Category Archives: Erotismo

Sexy naufragio

La satisfacción de un buen naufragio
La satisfacción de un buen naufragio

Tenía que llegar y llegó, atravesamos la línea del erotismo cinéfilo para pasar al porno. Fuimos al “Star 80” y después de varios minutos de andar rondando la sección sexual con precario disimulo, nuestra madame 80 nos sugirió alquilar una novedad VHS tropicalmente refrescante. Madame 80, o lady 80, como la llamábamos, era una silenciosa admiradora de nuestra sólida aficción cinéfila. Ya nos había recomendado grandes éxitos y nos conocía bien. La llamábamos así porque nos recordaba a la lady, lady, lady de la canción de Eurovisión. Además nos encantaba el nombre elegido para el videoclub que regentaba, el título de una película de Bob Fosse sobre una playmate asesinada por su marido, ¡qué total!. Ella sabía que nos iban las películas buenas aunque fueran un poco raritas, y nos aconsejaba siempre.

Madame 80 no sólo nos permitió coger una porno sin tener la edad, sino que además nos la eligió. Merced a su experimentado y sabio consejo nos llevamos “Sexy naufragio en los mares del sur”, un título verdaderamente sugerente y trabajado. Ni lo discutimos. No era mi primera primera peli porno, porque mi padre tenía una guardada en el cajón que se titulaba “wet rear” y de vez en cuando si me quedaba solo en casa le echaba un vistazo, pero así en grupo era la primera que veíamos.

La historia nunca os la imaginaríais. Los supervivientes de un naufragio en las mares del sur llegan a una isla paradisíaca. Curiosamente hay un solo hombre y un nutrido puñado de hermosas modelos. Pero tranquilas, hay leche para todas… Jerry Butler realiza una interpretación magistral eyaculando a lechazo limpio en los rostros sonrientes de Ginger Lynn, Diva, Crystal Holland, Ashley Britton y Rene Tiffany.

Fue realmente divertido y una buena oportunidad para hablar de temas sexuales explícitos entre mofas y risas. Resultó que de los cuatro amigos del grupo dos eran gays y dos no lo eran, fifty-fifty, sin problema.

Leche pa todas
Macho 80’s: Leche pa todas
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Los diablos de Monza

Por Dios, qué cruz!
Por Dios, ¡qué cruz!

Esos conventos medievales repletos de jóvenes doncellas virginales cedidas por sus nobles familias para servir a Dios entre cuatro benditas y gruesas paredes, sin ni siquiera preguntarles si querían o no, allá iban las pobres, bien jovencitas. Anda qué no tentaciones pensarían, qué pecados escandalosos se montarían en las soledades húmedas de la piedra atea, sumisas ante un joven desnudo colgado ensangrentado…este es mi cuerpo…y sacando la lengua tomarlo…

Pues salió una película basada en hechos reales similares a los mencionados, qué morbo de santuario. La señorita era Marianna de Leyva, hija del comendador español en Milán Martín de Leyva. Trás morir su madre Virginia en 1576, su padre la envió al Monasterio Benedictino de Monza, debido a su rudo comportamiento y porque según costumbre de la época, la joven Mariana se sentía mental y socialmente incapacitada para tener parte en el testamento de su fallecida madre, por el hecho de ser mujer.

Aquí empieza la película. El joven y apuesto noble Giampaolo Osio es censurado por la hermana Leyva cuando ella le encuentra coqueteando con una doncella del convento. Despechado, y con los consejos de un cura amigo suyo, mata en duelo al administrador de Marianna e intenta seducirla. Ella se resiste – ¡No! ¡Es pecado! – pero su cuerpo bulle en deseos prohibidos – blub, blub, blub
A pesar de su resistencia inicial, la hermana sucumbe ante los embates de Giampaolo, convirtiéndose en amante y receptora de sus placenteros envites.
Cuando una hermana metomentodo amenaza con revelarlo, es asesinada por Giampaolo… pero los rumores llegan a oídos del cardenal Borromeo: la ha liado parda.

La peli es una serie B que promete más que confirma, pero en su momento tuvo la capacidad de sublevar los pro-esteroides endógenos de éste que escribe, y mantener la sublevación por algunos días y muchas noches. La historia fue novelada por Alessandro Manzoni en su obra más importante: Los Novios,  que es aceptada como el primer exponente de la novela italiana moderna y con la Divina comedia de Dante Alighieri es considerada la obra de literatura italiana más importante y estudiada en las escuelas italianas. ¡Necesita un Re-make ya!

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La ley del deseo

Qué bueno el poster
Qué bueno el poster

Tanto “Amor y Pasión” “En Penumbra” con “Fuego en el Cuerpo“, al final se impuso “La ley del Deseo“, lo que le faltaba al corral. Era nuestro bautismo de Almodóvar, y a partir de entonces ya no nos perdimos nunca ninguna de sus películas, incluso asistíamos ávidos a los estrenos. Comenzaba el despegue del cine español, que hasta entonces había sido incapaz de salir de su narrativa casposa y pedante dependiente de subvenciones, por mucho que a Garci le hubiera tocado un Òscar por “Volver a empezar“.

Hasta la llegada de Almodóvar el cine español agonizaba enmohecido, no tenía puertas para afuera, desde Buñuel, salvo muy contadas excepciones y cineastas que no acabaron de cuajar. Almodóvar era fresco, era libre, te sorprendía pero a la vez era cotidiano, espontáneo, fluido, y era muy divertido.

La originalidad de Almodóvar es genuina y guarda una erudita complejidad bajo la aparente superficialidad. Frecuentemente sus múltiples detalles son más importantes que los hechos: Los cuerpos se filman como si fueran territorios. La ropa, los vestidos, son parte esencial de la historia: ese vestido con una cremallera a corazón abierto de Carmen Maura cuando pide “¡Riégueme!”, y que luego se abre entre las piernas. El proceso de desvestirse, quitar los pantalones, desabrochar la camisa, se convierten en ceremonias entretejidas con el hilo argumental. En la huida de Eusebio Poncela la carretera aparece reflejada en sus gafas de sol y, al quitárselas, sus ojos se convierten en las llantas del coche mostrando el movimiento.

“La ley del deseo” manda a un muchacho que se restriegue el paquete en un espejo en esa secuencia inicial en la que vemos al actor obteniendo instrucciones para ejecutar una escena erótica. El chico se sienta en la cama para recibir las órdenes del director, una voz presente y ansiosa que lo hace desnudarse, masturbarse y pedir que lo folle. La voz que autoritaria conmina a la pasión y que resulta ser tan sólo una ilusión.

Nos pareció fantástica, y claro, tanta película con homosexualidad, al final tuvo que ocurrir, sobre todo nosotros que vivíamos las películas con intensidad y sacábamos para casa el cine de las salas. Y teníamos un gay infiltrado… Lo cuento en el post siguiente.

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Amor y Pasión

Un Tinto de verano
Un Tinto de verano

Me gustaría recordar que en aquellos tiempos no existía el internet, y que el acceso al porno era complicado y acarreaba muchos riesgos en una ciudad tan conservadora como la nuestra. Podías acabar prisionero en una dirección espiritual del Opus Dei. Ver tetas, culos y coitos no era nada fácil, pero nosotros lo intentábamos, por curiosidad y para aprender, claro. Si el cine nos había enseñado a besar por qué no aprender el paso siguiente. En cualquier caso prefería ver cine antes que un vídeo porno, con todos los respetos, pues me daba más morbo un erotismo bien contado que todas las vaginas, pechos, culos, penes enhiestos y lubricaciones juntos. Y dado que “Calígula” nos había resultado muy “interesante”, fuimos a los minicines Jorge y yo un Domingo, sin decirles nada a los otros, a ver secretamente por la noche “Amor y Pasión“, que también era del gran cineasta Tinto Brass y que como siempre con él muestra unos cuantos panderos bien redondos.

Sacamos las entradas poniendo voz de barítono, aunque no hacía falta, porque los socialistas en el poder permitían que pudiéramos ver películas guarras. Nos fijamos que en torno a la taquilla había no pocos hombres con abrigos y gabardinas la mayoría fumando. En fin, entramos y estábamos solos en la sala, no había ni un alma – ¡Qué bien! El cine entero para nosotros – Pero fue apagarse las luces y la caterva de hombres fumadores que estaba fuera comenzó a entrar aprovechando la oscuridad. Algunos se sentaron cerca nuestro, y algunos no se quitaron la gabardina en toda la sesión, e incluso movían ocasionalmente las manos en sus bolsillos. En ese momento comprendimos el por qué del rancio olor a pocilga de los minicines.

Basada en una novela de Mario Soldati, escritor y director de cine, la cinta cuenta la historia de una pareja que sirvió en Capri durante la segunda guerra mundial y que vuelve en 1947, encontrándose con sus respectivos antiguos amantes. Como siempre con el señor Brass, salen amplios traseros, vellos pubicos, pilosidades femeninas varias, sus particulares fetiches sexuales en contra de la hipocresía y censura del cine imperante.

Al acabar al sesión estábamos de nuevo solos en la sala, todos los individuos habían ya desaparecido a velocidad express. Al salir nos encontramos con mi primo de Gijón y nos preguntó de qué película veníamos – de ver El Oso – respondimos, no podíamos retratarnos y descubrirnos, y nos tuvimos que inventar piezas del argumento sobre la marcha para explicarle a mi primo, que tenía interés por verla – es muy buena, mucho pelo, jajaja – Nos daba vergüenza reconocer que habíamos ido a ver “Amor y Pasión”.

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Calígula

Telita con el emperador
Telita con el emperador

En el segundo ciclo sobre películas prohibidas que pudimos hacer vimos “Calígula“, una cinta de orgías romanas realizada por un director Italiano, Tinto Brass. A más de uno nos puso a tono. Había una versión antigua, de 1979, pero en 1984 sacaron una versión sin censura, muy fuerte. Era mi primera película “X”, que era todavía más fuerte que “S“, aquella “S” que veía en los cines de Bilbao y que tanto me atraía, al fin iba a ver una de esas ¡Qué transgresión!

A pesar de la carnaza, grandes actores participaban: Malcolm McDowell, Peter O’Toole, John Gielgud y Helen Mirren. El guión original fue escrito por el famoso y reconocido autor estadounidense Gore Vidal, que pretendía mostrar la realidad excéntrica y excesiva del emperador romano con tratamiento histórico a la par que veracidad visual. La libertad sexual, la promiscuidad y la impudicia del controvertido Calígula eran escandalosamente novedosas, y tan viejas como el mundo. Había homosexualidad, lluvia dorada, zoofilia, sadomasoquismo, una locura pervertida y explícita que nos dejó los ojos muy abiertos, entre la excitación y la sorpresa, la barbaridad y el placer. Era lo más porno que habíamos visto hasta entonces y teníamos sensación de haber franqueado una barrera prohibida, un paso hacia delante sin retorno en el mundo adulto.

Sin embargo seguíamos siendo inocentes. Yo prefería mucho más seguir viendo estas películas con mis amigos que aceptar otras invitaciones a casa de mis compañeros de clase a ver películas directamente porno. Y eso que insistían, pero nunca quise ir. Al día siguiente contaban sus hazañas y todos nos reíamos. Uno de ellos tenía un padre invidente, y era precisamente en esa casa donde veían las películas. Se sentaban en el sofá y ponían una toalla cubriendo las entrepiernas y por encima una manta, y así se masturbaban, en grupo ante la tele con cierta discreción. Pues bien, un día llegó su padre prematuramente de trabajar, era ciego y vendía cupones, y los pilló en plena faena. – ¿Qué hacéis? – Hola papá, pues nada, viendo una película. – No, no os molestéis, ¡seguid viéndola! Por mí no apagues la televisión – decía el padre mientras caminaba hacia su sofá, y tocaba la manta – Oye, y ¿por qué tenéis una manta? – Es que hace frío – ¿Frío? ¡si estamos en un Mayo esplendoroso! – Es que venimos de jugar al fútbol y sudar mucho – ¡Ah! Será por eso – Y el padre iba y venía – En la película suenan gemidos – ¿Qué carajo de película es ésta que estáis viendo? – Es una de guerra, es que están torturando a la chica – Pues le duele bien – Y todos se ríen a carcajadas – hasta que el padre se da cuenta y les grita – ¡Panda de guarros! a hacer esto en vuestra casa, ¡Tinín qué poca vergüenza tienes! Se llamaba Tinín el compañero.

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Terciopelo azul

La canción se te mete
La canción se te mete

Al igual que habíamos hecho ciclos de cine de terror, hicimos ciclos de cine erótico-festivo. El primero tuvo lugar en cierta ocasión en la que el cuñado de Jorge se marchó de vacaciones con la hermana, y dejó el piso libre con el video beta dentro; y teníamos la llave. Así que fuimos al videoclub, que ya contaba sólo con una brevísima sección Beta, y escogimos “Terciopelo Azul” y “Porky’s“, lo mejor que les quedaba en la exigua estantería, aunque a “Terciopelo Azul” le teníamos muchas ganas, porque no nos habían permitido ir a verla en el estreno y estábamos oyendo hablar de ella constantemente.

Así que allá fuimos, esperando ver de qué trataba ese sadomasoquismo que tanto se traía la prensa especializada con Isabella Rossellini para aquí y para allá. Y nos sedujo la película, quedamos hipnotizados en el surrealismo de Lynch sin entender del todo esa dualidad que se presenta entre lo normal y bien visto y lo oscuro y lo secreto, pero percibiéndolo inconscientemente y absorbiéndolo todo, envueltos en la tan bien utilizada música, ella llevaba puesto terciopelo azul, ¡Buff!

Lynch estuvo nominado al óscar al mejor director (por segunda vez) y si no lo ganó es porque los académicos son una panda de conservadores temerosos. Quizás el fracaso de Dune impregnaba al director aún, pese a que su nueva obra era completamente personal y diferente, la consolidación de su individualismo torcido, “askew vision“, y de su exclusivo estilo negro, psicológico y onírico. La atmósfera perturbadora y surrealista que se construye es del todo magistral e inquietante. Bebía de Buñuel y el perro andaluz, y también de Hitchcock y del cine clásico. Numerosos simbolismos pululaban por el metraje: hormigas, insectos, un mirlo… La famosa oreja se asemejaba a la del infierno musical del Jardín de las Delicias de El Bosco; El conjunto ofrece complejas lecturas, la mayoría de las cuales se nos escapaba entonces. Y al final…

…I still can see blue velvet
Through my tears

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Fuego en el cuerpo

Me se quema la piel con tus besos
Me se quema la piel con tus besos falsos

Hay muchos aspectos en el mundo a explorar, teníamos tantas cosas que aprender. Fuimos a ver “Fuego en el cuerpo”, una película que nos encantó particularmente.

Pese al llameante título no se trataba de una historia sobre Juana de Arco quemada en la pira de la condena humana, ni de monjes budistas ardiendo a lo bonzo. Sabíamos lo que queríamos ver y esta vez no se trataba de política ni de historia, era carne cruda. Ya he dejado claro que Kathleen Turner nos gustaba a todos, tan vital, ondulada y turgente. Además la película era la primera de Lawrence Kasdan como director, que había sido guionista de “En busca del Arca perdida” y de “El Imperio Contraataca“. Y vaya si contraataca, que las tórridas escenas de sexo bastante explícito abundan por la película y el pobre William Hurt no puede más que sucumbir ante los encantos de Kathleen “Femme Fatale” Turner y hasta rompe una ventana de purita tensión sexual. Pero también era un filme negro de crímenes al estilo antiguo. La revista Variety escribió: «Fuego en el cuerpo es un fascinante y elegante melodrama donde el sexo y el crimen andan de la mano con rumbo al infortunio, justo como en las películas de antaño» Pero con el añadido de la guinda erótica que en los 80 se podía permitir hasta límites por descubrir, había que ir probando, y que en los años 40 apenas se podía insinuar. Los críticos masculinos se rendían a la Turner mientras que las pocas críticas femeninas no estaban tan impresionadas.

Como no podía ser de otra forma fue un gran éxito de taquilla. Con esta película se consolidó el desarrollo del thriller erótico en los siguientes años con protagonistas como Madonna (Body of Evidence), Glenn Close (Atracción Fatal), Melanie Griffith (Bodie Double), Kevin Costner (No way out), Dennis Quaid (Querido Detective), Kim Basinger (9 semanas y media, Final analysis) y que quizás alcanzó su cénit con Instinto Básico y la escena que todos conocemos de Sharon Stone (Charito Piedra). Me refiero a cuando se le ve todo lo negro al cruzar las piernas, por si hay algún despistado.

“Fuego en el cuerpo” transmite el calor que anuncia e hizo que saliésemos sudando de la sala, como si hubiéramos estado en una sauna en vez de en un teatro de cine. El sexo existe y tiene buena pinta.

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Películas españolas de los 80

Los títulos inverosímiles de las películas españolas de moda estaban cortados todos por el mismo patrón, pícaro y jocoso. Los leía en la revista fotogramas, por los cines al pasar, en anuncios y comentarios, bromas de mis compañeros de clase. Me llamaban muchísimo la atención, tanto que quería ir a verlas sin dudar, hasta que me dí de bruces con la realidad gracias a “Cristóbal Colón, de oficio…descubridor“, y ya dejé de querer verlas para pasar a repudiarlas. Algunos ejemplos:

Ni se lo llevó el viento, ni puñetera falta que hacía, de 1982

El fascista, doña Pura y el follón de la escultura, de 1983, en la que salían Jose Luis López Vázquez y Jose Sazatornil

El Cid cabreador, de 1983, con Carmen Maura y Angel Cristo

El fontanero, su mujer, y otras cosas de meter…, de 1981

Ya no soy virgen, ¡olé!, ya no soy virgen, de 1982

La frígida y la viciosa, de 1981, Clasificada “S”

To er mundo é güeno, de cámara oculta, en 1982. Tuvo tanto éxito que el director, Manuel Summers, sacó una segunda parte en el mismo año

Con las bragas en la mano, de 1982, con tiritas negras que tapaban las tetas, y que me fascinaban

Aberraciones sexuales de un diputado, de 1982

Aberraciones sexuales de una mujer casada, de 1981

Al hilo de esta información adquirida, traído por la curiosidad y la duda, le pregunté a mi madre si ella aún era virgen, y si había padecido alguna vez de “aberraciones sexuales”, y gracias a esta cuestión  me vi condenado automàticamente a “Catequesis” de confirmación. Con el traslado había dejado de asistir, y en la nueva casa pensaba que me había liberado para siempre, pero se ve que desencadené un re-ingreso con mis preguntas. Lo verdadero es que no hacía falta, porque no existía peligro, ya que después de ver una de esas peliculas ya no me interesaron más y me dediqué exclusivamente al cine de ciencia ficción y efectos especiales.

Películas S

Algo malo habrá hecho para estar tan prisionera
Algo malo habrá hecho para estar tan prisionera

En mi querido cine Olympia, después de Kilma pusieron “Historia de O“, que era una película clasificada S. Yo ya había aprendido a leer y me parecía muy atractiva la clasificación: “S”, era como algo especial, pero resultó que las películas clasificadas S eran sólo para mayores porque salían mujeres desnudas. En el poster, efectivamente, salía una mujer desnuda, pero para que no se viera que estaba desnuda, lo que era evidente por otro lado, ponían estrellitas y tiritas negras sobre las partes pudendas, para que se adivinara con la imaginación. – Mamà, ¿por qué le tapan sólo la puntita de la teta? – Para que no se le vean – ¡¡¡pero si se ven igual!! ¡No tiene sentido cubrir sólo el pezón, que todos los pezones son iguales, como los míos! – y los enseñaba – ¡lo que cambian son las tetas! – Tú eres aún muy pequeño para comprenderlo – me decía – y yo insistía – ¿y también salen hombres desnudos? – también, hijo – ¿y por qué no los ponen en los posters como las mujeres? – y muy aguda mi madre me respondió – porque no tienen estrellas lo suficientemente grandes para tapar lo que hay que tapar – y esta explicación siempre me pareció muy satisfactoria, porque tapar sólo la puntita, estaba de acuerdo, no hubiera sido suficiente.

Muchas veces al salir de la escuela iba al cine a escrutar los afiches; En otro poster ella, la señora O, aparecía muy prisionera, eso es que algo malísimo habría hecho, reflexionaba. La gente debía pensar cualquier cosa de un niño investigando con la nariz adherida al cristal las estrellitas en los pezones de las señoras. Yo decidí que la primera película que viera en cuanto me hiciera mayor sería la “Historia de O”, que era un nombre inquietante. ¿Cómo podía ser que una persona se llamase O? Al pasar la lista de clase iría después de Narváez y antes de Pérez, ¿se levantaría para decir “!presente!” luciendo estrellitas pegadas en los pezones? ¿Cuál sería su historia?

A día de hoy aún no la he visto.

Afiches de Historia de O