provocar cambios que afecten al futuro, como por ejemplo que él mismo no llegue a nacer nunca. La historia es redonda, entretenida y entretejida con habilidad, progresiva y con un final estupendo, al son de la música épica de Alan Silvestri y los temas rockeros de Huey Lewis & the News y una versión magnífica de Johnny B Goode, de Chuck Berry.

¿Qué hubiera hecho yo si me encontrase en su misma situación? Nosotros no teníamos un DeLorean DMC-12, pero ahí en el garaje seguía el citroen Méhari abandonado por algún vecino que bien podría valer, que rayos caen un porrón. Al llegar a casa: – ¿Mamá, tú como conociste a Papá? – Éramos vecinos, vivíamos en la misma casa – ¿Y cómo os hicisteis novios? – en el baile de San Timoteo, en las fiestas – ¿Y si regresaseis al pasado cambiarías algo? – Y mi madre con el cuarto varón bebé en brazos chupándole la enorme teta colgante me confesó entonces que se tuvieron que casar corriendo de penalty cuando yo llevaba dos meses de vida fetal. Si yo fuera Michael J Fox y viajara al pasado… elegiría sin duda volver a nacer, o ¿quizás sería mejor que no? Uno no elige nacer nunca, esa es la verdad única. A donde vamos no necesitamos carreteras.

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Explorers

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Nosotros mismos retratados

Otro cuento cinematográfico de ese año fué “Explorers“, una peli donde un grupo de jóvenes inteligentes y soñadores como nosotros, superada ya la fase Gremlin, construyen una nave espacial que les pondrá en contacto con los extraterrestres. Nos sentimos muy retratados en este filme. Era una delicia de película con Ethan Hawke y River Phoenix, que debutaban en el cine, bajo la alargada sombra, como no, de Spielberg. La iba a dirigir el mismo de la Historia Interminable, Wolfgang Petersen, pero le acabó cayendo a Joe Dante, que venía de hacer “Gremlins” con mucho éxito. Como tantas veces pasa en Hollywood, la productora le metió prisa y el hombre no pudo hacer la película que quería, y por eso tampoco fué un éxito. Quizás también porque se estrenó al mismo tiempo que el Live Aid de Bob Geldof y Midge Ure, el famoso concierto contra la hambruna en Etiopía. Pese a la pobre taquilla, una vez más se convirtió en una película de culto, y nuevamente nosotros estábamos en el subgrupo freakie de admiradores incondicionales, porque éramos auténticos Explorers ilusionados con el espacio exterior y con el contacto con extraterrestres.

En el garaje de nuestro edificio había un coche viejo semiabandonado, un citroen Méhari naranja en el que era muy fácil meterse, porque la entrada era de plástico. Este vehículo se convirtió en nuestra nave espacial y base de los nuevos exploradores interestelares; incluso conseguimos arrancarlo una vez, pero el portero nos pilló y terminó tajante y bruscamente con nuestro viaje galáctico. Paradojas del destino, huíamos por el oscuro y polvoriento garaje del edificio mientras los extraterrestres nos esperaban impacientes en algún lugar ignoto de la inmensidad celeste, sin que nos permitiesen contactar con ellos. ¡Maldito portero!

 

 

Legend

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En las manos del diablo

No nos perdíamos ni uno solo de los estupendos filmes juveniles de los 80, tan imaginativos y fantasiosos, frescos y optimistas, y sobre todo tan cargados de efectos especiales según la evolución tecnológica progresiva.

Legend apareció entonces. Suponía el regreso de otro de nuestros ídolos que era Imagen1Ridley Scott, y que contaba con un joven Tom Cruise guardián de los Unicornios, frente a un diablo, Tim Curry, con enormes cuernos. La criatura maléfica era completamente fascinante, tanto que pasó a decorar mi carpeta en cuanto encontré una revista de donde recortarlo. El maquillaje de Darkness, que así se llamaba el diablo del cuento, es antológico y ganó todos los premios. Lo había ideado Rob Bottin, que tenía nombre de robot asturiano pequeño (robotín), y los críticos decían que aunque la película no era muy buena, sólo por ver los 20 últimos minutos con el diablo merecía mucho la pena verla. También tuvieron lío con la música, que era de Jerry Goldsmith, pero que en E.E.U.U. fué de Tangerine Dream. Se ve que el público europeo y el americano son distintos y reaccionan diferente.

El Filme era un cuento de hadas mitológico muy particular que no encontró el éxito, pero que se convirtió en film de culto para un público selecto entre el que siempre estábamos nosotros, pre-freakies de sala oscura. ¿Cómo no nos iba a encantar un cuento clásico con princesa, duendes, unicornios, héroes y demonios?