Category Archives: Monty Python

Laberinto

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Van Jim Henson, George Lucas y David Bowie y hacen una peli

Un día vas al cine a ver una gran película y de repente ocurre que la película es realmente grande, te subyuga, te encanta, te fascina, te magnetiza…. Si hubo una película mítica entonces esa fue “Laberinto“, de Jim Henson con David Bowie en el papel de malo malísimo, y la rehabilitación de George Lucas como productor, después del sonado fiasco de Howard el pato.

Un miembro de Monty Python hizo el primer borrador del guión, y grandes guionistas fueron añadiendo cosas, incluyendo a George Lucas, no es de extrañar la calidad del resultado. Sin embargo, incomprensiblemente, no resultó un éxito de taquilla. Las críticas fueron mixtas, había buenas y malas (Un crítico famoso dijo que el film no estaba vivo), y el fracaso comercial desmoralizó tanto a Jim Henson que no quiso volver a dirigir más películas, qué pena. No es tan fácil ser verde, de verdad que no.

La película es un cuento fantástico de duendes y goblins, en donde una chica harta por un instante de su medio-hermanito se lo entrega al rey de los goblins, pero enseguida se arrepiente, jamás pensó en las consecuencias, y tiene que ir a rescatarlo al castillo de Bowie, que está al final de un intrincado laberinto repleto de trampas y divertidas criaturas del mundo de Jim Henson: Ludo, Hoggle, Sir Didymus, Ambrosius, el musgo con ojos… Personajes entrañables, con carácter y nobleza. Una maravilla para todos los públicos que derrocha imaginación por los cuatro costados, y la música es de Bowie, ¿acaso se puede pedir más?

Casi no la nominaron a ningún premio, y ni siquiera ganó el Bafta a los efectos visuales de 1986, que fue para Aliens. Por suerte se habían creado precisamente para esto los Premios Polín, para reparar injusticias mundiales de resonancia interestelar, y en nuestros galardones resarcimos el daño.

Al llegar a casa, le dí un besito a mi hermanito, no fuera que los goblins se pensaran que podían llevárselo.

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El sentido de la vida

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La vida no tiene sentido

Los Monty Python eran un boom en el imperio de Isabel, y como obtuve tres becas en respectivos años consecutivos, también me correspondió ver allí  “El sentido de la vida“, la clave filosófica del grupo humorístico. Para empezar me sorprendía sobremanera la canción: “Cada esperma es sagrado“, porque justo estaba aprendiendo yo en esos tiempos los asuntos del esperma. – Qúe atrevidos estos Monty Python – decía yo con mi pendiente dorado adherido en el lóbulo izquierdo del pabellón auricular. Un coro de decenas de hijos católicos cantaba candorosamente: “Si el esperma se desperdicia, Dios se enfada mucho”, justo antes de ser todos vendidos para experimentos médicos.

O la deliciosa canción que se le ocurrió al autor en un viaje por el Caribe: “Es maravilloso tener pene“. La peli acaba con la entrega de un sobre dorado que le dan a la presentadora en el que se descifra el auténtico Sentido de la vida: “Intenten ser amables, no coman grasas, intenten leer un libro de vez en cuando, den algunos paseos y vivan en paz y armonía con la gente de todos los credos y naciones”, para luego decir que va a ofrecer imágenes de penes por molestar.

Con la ayuda de  la irreverencia de Monty Python me fui borrando del catolicismo definitivamente, que ya apuntaba de antes, pese a los intentos de mi confesor, el pobre padre Don Angel, que vete a saber dónde andará el hombre. Y es que los blasfemos Monty Python son el Diablo. De todas formas, como buen ovetense, seguí yendo a misa algunos domingos por unos años, por hábito yo creo, o por inercia, o para evitar comentarios familiares, ya no me acuerdo. Era conveniente.

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Los héroes del tiempo

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La imaginación al poder

Pero pese a la risa derrochada, la película Monty Python que más me gustó en aquellos momentos no era precisamente una comedia al uso: fue “Los Héroes del Tiempo“, de Terry Gilliam. Ya entonces con mi amigo Jorge seguíamos y nos empapábamos de toda la información posible sobre películas, y aún así nunca había oído hablar de ésta, menuda sorpresa que se nos escapaba, ¿Cómo había sido posible? La película me cautivó desde el primer segundo y me mantuvo firmemente atrapado en la butaca desde el principio hasta el fin, embebido en la desparramada imaginación que fluía desde la pantalla por todos lados, a merced de unos enanos embaucadores que transitaban frenéticamente por los tiempos de los tiempos.

La trama va de un niño imaginativo que tiene unos padres consumistas y anodinos que de repente se ve involucrado en una aventura increíble transportado en el tiempo gracias a unos enanos que le han robado un mapa del tiempo al Ser Supremo. Los ladronzuelos pretenden hacerse ricos y visitan a Napoleón, a Robin Hood, pasan por el laberinto del Minotauro en Creta, por el Titanic… y les persigue el malvado diablo que también quiere el mapa. El final es curioso, nada al uso. “Héroes del Tiempo“, hasta el título me daba vueltas en la cabeza. Y en la película salía de nuevo Dios, caricaturizado en la misma línea herética que les gustaba a los Python. En el original inglés no eran héroes, sino que eran los bandidos del tiempo, pero la traducción española traicionó al original por incomprensibles motivos de mercado católico.

La película sedimentó en mi cerebro para siempre. Muy recientemente en estos tiempos de hoy, miraba a mi padre ya envejecido podando el seto del jardín de la casa del pueblo y pensaba: – Del reverso tenebroso de la Guerra de las Galaxias a los enanos de los Héroes del Tiempo, mi padre ha pasado de ser Darth Vader a diseñador de arbustos, en referencia a uno de los personajes de la película que es degradado por el Ser Supremo como castigo por sus travesuras. El tiempo. Héroes y Bandidos.

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Fawlty Towers

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La Pensión chiflada

Después de ver la vida de Brian me había quedado tan sorprendido que no sabía qué pensar – ¿Es divertido o es crítico? – y entonces el profesor, que era un entusiasta de los Monty Python, nos quiso convencer definitivamente a los que todavía dudábamos y nos puso varios episodios de la serie “Fawlty Towers“, y ahí sí, ya nos meábamos de la risa.

La acción se desarrolla en un hotel ficticio llamado Fawlty Towers en la localidad de Torquay, la llamada «Riviera inglesa». Fue escrita por John Cleese y Connie Booth, que a su vez interpretan dos personajes principales: el propio Cleese hace de Basil y Booth es Polly, la camarera. El propietario del Bed&Breakfast Fawlty Towers y su mujer llevaban el negocio de una manera excéntrica y desequilibrada. Cada episodio se superaba.

Se metían mucho con un camarero español, Manuel, que era de Barcelona y que no acababa de aprender el idioma, que esa era la visión que los ingleses tenían de los españoles, la verdad, ingenuos y confusos. Como el señor Manuel no entiende de la misa la media, los ingleses le excusan constantemente diciendo: es que es de Barcelona, y entonces el pobre Manuel, que sufre mucho de éstos ingleses chiflados, desarrolla la defensa propia de responder: «I know nothing I come from Barcelona» («Yo no sé nada, vengo de Barcelona»), cuando le quieren involucrar en algùn lío. Esa frase se la copiamos, y la decíamos en autobuses, tiendas, comercios, con gran éxito y aceptación entre los hijos de la Gran Bretaña.

Fawlty Towers ocupa la primera posición en la lista de los 100 mejores programas de televisión escogidos por el Instituto britànico de cine (BFI) en el año 2000, votado por profesionales de la industria, es que es muy buena.

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La vida de Brian

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Un Cristo paralelo

Entre los cines ingleses y las películas que nos ponían en el salón de actos del Instituto de idiomas me lo pasé en grande, no me perdía ni una, ni aunque fuesen para mayores. Una de las primeras que vi fue “La recluta Benjamín“, con una divertidísima Goldie Hawn haciendo de una torpe marine americana. Pero quizás el mayor y más divertido descubrimiento fueron los Monty Python. Nos pusieron “La vida de Brian” y fue un shock, porque era todo un atrevimiento en contra de la Iglesia Cristiana, establecer un paralelismo cómico con Jesucristo, ¡qué herejía en nuestra educación católica! ¡¡¡¡Y encima cantando desde la crucifixión!!!! Always look at the bright side of life (mira siempre al lado bueno de la vida) ¡¡Desde la cruz!! – qué buen consejo por otro lado, ya se le podía haber ocurrido al auténtico Jesucristo – y la canción era bien pegadiza, que la estuvimos silbando meses.

Algunos de mis compañeros se habían negado a verla, otros la criticaban, a unos pocos les encantó. Había alguno que incluso la criticaba sin haberla visto, y esto me costaba un poco de entender. Los suecos decían que la película era tan divertida que hasta la habían prohibido en Noruega, y los escàndalos de estreno se sucedieron por todas partes, pero yo pensaba – si no la quieres ver no la veas, pero déjanos a los que la queremos ver en paz – y eso me apartó aùn màs que el pendiente de pegatina de los demàs del grupo. Me convertí en el tío raro ese del pendiente que vomita tanto, y menos mal que no me habían visto el albornoz.

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