Category Archives: Comedia

Porky’s

Gamberros de universidad
Gamberros de instituto

Cuando Terciopelo Azul acabó, estábamos aturdidos. No era el tipo de erotismo que esperábamos encontrar. ¡Qué gran película! – decíamos – y nos sentimos tentados a no poner la otra cinta que habíamos sacado del videoclub, para no quebrar la atmósfera. Sin embargo, y por unanimidad, la quebramos y acabamos por ponerla: Porky’s, la muy gamberra e irreverente, nada surrealista, puro contraste.

Filme de culto a su manera, esta cinta muestra como la juventud local del instituto Angel Beach de Florida, busca diversiones en el año 1954. El modelo de historia ha tenido gran influencia en los guiones de las películas posteriores sobre adolescentes.

Perder la virginidad debería ser un sacramento, según la cultura comportamental contemporánea occidental. Así se hubiera evitado que estos chicos salidos y hormonales de instituto salieran humillados de sus intentos con una prostituta del club nocturno de Porky. El resto del filme es la trama de la venganza de los muchachos contra Porky y su hermano el Sheriff, que finalmente se consuma.

En la subtrama pululan las travesuras. La entrenadora, Beulah Balbricker, estaba caracterizada muy bien, con esa notable barriga y los pantalones ajustados en la cintura marcando todo el continente, divertidísima.  Hay una escena en la que los chicos espían a las chicas en su vestuario a través de un agujero. Son descubiertos y sacan la lengua por el orificio, pero las mujeres la untan con jabón, y el muchacho responde introduciendo su pene. Justo entonces entra la nominada entrenadora que agarra con fuerza el miembro sobresaliente, casi no podíamos parar de reír, creo que alguien se meó incluso. El chico consigue escaparse, pero la entrenadora ha visto que el rabo tenía un lunar, y está decidida a encontrar al dueño. Solicita que el Director desnude a todos los chicos en fila en el patio para que ella pueda identificarlo. Sin embargo, le niegan la solicitud y se vuelve obsesionada con su búsqueda mientras todos los demás se burlan de ella.

Mucho nos reímos con esta película gamberra, que resultó no ser estadounidense. Para nuestra sorpresa Porky’s acabó por ser la película canadiense más taquillera de la historia.

El tema de perder la virginidad salía a relucir en nuestro debate posterior, todos éramos vírgenes de momento, pero entre el SIDA y nuestro comportamiento infantil, no nos importaba mucho aún. Por supuesto que al llegar a casa ni mú, que eran películas prohibidas. – ¿De dónde vienes? – Del cine – ¿Qué película has ido a ver? – Howard el pato – ¿Pero esa no la habíais visto ya? – No, quisimos ir pero no había entradas – ¡Ah! ¿Y qué tal? – Horrorosa – todo mentira menos lo último.

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Amarcord

Los recuerdos de la gente se parecen
Los recuerdos de la gente se parecen

Madame 80 era tan simpática conmigo. Ahora me invitaba a ver una película italiana que había ganado el Óscar y que se llamaba Amarcord, así que le hice caso. Aunque la producción era de 1973, la cinta VHS era de 1984, completamente nueva, y la primera en respetar el formato original en video mediante letterboxing, es decir, preservando la relación de aspecto de la imagen original, muchas veces con el añadido de barras negras en la parte superior e inferior de la pantalla. El director era muy famoso, Federico Fellini, y nunca había visto nada suyo, así que me apetecía. Además la peli iba de un muchacho que crece en su pueblo italiano, con muchos componentes autobiográficos del propio director, que había nacido en Rímini, perfecto para mi ciclo de chicos que se adaptan.

La narración no es lineal exactamente, enseguida te das cuenta de que esta película no es como ninguna otra. Situada en la Italia falangista de 1930, la primavera llega al pueblo y a partir de ahí se exhibe un retablo completo de personajes caricaturizados hasta lo grotesco. Los maestros de la escuela se semejaban tanto a mis maestros que no supe si reír o llorar. Hay un narrador, una buena música de Nino Rota y un protagonista, Titta, el adolescente Alter Ego de Fellini, sobre el que gira una gran parte del particular mosaico compartimentado que conforma la narración, presentado como un joven despreocupado por su entorno pero absorbiendo datos del mundo que le rodea como una esponja.

Tiene escenas de comedia notables, como las travesuras de los colegiales, o la antológica escena de la estanquera asfixiando con sus exuberantes senos al pobre muchacho. En mi pueblo teníamos a Gregoria, que no era estanquera pero tenía unas tetas inmensas, y que desde entonces sería para mí la tía Fellini. La recuerdo con sus pechos inmensos y los guantes de catar vacas mientras fumaba un cigarrillo sin filtro. Que en paz descanse, yo me preguntaba si podrían cerrar el ataúd, pero sí pudieron.

Resultó que descubrí que Fellini estaba también a mi alrededor, sólo había que rascar un poco sobre el adoctrinamiento global y pensar con una ligera independencia. Algo le comenté a Madame 80 cuando le devolví la cinta, y ella me preguntó qué había sentido en la escena de la estanquera. Yo me reí, sin más, con una pizca de vergüenza.

Las tetas de la estanquera
Las tetas de la estanquera

Los Cazafantasmas

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Hay demasiados fantasmas

Jorge era un afortunado que se compraba las Bandas Sonoras de las películas y los discos que le daba la gana. Yo me contentaba con que a veces me grabara una cinta de cassette con una selección de temas, pero no tan a menudo como yo hubiera querido, porque el proceso era laborioso: Poner el disco, la cinta, darle al “record” justo cuando empieza la canción, escucharla entera y pararla justo al final. Luego cambiar de disco y volver a empezar hasta completar los 60 o 90 minutos de la cinta. Daba mucho trabajo. Yo necesitaba un tocadiscos pero no había manera. De todas formas seguía queriendo el vídeo antes que el aparato de música, y tampoco llegaba. Ahora que mi madre tenía un hijo más, que no nació niña como ella quería, sino varón, como todos, no había dinero ni humor para caprichos.

No sé si por eso o por qué, los ánimos estaban caldeados por casa y mi paternal Darth Vader tuvo un ataque de filantropía y nos llevó a todos al cine, y él también vino – ¡oh novedad! – después de tantos años vendría al cine con nosotros. Jamás imaginaríais la película que eligió: “Los Cazafantasmas“. Probablemente se dejó llevar por la publicidad tan extendida y machacona; y porque también tenía una canción pegadiza que sonaba a todas horas por todos lados. La historia es entretenida y mezcla fantasmas con humor, una comedia del más allá paranormal, sin pretensiones ni nada más que ofrecer que entretenimiento contando con la protagonista de “Alien” entre el reparto, Sigourney Weaver. Sin embargo fué un enorme éxito mundial y se hizo una secuela, lo que hasta a mi padre le pareció incomprensible.

La influencia del filme no nos poseyó como en otras películas, afectó poco a nuestro comportamiento tan permeable. Apenas llegamos a jugar con el aspirador por la casa buscando fantasmas y atrapando cortinas por un par de días. En el acto domiciliario de limpieza ectoplásmica descubrimos que los pelos de mi hermanito pequeño se rizaban muy graciosamente cuando le aspirábamos la cabeza, pero como tenía una piel muy sensible le quedaban rosetones y mi madre entró en cólera y nos quitó la diversión. Pobrecito mi hermanito. Luego se convertiría en mi hermano favorito a pesar de los experimentos.

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El Juego de la Sospecha

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Sospechosos

No sé si se puso de moda y caímos en ella, o si fue después de ver “El Juego de la Sospecha” en los minicines que nos volvimos locos por los detectives. En esa película nos ocurrió algo que no sé como describir. La vimos Jorge y yo una tarde de fin de semana, y nos reímos muchísimo, tanto que nos caíamos de la butaca, igual que cuando vimos “El Jovencito Frankenstein“. Estábamos riéndonos a mandíbula batiente cuando, en una escena, una chica llama a la puerta y canta que es un telegrama musical que va a repartir y directamente la matan cómicamente mientras canta y baila, y ahí ya nos desencajábamos.

Pues bien, le contamos a todo el mundo lo divertida que era esa película, debían de ir a verla corriendo, pero luego a nadie se lo pareció. De hecho la volvimos a ver unos años más tarde y nos resultó hasta sosa, no sé qué nos dio aquel día, la verdad. Hay veces que el estado de ánimo decide si una película te gusta o no, independientemente de si es buena o mala, y en esta debíamos estar muy animados o teníamos ganas de reírnos. En la película hay que adivinar quién es el asesino como en el juego del Cluedo. Decidimos pues que nuestra pandilla evolucionaría hacia una banda de detectives aficionados muy profesional, al estilo de los libros de “Los Tres Investigadores“, que estaban anunciados por Alfred Hitchcock, o de los famosos “Cinco“, de la escritora Enyd Blyton. Jorge tiraba más hacia Tintín, y usaba al fox Terrier de su cuñado como si fuera el perro del reportero.

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El sentido de la vida

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La vida no tiene sentido

Los Monty Python eran un boom en el imperio de Isabel, y como obtuve tres becas en respectivos años consecutivos, también me correspondió ver allí  “El sentido de la vida“, la clave filosófica del grupo humorístico. Para empezar me sorprendía sobremanera la canción: “Cada esperma es sagrado“, porque justo estaba aprendiendo yo en esos tiempos los asuntos del esperma. – Qúe atrevidos estos Monty Python – decía yo con mi pendiente dorado adherido en el lóbulo izquierdo del pabellón auricular. Un coro de decenas de hijos católicos cantaba candorosamente: “Si el esperma se desperdicia, Dios se enfada mucho”, justo antes de ser todos vendidos para experimentos médicos.

O la deliciosa canción que se le ocurrió al autor en un viaje por el Caribe: “Es maravilloso tener pene“. La peli acaba con la entrega de un sobre dorado que le dan a la presentadora en el que se descifra el auténtico Sentido de la vida: “Intenten ser amables, no coman grasas, intenten leer un libro de vez en cuando, den algunos paseos y vivan en paz y armonía con la gente de todos los credos y naciones”, para luego decir que va a ofrecer imágenes de penes por molestar.

Con la ayuda de  la irreverencia de Monty Python me fui borrando del catolicismo definitivamente, que ya apuntaba de antes, pese a los intentos de mi confesor, el pobre padre Don Angel, que vete a saber dónde andará el hombre. Y es que los blasfemos Monty Python son el Diablo. De todas formas, como buen ovetense, seguí yendo a misa algunos domingos por unos años, por hábito yo creo, o por inercia, o para evitar comentarios familiares, ya no me acuerdo. Era conveniente.

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Fawlty Towers

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La Pensión chiflada

Después de ver la vida de Brian me había quedado tan sorprendido que no sabía qué pensar – ¿Es divertido o es crítico? – y entonces el profesor, que era un entusiasta de los Monty Python, nos quiso convencer definitivamente a los que todavía dudábamos y nos puso varios episodios de la serie “Fawlty Towers“, y ahí sí, ya nos meábamos de la risa.

La acción se desarrolla en un hotel ficticio llamado Fawlty Towers en la localidad de Torquay, la llamada «Riviera inglesa». Fue escrita por John Cleese y Connie Booth, que a su vez interpretan dos personajes principales: el propio Cleese hace de Basil y Booth es Polly, la camarera. El propietario del Bed&Breakfast Fawlty Towers y su mujer llevaban el negocio de una manera excéntrica y desequilibrada. Cada episodio se superaba.

Se metían mucho con un camarero español, Manuel, que era de Barcelona y que no acababa de aprender el idioma, que esa era la visión que los ingleses tenían de los españoles, la verdad, ingenuos y confusos. Como el señor Manuel no entiende de la misa la media, los ingleses le excusan constantemente diciendo: es que es de Barcelona, y entonces el pobre Manuel, que sufre mucho de éstos ingleses chiflados, desarrolla la defensa propia de responder: «I know nothing I come from Barcelona» («Yo no sé nada, vengo de Barcelona»), cuando le quieren involucrar en algùn lío. Esa frase se la copiamos, y la decíamos en autobuses, tiendas, comercios, con gran éxito y aceptación entre los hijos de la Gran Bretaña.

Fawlty Towers ocupa la primera posición en la lista de los 100 mejores programas de televisión escogidos por el Instituto britànico de cine (BFI) en el año 2000, votado por profesionales de la industria, es que es muy buena.

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La vida de Brian

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Un Cristo paralelo

Entre los cines ingleses y las películas que nos ponían en el salón de actos del Instituto de idiomas me lo pasé en grande, no me perdía ni una, ni aunque fuesen para mayores. Una de las primeras que vi fue “La recluta Benjamín“, con una divertidísima Goldie Hawn haciendo de una torpe marine americana. Pero quizás el mayor y más divertido descubrimiento fueron los Monty Python. Nos pusieron “La vida de Brian” y fue un shock, porque era todo un atrevimiento en contra de la Iglesia Cristiana, establecer un paralelismo cómico con Jesucristo, ¡qué herejía en nuestra educación católica! ¡¡¡¡Y encima cantando desde la crucifixión!!!! Always look at the bright side of life (mira siempre al lado bueno de la vida) ¡¡Desde la cruz!! – qué buen consejo por otro lado, ya se le podía haber ocurrido al auténtico Jesucristo – y la canción era bien pegadiza, que la estuvimos silbando meses.

Algunos de mis compañeros se habían negado a verla, otros la criticaban, a unos pocos les encantó. Había alguno que incluso la criticaba sin haberla visto, y esto me costaba un poco de entender. Los suecos decían que la película era tan divertida que hasta la habían prohibido en Noruega, y los escàndalos de estreno se sucedieron por todas partes, pero yo pensaba – si no la quieres ver no la veas, pero déjanos a los que la queremos ver en paz – y eso me apartó aùn màs que el pendiente de pegatina de los demàs del grupo. Me convertí en el tío raro ese del pendiente que vomita tanto, y menos mal que no me habían visto el albornoz.

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El club de los monstruos

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Un atractivo club

Por ejemplo, después de ver “El club de los monstruos” en los minicines, sabíamos que aunque aún no conocíamos bien a Vincent Price, que mira que no ha hecho películas mejores el hombre, ya nos teníamos que quedar con su cara. Y además sale el grupo musical britànico UB40, que ya me empezó a gustar un poco.

Esa película reúne tres historias de monstruos mezclando miedo con humor, un cocktail inquietante. Me impresionó cómo le estalla la cabeza en la primera de ellas a una mujer que engaña al monstruo, un tal Shadmock, que se ha enamorado de ella. A pesar de que yo ya era un poco más mayor seguía teniendo pesadillas y sentía miedo en estas películas, pero a la vez una irresistible atracción, no sé por qué.

También sale un striptease de una mujer que se quita la ropa, se quita la piel y se queda en esqueleto pelado, qué genial.

Y Vincent price hace de Vampiro, que resulta que nunca había hecho ese papel, o apenas una vez. La segunda historia es de vampiros y la tercera de Ghouls.

En la película terminan diciendo que los humanos son los monstruos más terribles de todos, y volví a casa con esa frase en la cabeza – Mamá, ¿los seres humanos son monstruos terribles? – No hijo, no – Hoy ya sé que las madres también se equivocan.

El jovencito Frankenstein

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Jovencitos todos

Algo que envidiaba de Jorge era que él podía ir a las sesiones nocturnas del cine, la última sesión, porque iba acompañando a su hermana y al novio de ella. Yo nunca había ido a la última sesión y tenía ganas, debía de ser excitante ir al cine por la noche.
No recuerdo bien cuál fue la primera película a la que fuimos juntos, pero sí sé que una de las primeras fue además mi primera película de última sesión, y fuimos los dos solos porque el cine estaba junto a casa, que eran los Clarín. El caso es que me había contado un compañero de clase lo bien que se lo había pasado viendo “El jovencito Frankenstein” y se lo conté a Jorge que automáticamente se moría de ganas de verla, y convenció a su madre, y de rebote la mía aceptó, no se sabe muy bien por qué alineación planetaria. Allá fuimos.

Nos reímos en todos los golpes creo que sin excepción, desde el “vaya par de aldabas” que exclama el protagonista al referirse a la puerta y que la chica piensa que se refiere a sus pechos y responde agradecida, hasta los cerebros guardados en frascos secuenciales y tras el último se encuentra Igor, un criado con una joroba marcadísima que a cada rato se cambia de lado. Igor es un personaje genial. La frase de “podría ser peor, podría llover” que dicen cuando están en el cementerio excavando tumbas, nos acompañaría muchas veces, muy oportuna en una ciudad como Oviedo, en donde llueve siempre; y la escena en la que se sienta en el columpio con la niña y ella sale volando por los aires y aterriza en su cama nos hizo desternillarnos de risa, no sé si llegamos a caernos de la butaca. ¡Qué bien nos lo pasamos, y qué tarde volvimos a casa! Estuvo fenomenal. Nos apuntamos a Mel Brooks y a Gene Wilder en la sesera, para la próxima. A Marty Feldman también, pero justo se murió ese año. Una pena.

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El mundo está loco, loco, loco

Loco, loco, loco
Loco, loco, loco

Y entonces volvimos a Asturias. De repente, sin casi aviso, una mudanza. Ya había pasado suficiente tiempo para que el penalty fuera olvidado, la familia había crecido en dos hijos más y era respetable y estable. Mi padre había demostrado su capacidad en el banco a costa de perder un poco el juicio, lamerle el culo a algún jefazo y saturarse de mala leche, y mi madre cosía trajes y vestidos entre sus quehaceres del hogar, que éramos nosotros básicamente. Habíamos comprado una casa en Oviedo pero la teníamos alquilada, y como nos pilló totalmente desprevenidos volver tan súbito antes de lo previsto, pues tuvimos que improvisar. Alquilamos otro apartamento en la ciudad, en un décimo piso, y tuve que dejar atrás la estupenda escuela de los Jesuitas en Bilbao, en la que eran tan geniales que a veces hasta nos ponían películas en el salón de actos, como si hubiera un cine de verdad en el colegio. Allí pude ver el festival Tom y Jerry, o un documental sobre la lluvia en el desierto y como el agua trae la vida, muy bonito, o la película “El mundo está Loco, loco, loco“, con la que nos meábamos de risa y hasta nos aprendimos la canción. Las películas antiguas podían ser tan buenas e incluso mejores que las nuevas películas, aunque sin los efectos especiales que tanto me asombraban, pero con calidad Technicolor e historias excelentes. La película en cuestión es una persecución frenética de un grupo fortuito de gente en busca de un supuesto tesoro. En el reparto principal salen Spencer Tracy y Mickey Rooney, pero tienen apariciones estelares Buster Keaton, Jerry Lewis y el grupo The Shirelles, entre tantos, porque es una locura de film lleno de gente que corre de un lado para otro impulsada por la codicia. La película estuvo nominada a varios Oscars, y ganó uno. Figura en las listas de las mejores comedias de todos los tiempos, probablemente porque divierte por igual a grandes y pequeños. La prueba es que se la puse en video, años después, claro, a mi hermanito pequeño, que se rió tanto que se cayó del sofá, se hizo una brecha contra la mesa y acabó en urgencias a coserse puntos, qué loco.

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