Monthly Archives: February 2015

Los ojos del gato

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La niña de E.T. – allá vamos

Las películas “raras” nos atraían, pero es que nos atraía cualquier cosa, para que nos vamos a engañar, sobre todo lo que tuviera algún efecto especial o un buen susto. También fuimos, por supuesto, a ver los éxitos del momento, “Viernes 13” y “Pesadilla en Elm street“, que no podían faltar, y otras menos populares como “El Secreto de Joey“, de Roland Emmerich, con un muñeco de ventrílocuo malvado, o “Los Ojos del gato“, que era una película de historias con el denominador común de Stephen King y los gatos, que te roban al alma. Stephen King era la estrella del terror, todo lo que llevara su nombre se convertía en éxito. Nos compramos un libro de él, con relatos cortos, y nos quedamos contrariados al leer sobre lavadoras poseídas y otras ridículas situaciones ¿Es éste el famoso escritor de terror del Resplandor? Nosotros hicimos un best seller que se titulaba “Historias de Ciencia Fricción”, en el que se incluían títulos tan sugerentes como el de “No comerás pan en la cama” porque las migas luego entraban en tu sangre, o como el de la “Oveja que veja”, que era una oveja extraterrestre que violaba a los terrícolas y que al final se marchaba en su nave lamentando que los humanos no están listos para el amor universal.

Volviendo al tema. La película trae tres historias unidas por el gato del título, una sobre un fumador, otra sobre un cornudo y otra sobre una niñita y un gnomo, escrita expresamente por el autor para el filme. La chiquilla era la niña de E.T., una tal Drew Barrymore, y otros grandes nombres también salían, como James Woods. En el monedero estaba Laurentiis, haciendo caja,  y en la música el mismo de “Regreso al Futuro“. Era un producto a la moda, con historias fáciles de miedo – intriga, ideales para pasar el rato ochentero y que los productores se enriquecieran. La Cartelera estaba llena de estos productos de bajo presupuesto.

Videodrome

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Justo ahora que nos hemos comprado el vídeo

Pongámonos ahora en la tesitura de un productor de cine. Te llega un tipo canadiense y te dice que quiere hacer una película de meterse cintas de vídeo, VHS, por el cuerpo, vía torácica directa ¿qué respondes? Todos sabemos que los productores aman el dinero más que el cine, generalmente, y ante semejante disparate pocos dirían que sí. Sin embargo David Cronenberg, que así se llamaba el director, seguramente esgrimía otro argumento: Se trata de una película sobre la manipulación de las masas a través de la televisión. Y esto convenció a la productora, aunque el producto final se parezca más a una paranoia alucinatoria extraña más propia del primer argumento que del segundo.

Nosotros salimos del cine con los ojos como platos y la boca en carpa; ¡menuda colgada de película que acabábamos de ver en los Brooklyn! desde luego que usaban una droga muy fuerte los que la hicieron. Quizás éramos aún muy jóvenes, o no demasiado modernos, porque a Andy Warhol le gustó la peli, decía que era “La Naranja Mecánica” de los 80. Y es que se metían cintas de vídeo en el pecho, como si el hombre fuera un reproductor, que todavía no había CDs, y hasta tuvieron que cambiar el guión y usar cintas betamax, porque las VHS no les cabían.

La frase que nos quedó resonante en la sesera era algo así:

“La batalla por las mentes de América se luchará en la arena del vídeo: El Videodrome. La pantalla de televisión es la retina del ojo mental, así que la pantalla de la televisión es parte de la estructura física del cerebro. Así que lo que aparece en la televisión se convierte en una experiencia para los que la ven. Así que la televisión se convierte en realidad, y la realidad se hace menos que la televisión”

Aturdidos.

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Resonator

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Hay que tener cara

Basándose en el éxito previo y con el apoyo del selecto y nutrido público que se cultivó con su película Re-Animator, amén de los críticos amables, Stuart Gordon acometió de nuevo un proyecto inspirado en las terroríficas obras de H.P. Lovecraft. En este caso la obra era “From Beyond“, “Del más allá”, pero para imprimirle un sello más reconocible la titularon ReSonator en España.

El relato parte de la idea de que estamos rodeados de criaturas que viven con nosotros, pero en otra dimensión, y por eso no las vemos. El exaltado doctor Pretorius crea el Resonator, artefacto que estimula nuestras hipotróficas glándulas pineales, y nos abre de ese modo las puertas de tal fantástico universo paralelo, con el lamentable imprevisto inconveniente de que una vez verificado que la máquina funciona, las criaturas se comen al Doctor Pretorius, y acusan al ayudante del malogrado científico de asesinato. A ver quién se va a creer lo de las criaturas esas. Pues una psiquiatra inquieta le cree y vuelven a poner en marcha la máquina para redescubrir que la otra dimensión está repleta de látex, monstruos de látex, pellejos de látex, bichos de látex… es que el látex era también muy ochentero.

A estas alturas a nadie le sorprenderá que una tarde de lluvia intentásemos hacer latex con harina, agua y huevos. Los doctores Preparatorius, nosotros, íbamos a preparar un horripilante maquillaje para asustar al vecindario, y después de embadurnarnos de pasta mal ligada de la cabeza a los piés, a lo más que llegamos fué a parecernos a Darth Vader cuando se quita el casco en el Retorno del Jedi. Eso sí, conseguimos que la cocina pareciera de otra dimensión, y que la madre de Jorge, propietaria de la mencionada cocina, se convirtiera en un monstruo de un universo paralelo, pero de muy sólida presencia en este Universo – ¡Me vais a volver locaaaa! –

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Re-Animator

 

Re-Animator
Anterior al Red Bull

Durante el transcurso de nuestro personal e intensivo ciclo de terror estrenaron en las salas comerciales la película Reanimator, un film polémico avalado por la revista “L’ecran Fantastique“. Asistimos a la proyección bien provistos con bolsas de plástico por si acaso vomitábamos, ya que en la publicidad decían que en el estreno hubo un fallecido de infarto y varias personas que devolvieron de puro asco, y claro, yo que era de vómito fácil pues fui preparado. El infarto ya imaginábamos que era una exageración.

Era un tipo diferente de terror. Enseguida nos compramos los relatos de H.P. Lovecraft, el libro se llamaba “Dagon y otros cuentos macabros“, de la editorial Anagrama, porque en él se incluía el relato corto en el que se basaba la película que íbamos a visionar. Nada que ver la literatura con el celuloide excepto la idea medular: Reanimar a los muertos. La historia derivaba hacia un moderno Frankenstein repleto de zombis y sangre, ¡si se gastaron casi 100 litros de sangre de vaca en el rodaje!

Pero este tipo de terror sangriento no nos gustaba tanto, preferíamos más el terror clásico, con tensión psicológica y sorpresas elaboradas, mucho mejor que el hachazo fácil. Sin embargo tuvo bastante éxito, la crítica la calificó, entre otras cosas, como un “pop Buñuel”, por el humor ochentero y por los toques surrealistas de los zombis descabezados, y le salieron diversas secuelas, entre ellas la novia de Reanimator y un musical de Broadway.

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Ya están aquí

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Como os tenga que comprar gafas por hacer esta tontería las vais a pagar vosotros – decía nuestra madre

Cuando acababa la emisión de televisión sonaba el himno de España y después había una carta de ajuste con un pitido estridente. Al rato desaparecía la carta y la pantalla se llenaba de ruidosa bruma. Si mirabas fijamente esa nieve postemisión aparecía Poltergeist. Nos gustaba dejar la televisión encendida sin programación, como en la película, y luego simular que el Poltergeist había entrado. Por supuesto que también habíamos visto en nuestro ciclo de miedo esa historia aterradora en donde la niña casi daba más miedo que los fantasmas. ¿A quién se le ocurre construir una casa sobre un cementerio? Pues estaba basado en hechos reales, sobre la construcción del parque Cheesman en Denver, donde ocurren aún hoy fenómenos extraños.

En la película también ocurrieron cosas extrañas. La actriz que hacía de hija adolescente falleció el año del estreno estrangulada por su novio, y la rubia protagonista murió de una estenosis intestinal misteriosa 6 años después, pero en ese momento en que nosotros veíamos el filme aún vivía – ¡¡¡Carol Anne, vete hacia la luz!!! – decía la medium, aquella enana genial, la bacterióloga en la vida real Zelda Rubinstein.

Dicen que la película es más de Steven Spielberg que de Tobe Hooper, y puede ser verdad, porque Spielberg rodaba E.T. como director en la misma calle, y por retrasos diversos, se pasaba más tiempo del debido como productor en el vecino set de Poltergeist, dando el coñazo. Nosostros veíamos el auténtico toque Spielberg en la película, que al final se estrenó casi a la vez que E.T.

Pues con la tele puesta y sin programas intentábamos escuchar mensajes del más allá. Y también hacíamos psicofonías que por supuesto no salían nunca, pero siempre creíamos que se oía algo y rebobinábamos y vuelta a empezar: -Hola…. Vais a morir… marchad de aquí… – la cuestión era pasarlo mal. La cuestión era pasarlo bien.

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Terror casero

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La casa de Jorge daba miedo ya de por sí (no era ésta, era un poco más modesta)

El pueblo de la familia de Jorge estaba cerca de mi pueblo, en la costa, y nos visitábamos a veces en vacaciones. Hubo confianza interfamiliar y nos permitieron ir y venir. Pues bien, conseguimos organizar un fin de semana los 4 amigos solos en la casa del pueblo de Jorge y nos dedicamos a contar historias de terror inventadas, casi todas basadas en historias que habíamos leído o escuchado por la radio, y después salíamos al bosque con linternas, como en la Bruja de Blair pero mucho antes de que se ideara. En una de esas salidas, estúpidamente felices sufriendo de miedo, todos agarrados con todos, en grupo, nos adentramos inmersos en una noche oscura cerca del río, y con el Redrum en la cabeza que íbamos diciendo en broma para asustarnos, de repente salió una criatura enorme y peluda de entre las sombras y rugió como si nos fuese a devorar a todos y cada uno de nosotros. Gritamos y salimos corriendo – ¡¡¡Aghhhh!!! – con el corazón en la garganta, aterrorizados como nunca: era un pequeño jabalí que se escapaba en la dirección opuesta posiblemente tan asustado como nosotros. Pero qué susto, ¡mi madre!

Otro de los pasatiempos era preparar escenarios de terror en la casa, que era una casona antigua muy pintoresca y evocadora, y los otros tenían que enfrentarse a ellos, como por ejemplo dejar un casete hablando desde un armario, montar un muñeco y ahorcarlo de una viga, para que parezca real en la oscuridad entre efectos de iluminación con linternas y velas. Dejar una cabeza de carnero sobre una bandeja y pintar una estrella de 5 puntas hasta acabar la acuarela roja, fantasmas de alambre que eran sábanas flotando… este tipo de barbaridades que nos traían tan entretenidos, escenografía macabra. Un cráneo que nos habían prestado de un estudiante de medicina, nos daba tanto miedo solo tenerlo, que lo escondimos para no volverlo a ver, y se nos olvidó. Lo encontró la madre de Jorge mientras subida a una escalera buscaba una olla grande en un aramarito de la recocina. Casi se mata la mujer del susto, y hubo que convencerla de que no llamase ¡a la policía!

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¿Por qué miedo?

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Messiah of Evil

Ir a ver una película de miedo es un acto voluntario que envuelve a varias personas, porque normalmente nadie va solo a ver una de terror. Compartir el sufrimiento en grupo une, y a la vez calma saber que tus amigos están ahí; por muy dentro de tu cabeza que penetre la película, alguien de confianza está a tu lado. ¿Por qué nos gustan las películas de miedo?

Los analistas antropo-científicos dirán que es para rellenar la parte ancestral del miedo a lo desconocido, ese resto atávico de la prehistoria que permanece grabado en nuestros diencéfalos, de cuando los hombres se asustaban ante los fenómenos ambientales y naturales, rayos y truenos, y hoy día, de alguna manera, suplimos esa llamada primigenia de las neuronas primitivas con las sensaciones vividas en esas sesiones controladas de horror. El sedentarismo entumecido y bien establecido de la sociedad occidental, dicho de otro modo, busca sentir esas emociones ante lo desconocido de forma artificial y segura, porque lo desconocido sigue estando ahí, seguimos sin saber qué pasa cuando fallecemos, pero se vive sin pensar en ello. Otros dicen que es por la adrenalina y la fácil experiencia de excitación y tensión sin necesidad de moverte de una cómoda butaca. Es parte de lo mismo, ya mencionado, unido a una autoexploración sobre los propios sentimientos: qué es capaz de aguantar cada uno y qué es lo que más miedo me da, atisbar esos pensamientos y luego irse a casa tranquilamente con el autodescubrimiento hecho. Yo creo que por eso y además, hay siempre un cierto enfrentamiento a la muerte. La muerte es lo negro, lo oscuro y también lo inevitable y natural, y un poco de mitología sobrenatural en torno a la muerte es parte de la asimilación, o de la tranquilidad de saber que la muerte está por todas partes y es para todos. Compartir con los amigos esos momentos de autoexploración, enfrentamiento y pavor es encantador, ¿o no?.

El Resplandor

 

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Más madera

Por si no habíamos manchado los calzoncillos lo suficiente, continuamos nuestro ciclo de miedo con una tercera joya en la misma semana: “El Resplandor“, de Stanley Kubrick. Para la madre de Carlos habíamos visto una de Gregory Peck, una de Max Von Sydow y ahora una de Jack Nicholson, todo verdad, pero también era cierto que esa semana nos metimos vía nervio óptico una buena dosis de terror del bueno. El Resplandor fue la guinda de oro para no dormir bien en una larga temporada. Redrum, redrum… Ya vean, con el miedo que me daban estos filmes, y fue comprar el vídeo y sacar las películas más terroríficas de la historia. Una contradicción.

El trailer era un mar de sangre bajando por el ascensor, qué osadía tan bestia. Para salvar la censura Kubrick había tenido que decir que era agua con óxido, pero queda claro que no, evidentemente. Todo el mundo sabe lo perfeccionista que era el señor Kubrick en sus rodajes, pero la que lo sabe mejor es la actriz Shelley Duvall, que sufrió un contínuo machaque cerebral durante toda la filmación. El record mundial de tomas para una escena también sale de este film, casi 150 tomas, y hay que considerar muchas otras escenas que se repitieron sin llegar a récord, pero llegando al hastío, ¡cómo debía estar todo el equipo!

El resultado es impecable. La atmósfera de terror psicológico nos hundía paulatinamente en el sofá, tras los cojines estrujados de pavor mientras permanecíamos inmóviles silenciados por la tensión. Stephen King decía que no le gustaba la película construida sobre su best-seller, pero la verdad es que la película es mucho mejor que el libro, algo que pocas veces pasa. Y cuando se terminó la sesión todos coincidimos en estar encantadoramente aterrorizados.

¿Y por qué nos gustaban las películas de terror si luego nos asustábamos tanto?

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El exorcista

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O por qué seguimos yendo a misa hasta los 18 años, por lo menos

La película que más nos aterrorizó fue sin duda “El Exorcista“, de William Friedkin, 1973. Se trataba de un exorcismo basado en la historia real del poseído Roland Doe en 1949, y eso nos acojonaba más, por lo de verdadero digo. La música de Mike Oldfield, que nosotros le decíamos Miguel Campoviejo, completaba la atmósfera. Jorge decía que la película incluía escenas subliminales, esto es, que penetran en tu cerebro sin que seas consciente y te puedes volver loco. Un señor en el estreno se rompió la mandíbula desmayado por culpa de estas imágenes – No puede ser verdad – Claro que sí, ya verás – y con tensa parsimonia pasamos el video en cámara lenta, y de repente…¡¡¡¡FLASH!!!! Ahí está, la cara del mismísimo diablo. Cuando salía dimos un respingo: – Ha salido el diablo – yo no le he visto – ¡que sí!, rebobina – y rebobinábamos- ¡ahora! ¿Lo has visto? – no, vuelve otra vez – ¡para la imagen! – y al final lo conseguíamos, la cara del maligno en la pantalla, qué miedo. Nos quedábamos sin respiración. Maravillas del video.

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En mi pueblo hay gente más fea, pero éste acojonaba más

La chiquilla poseída es tan realista que tuve pesadillas hasta la edad militar, ¡qué bien lo hace!. La niña que interpreta el papel, Linda Blair, tenía 12 años, y en el casting le preguntaron si sabía qué tenía que hacer en el rodaje, y ella respondió que sí, que tenía que masturbarse con un crucifijo. ¿Pero tú sabes qué es eso? – le preguntó el señor Friedkin desasosegado – Claro que sí, hacerse una paja – respondió ella, y añadió – ¿Tú no te haces pajas? – y le dieron el papel ¿Has visto lo que hace la cochina de tu hija?

A Víctor le impresionaban las escenas de exámenes médicos, les tenía una fobia particular. Ninguno de nosotros sabíamos entonces que uno de los radiólogos que salen en pantalla, Paul Bateson, fue condenado por asesinar a un crítico de cine, y se sospechaba que podría haber matado a seis personas más, cuyos cuerpos, descuartizados y metidos en bolsas, fueron hallados flotando en el río Hudson.

Aterrorizados volvimos a casa acelerando por la calle y pegados a la pared. Ya en el hogar cogí de un cajón una muestra de agua bendita que mi abuela había traído de Fátima, y la vacié en la bañera para darme un buen baño y sentirme a salvo por una temporada. Y los domingos a misa, faltaría más.

La Profecía

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Ave Satani, cágate lorito

Carlos también tuvo vídeo enseguida en su casa, y entre los dos vídeos, el suyo y el mío, montamos un ciclo de cine de terror de fundirse los plomos, con las películas que no habíamos visto y que nos moríamos de ganas por ver. Al fin pude acceder a la del “Hombre lobo americano en Londres“, entre otras, pero la primera del ciclo fue “La profecía“, de 1976.

Una de las películas más terroríficas de todos los tiempos, decía la crítica, y era verdad, nos quedamos acongojados. La música era lo más horrorizante, magistral Jerry Goldsmith con su partitura que estuvo nominada al Óscar. El hombre dijo que le habían nominado ya tantas veces, esta era la novena, y que nunca lo había ganado, que para ir al patio de butacas a hacer el paripé mejor se quedaba en casa. Pues no fue y ese año ganó el premio. Y no sólo la banda sonora estaba nominada, sino que también la canción, “Ave Satani”, una melodía con coros que cantaba en latín “Sanguis bibimus, corpus edimus, tolle corpus Satani“, lo que viene a significar “Bebemos la sangre, comemos la carne, álzese el cuerpo de Satán”. La canción no ganó, pero en la película era un personaje propio y aterrador. No puedo evitar señalar que el correcto latín hubiera sido “Sanguinem bibimus, corpus edimus, tolle corpus Satani”, por si alguién de ciencias no se había dado cuenta.

La vimos en casa de Carlos, solos. Su madre cuando marchaba preguntó: ¿Qué película vais a ver? – Una de Gregory Peck – respondimos – y allá se fue con cara de qué formales son estos chicos. El salón de la casa de Carlos, con el niño Damien completamente diabólico y la música del Ave Satani atronando, ¡qué delirio demoníaco!, se transformó al final de la película en el salón de las tinieblas, nos parecía que Satanás estaba detrás de las cortinas o en la taza del water, por todas partes. Nos cagábamos de miedo, tanto, que procuramos que la película acabase de día, y como estábamos solos en casa esperábamos juntos sin separarnos ni un instante a que llegase la madre de Carlos para que no se quedase solo, y luego salir pitando a nuestros respectivos domicilios, con un poco de agua bendita por si las moscas.

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