Monthly Archives: September 2014

E.T., mi casa

El teléfono de E.T.
El teléfono de E.T.

Elliot era como yo y se encuentra con su marciano, más bien feo, que está perdido en el planeta Tierra. Intentan llamar a su casa en su planeta pero no pueden. Es que hacen un teléfono demasiado cutre con una lata de café de Colombia, qué ocurrentes. Muy simple pero muy bien contado, hay que ayudar a E.T.a volver a su hogar. De repente hay una tragedia. Cuando encuentran a E.T. muerto junto al río casi se me para el corazón a mí con él. No puede ser que muera. Los hombres científicos permiten que Elliot entre a despedirse y habla a solas con el cuerpo inerte del extraterrestre mientras yo lloraba a moco tendido en mi butaca, no me podía aguantar más, y me daba igual la vergüenza frente a mis hermanos y a mi madre, ni siquiera miré para ellos. Y súbitamente de la desesperación al gozo – ¡¡¡E.T. está vivo!!! – y se escapan en las bicicletas, lo consiguen, no, sí, ahí van y finalmente E.T. es rescatado y vuelve a su planeta. La mejor película de mi vida, qué bien me lo pasé, qué baile de emociones. Tenía que volver a verla. Mi madre insistía – es sólo una película, nada es de verdad, E.T. no bajará a por ti desde su planeta – Pero mi madre no sabía que E.T. ya había bajado por mí, desde esa película empecé a estudiar cine. Me refiero a que empecé a investigar a fondo los nombres de los directores, de los artistas, la música, los efectos especiales, estrenos, festivales, y todo lo relacionado con las películas. Cuando tenía un poco de dinero me compraba el Fotogramas, y me lo leía letra por letra, y después recortaba la revista y pegaba fotos en las libretas de la escuela. Así pues ese se convirtió el destino de mis exiguos dineros, estaba ahorrando para los muñecos de la guerra de las galaxias, para ir al cine, para la revista fotogramas, algún que otro comic y para la colección de cromos de E.T., que la completé entera. Y aquí volví a encontrarme con Jorge, aquel rubio del portal. Estaba tan apasionado con la película como yo, o más, y ahí supe que ese era el comienzo de una gran amistad.

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E.T.

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E.T. THE MOVIE

En esta temporada de soledad y tibieza, con mi cabeza pensando un poco más organizada, aunque aún con ideas fantasiosas, llegó el otoño, llegó mi cumpleaños y mi madre nos llevó a ver “E.T., el extraterrestre

Fue en el cine Filarmónica de Oviedo, yo me encargué de hacer la cola, larguísima, pero no para mí porque había ido con mucha antelación, y conseguí la primera fila de butacas de palco, el mejor asiento de todo el teatro. No sólo me estaba aprendiendo los nombres de actores, directores y mùsicos, sino que también me aprendí los mejores sitios en cada sala de cine. Sin embargo, pequeño inconveniente, a la hora de sentarnos la baranda resultaba un poco alta para nuestra altura y se comía un cm de visión de pantalla por debajo, así que arrebujé el abrigo y me senté encima, estirando de paso un poco el cuello. Y tan incómodo que estaba empezó la película y se me olvidó la incomodidad. Desde el principio me quedé hipnotizado, abducido. De repente deseaba comer lacasitos (Reese’s pieces en la pantalla, que no eran ni M&M’s ni Smarties, y en España no había ninguno de los tres), pedir una pizza, que por aquel entonces no existían apenas en la ciudad, y quería tener todas las cosas que tenía Elliot en su magnífica casa. Elliot no tenía padre cerca, pero yo le daba el mío si quería, que era del lado oscuro y cada día estaba más para allá.

Yo también quería tener a E.T. ¿Cuántas veces me había imaginado encontrarme a un extraterrestre? Imaginaba que me daba poderes, o un artilugio tan sofisticado que me permitía destacar y sobreponerme a las dificultades. La materialización del amigo invisible que la mayoria de los niños tienen, ¿Dónde podría esconderlo, dentro del humilde minùsculo apartamento en el que vivíamos, llegado el caso? En ningùn lado, està claro por qué no me eligió a mí.

Encaramados en el palco, vivimos con intensidad una película soberbia que llegaba en la edad justa en el momento preciso.

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Krull

La segunda película a la que fui solo fue “Krull”, una superproducción que bebía de los éxitos de “La guerra de las galaxias” y de otras películas de aventuras espaciales, y que por eso era todo un subproducto, pero éste era mi estilo. La música era estupenda de James Horner y salía un actor que pasaba desapercibido,  Liam Neeson. De la película me quedó grabado indeleble un personaje: el cíclope. Este hombre, de un sólo ojo, pero que no era como el cíclope de la película de Jasón y los argonautas, sino del futuro, pertenecía a una raza que al nacer sabía perfectamente el día en que iba a morir, y ese día se acercaba. Yo pensaba: ¿es o no una suerte saber en qué día te vas a morir? – El destino estaba escrito para este hombre, y muere heroicamente tal y como estaba programado, pero luchando hasta el final.cyclop

La predestinación ocupó mi cabeza una temporada, y el cura de la parroquia, Don Angel, tuvo mucha dedicación para educarme en un cristianismo cabal, sin supermán. Yo luego me hice ateo, pero le agradezco al pobre hombre su paciencia. Él me dijo que el hombre no está predestinado, que somos libres, y eso sí que me lo creí. En la película, la fortaleza del malo aparece cada día en un sitio diferente que nadie sabe, y desaparece al día siguiente para reubicarse, con lo que es imposible encontrarla, excepto para los héroes de la película que encuentran un oráculo que les anticipa en dónde estará. Yo pensaba que Dios no podía estar en todas las hostias de todas las iglesias a la vez, porque eso es lo que decía Don Angel, que las hostias consagradas son el cuerpo de Cristo, que ahí está Dios. Imposible – decía yo – ¿No será como en la película, que Dios ocupa determinado sagrario cada día en un sitio, y al que le toque le tocó? – Ya os dije que Don Angel tenía mucha paciencia y yo seguía teniendo mucha imaginación – porque la verdad es que cuando me tomo la hostia no noto ningún poder ni ninguna magia, así que yo creo que no me ha tocado el verdadero Jesucristo-Krull aún – Me acababan de sacar a Supermán de la cabeza católica y yo ya estaba metiendo a Krull en los sagrarios.

Películas españolas de los 80

Los títulos inverosímiles de las películas españolas de moda estaban cortados todos por el mismo patrón, pícaro y jocoso. Los leía en la revista fotogramas, por los cines al pasar, en anuncios y comentarios, bromas de mis compañeros de clase. Me llamaban muchísimo la atención, tanto que quería ir a verlas sin dudar, hasta que me dí de bruces con la realidad gracias a “Cristóbal Colón, de oficio…descubridor“, y ya dejé de querer verlas para pasar a repudiarlas. Algunos ejemplos:

Ni se lo llevó el viento, ni puñetera falta que hacía, de 1982

El fascista, doña Pura y el follón de la escultura, de 1983, en la que salían Jose Luis López Vázquez y Jose Sazatornil

El Cid cabreador, de 1983, con Carmen Maura y Angel Cristo

El fontanero, su mujer, y otras cosas de meter…, de 1981

Ya no soy virgen, ¡olé!, ya no soy virgen, de 1982

La frígida y la viciosa, de 1981, Clasificada “S”

To er mundo é güeno, de cámara oculta, en 1982. Tuvo tanto éxito que el director, Manuel Summers, sacó una segunda parte en el mismo año

Con las bragas en la mano, de 1982, con tiritas negras que tapaban las tetas, y que me fascinaban

Aberraciones sexuales de un diputado, de 1982

Aberraciones sexuales de una mujer casada, de 1981

Al hilo de esta información adquirida, traído por la curiosidad y la duda, le pregunté a mi madre si ella aún era virgen, y si había padecido alguna vez de “aberraciones sexuales”, y gracias a esta cuestión  me vi condenado automàticamente a “Catequesis” de confirmación. Con el traslado había dejado de asistir, y en la nueva casa pensaba que me había liberado para siempre, pero se ve que desencadené un re-ingreso con mis preguntas. Lo verdadero es que no hacía falta, porque no existía peligro, ya que después de ver una de esas peliculas ya no me interesaron más y me dediqué exclusivamente al cine de ciencia ficción y efectos especiales.

Cristóbal Colón, de oficio… descubridor

Oficio
Spanish Hit

Iba caminando solo por la ciudad, ya me dejaban, y un sábado veraniego antes de las fiestas de San Mateo, particularmente aburrido dentro de lo taciturno, subiendo hacia mi casa después de recibir una buena propina en casa de mis abuelos, me quedé en la cola del cine Roxy para ver “Cristóbal Colón de oficio descubridor“. Se me ocurrió que podría reírme. Yo solo, repito, espontàneamente, nadie me obligaba.
La película había tenido una publicidad intensiva en las últimas semanas, todo el mundo hablaba de ella, salían anuncios en la tele, en la radio, en las revistas, por todos lados. Una canción se estaba haciendo famosa:
“Los hermanos Pinzones
eran unos mari…neros
que se fueron con Colón
que era otro mari…nero”

Nosotros en casa cantábamos la versión más dura, sin picardía ni nada, para mayor frustración de mi madre y de mi tío homosexual, ella desesperada en algunos momentos, pensando quizás en cambiarnos de colegio:
“¡¡¡Los Hermanos Pinzones, eran unos, maricones!!!”

Pues ese día me dio un brusco arrebato y me paré en la fila, mi primera película solo del todo, mi primera peli española de esas pícaras. Cuando llegué, que tenía mucho tiempo libre, habría en la fila 30 o 40 personas, pero pronto empezó a llegar gente y gente, y la fila empezó a salirse por la carretera, ¡nada menos que la calle Uría, la calle principal de la ciudad! Vino la policía y cambió la dirección de la cola, y yo pensaba – ¡a mí no me quita el sitio nadie! – ¡esta debe de ser la película del siglo cuando menos! – por todo el barullo que se montó, espectacular. Unos jóvenes que estaban haciendo el servicio militar, cuando llegaron y vieron que la cola era demasiado larga, me otearon y vinieron a por mí. – Chavalín, si nos sacas las entradas te doy un duro – No – dije yo secamente – Diez pesetas – insistió, y me dio una palmadita en el hombro, y volví a decir que no. Ya me estaba poniendo nervioso, y por suerte el señor que estaba detrás les gritó que dejaran de molestar y de intentar colarse, y entonces se aproximó un agente de la autoridad: – ¿Estás solo? – me preguntó – No, he venido con mi padre que se ha ido a aparcar el coche – mentí, y ya me dejaron en paz. Lo que no hiciera yo por ir al cine.

La película resultó infumable, horrorosa, no me gustó nada, era una parodia musical y burda del viaje de Cristóbal Colón para descubrir América sin gracia apenas, y así aprendí a no fiarme de los anuncios nunca más, y a guardar cierto recelo por el cine español.

Mundial 82

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Oviedo ye Mundial

Mi hermano me presentó un día en el portal a su nuevo amigo, un chiquillo rubio que se llamaba Jorge. Estaba apoyado sobre la pared del portal balanceando su pierna derecha por fuera del escalón de entrada. ¡Hola! -me dijo- y mi hermano añadió: – ¡Le gustan “La guerra de las galaxias” y “Cristal oscuro“! – Y ahí me empezó a interesar este chaval, aunque era un poco más joven que yo, no importaba, era interesante. Por desgracia no le dejaban salir a la calle tanto como a nosotros, y su madre debía inquirir un poco qué clase de compañía éramos antes de permitirlo, así que en principio seguí a la búsqueda de alguien de mi edad.

Mientras la madre de Jorge nos investigaba a través del trabajo de mi padre, la escuela, la parroquia… yo permanecía taciturno. Mi padre pensó que se me pasaría con la llegada del Mundial de fùtbol, y ahí me llevó a ver un partido oficial esperando que me emocionara, pero resultó un tostón, Austria contra Chile. nada que ver con Evasión o Victoria. Y es que en Oviedo jugaban los peores, además de esos dos estaba Argelia en el grupo, mientras Alemania, la cuarta, jugaba en Gijón. Enseguida perdí cualquier interés por el mundial, por mucho que nos lo metieran en monedas, anuncios y dibujos animados. La mascota era lamentable, se llamaba Naranjito y no había quién se lo tragara. A España para más Inri la eliminaron pronto. Una cosa quedaba clara: el fùtbol no era lo mío.

Cristal Oscuro

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Cristal Oscuro

Entre una cosa y otra, nuestra nueva casa estaba muy cerca de los multicines Clarín y de los Brooklyn, y mi madre, para animarnos, nos llevaba con más frecuencia a estas salas. Fuimos todos juntos a ver “Cristal Oscuro” un sábado por la tarde, y nos quedamos completamente extasiados ante el despliegue de fantasía, las criaturas increíbles y la bonita historia, un poco oscura, pero ya nos gustaba así, ya. Hoy día quizás no la venderían tanto para el público infantil, porque esconde detrás una profunda y hasta cierto punto amarga reflexión sobre la condición del alma humana.

En cualquier caso la película era de Jim Henson, el mismo que hacía a Epi y Blas, a Gustavo la rana y los personajes de Barrio Sésamo, no podía traernos nada malo, por mucha sombra que pusiera. Las asombrosas marionetas que salían en la película eran manejadas por hasta tres personas a la vez, eran complicadísimas. Los malvados Skeksis estaban inspirados en los 7 pecados capitales, pero como eran 10 criaturas, tuvieron que repetir tres de los pecados, con el ùnico problema de que cuando se plantearon qué pecado repetir, todos querían repetir el mismo. Mi hermano el segundo estaba haciéndose más mayor y fue el que más impactado salió de la sesión, realmente le encantó.

Los sabios místicos, eran el contrapunto de los malvados Skeksis, que dominaban el mundo. Ambas razas estaban interconectadas de tal manera que si un Skeksis moría, un místico también. Unos eran la razón y otros la pasión, partes tan diferentes de una misma raza dividida pero que necesitaba permanecer equilibrada. Interesante psicología que ofrecer a los niños.

Jugábamos en el descampado del parking del estadio de fùtbol, y entre la gravilla que había por el suelo, encontràbamos pequeños prismas hexagonales de cristal negro, menores de un centímetro, que venían de la cantera junto con las piedrecillas. Para mi hermano estaba claro: eran poderosísimos cristales oscuros que teníamos que reunir para conseguir mayor poder. Llegamos a tener cerca de un kilo. Un día los llevamos a una joyería porque alguien decía que era azabache, para que nos aclarase un gemólogo qué era nuestro apreciado tesoro, y nos dijo que era cuarzo negro, sin valor. Qué ignorante, él se perdió la energía especial del cristal oscuro. Precisamente gracias a sus poderes empezamos a hacer nuevas amistades, un chico de aquí, otro de allá…

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Fotogramas

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Mis revistas

Otro cambio de casa, otro cambio de amigos, no era fácil una vida así. Yo sufrí particularmente la nueva mudanza, pero se supone que la familia seguía mejorando. Ahora vivíamos en una casa de nuestra propiedad, muy cerca del estadio de fútbol en donde ya mismo empezaban los mundiales. Tenía una habitación para mí solo con ventana al patio de luces y al tendal giratorio. Aquí no había tanto sitio para jugar en la calle, sólo teníamos el descampado que servía de parking para los coches que venían al campo de fútbol los domingos, bueno, algo es algo. Tardamos bastante tiempo en conocer a otros niños a pesar de que estábamos en búsqueda activa de nuevos amigos. A mi hermano le resultó más fácil, enseguida congenió con Diego, un chico del séptimo C, yo me demoré. No había nadie de mi edad. Conocí a un tal Roberto, del 4ºC, que le encantaba La guerra de las Galaxias, pero era un pedante engreído que ya tenía todas las figuritas de Star Wars del mercado. Me dejaba verlas pero no tocarlas el muy…

Encontré una vez màs refugio en el cine. Me aficioné a la revista Fotogramas, que volvía de nuevo a la venta después de casi un año sin publicarse. Costaba 85 pesetas, un precio que constituía el 85% de mi paga, que eran obviamente 100 pesetas. Con esta revista comencé en el aprendizaje de nombres, autores, actores y todo lo que pintara con cine de una manera casi obsesiva. Gracias a Fotogramas y a las películas de la 2 en televisión, sobreviví al traslado de hogar y de paso me hice fan de Katharine Hepburn, que desde entonces es mi actriz favorita.

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La tierra prometida

La mudanza
Otra vez nos cambiamos de casa

El éxodo de Moisés y los judíos a la tierra prometida dio continuación a nuestro éxodo particular. Ese año 1982 nuestros inquilinos dejaron la casa libre y nos mudamos otra vez, en esta ocasión dentro de la misma ciudad a nuestra morada definitiva en hipotecada propiedad. Mi padre pasó de ser Darth Vader a ser el Charlton Heston de la película, y a pastorearnos hacia el final del deàmbulo: se acababa el ir de un lado para otro.

Era el año del mundial de fútbol 1982 que se celebraba en España, e íbamos a vivir cerca del estadio, lo cual era magnífico. Me despedí de Gerardo, de Manolo, les dije que vinieran cuando quisieran, que iríamos a ver los partidos, que seguiríamos siendo amigos, que seguiríamos yendo al cine, pero lo cierto es que nunca ocurrió. Una vez que atravesamos la línea se debieron cerrar las aguas y perdimos el contacto definitivamente. Tan profundamente que ni siquiera con el facebook hoy día lo hemos recuperado.

Para compensar el desasosiego, mi madre nos llevó a ver “Misterio en la Isla de los Monstruos”, del señor Piquer Simón, del que ya había visto y disfrutado su obra “Viaje al Centro de la Tierra“. Le dije a mi madre: – ¿Cómo me traes a estas películas? ¿No ves que ya soy mayor? – y es que la calidad deja mucho que desear, sobre todo después de ver obras maestras como las que ya había visto – Antes te encantaban – respondió mi paciente madre – pero algo había cambiado. Ahora me autopreguntaba cómo le dejaban a este hombre acercarse a menos de 500 metros de una cámara cinematográfica, que es mayor misterio que el misterio de la isla en sí mismo. En aquellos momentos no supe apreciar el encanto del cutrerío, y ni siquiera me dí cuenta de que salían Peter Cushing, el de Star Wars, Terence Stamp, el gran Paul Naschy y la bellísima Ana Obregón. La película disfrutó de cierto éxito en Francia, pero desde luego no en mi casa.

Misterio

Los Diez Mandamientos

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Irás al cine sobre todas las cosas

Como había sido su hermano el que me había zurrado por el mal partido de fùtbol, Gerardo se sentía culpable y por una vez fue él el que me quiso llevar al cine. Echaban “Los Diez Mandamientos” en el cine Palladium, y su madre, católica fervorosa, se la recomendaba. Yo le dije que bueno, que vale, pero que no esperase acabar forrado de bollinas en casa de mi abuela como la otra vez con Flash Gordon, que era lo que yo sospechaba que de verdad quería.

Y allí fuimos a ver una reposición de un clásico de 1956, los dos solos de nuevo, una historia de la Biblia filmada en Vistavisión por Cecil B. DeMille. En mi mente la biblia aún tenía muchos conflictos que dirimir con Supermán, y quizàs en esta película Dios podría recuperar algo de terreno. ¡Y vaya si recuperó! – La escena del mar abriéndose para que pasen los judíos es antológica, y luego cuando pasan los egipcios se vuelve a cerrar, es que este Dios sí que sabe cómo acabar con la gente, ¡sí señor! ¡Que se ahoguen los malos con sus caballos! ¡Espectacular! Una película épica – un pelín larga – pero de la que salimos encantados. Y el origen del Arca Perdida queda claro, todo està enlazado. En mi cerebro (por suerte nunca dejé de ser buen estudiante a pesar de todo) se mezclaban tantas cosas que ese verano en la playa de mi pueblo utilizaba la fuerza para que se separasen las aguas del mar. Tenía un bañador rojo apretado, porque iba creciendo más rápido que el dinero para comprarme ropa nueva, y estaba sobre una roca haciendo fuerza para abrir las aguas, pero haciendo mucha fuerza, muy concentrado, esta vez sí lo iba a conseguir, y entonces mi tía la de Luarca vino por detrás y me dio un susto que, con la fuerza… pues bueno, me cagué un poco, y acabé con el culo en el mar suplicándole a mi tía que no se lo contase a nadie mientras ella se meaba de risa (ella no literalmente como yo), y yo me limpiaba en las olas.

Arnold Friberg Cover
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