El bisabuelo

Chaplin times

Después de esta primera experiencia cinematográfica como espectador, exitosa porque me porté muy bien, y con la única secuela de un par de pesadillas que tuve con la bruja mala, y que atribuyeron en parte a la llegada del nuevo hermano, seguí insistiendo en ir al cine, ahora con total seguridad y desprovisto de reservas. Ya sabía que no era una televisión gigante, sino una pantalla blanca que ocupaba toda la pared, y que la gente se sentaba en las butacas en filas y a oscuras, pero que un señor con linterna te ayudaba a encontrar el asiento, y que había que tener suerte para que no se te colocara delante una señora con moño que tapase la visión, que entonces se llevaban mucho los moños. La taquillera te vendía la entrada, un trozo de papel numerado en el que venía el nombre de la sala y tu sitio. Pero era caro y no se podía ir siempre que uno quisiera, así que tuve que esperar para volver. Mucho.

La siguiente vez fui con mi madre, esta vez ya al cine Olympia, y ya cerca de los 5 años. Los sábados echaban sesión continua de tarde, esto es, que pagas una entrada y te puedes quedar toda la tarde a ver la película una y otra vez hasta que te canses o hasta que cierren y te saquen.
A mi madre le encantaba el cine. Siempre me contaba que en Luarca iban al cine a ver a James Dean, Elizabeth Taylor, Marlon Brando, pelis del Oeste y pelis de aventuras, comedias de Jerry Lewis, de Rock Hudson, romances en tecnicolor. Mi madre era de un pueblo de la costa asturiana, y lo del gusto al cine ya venía de mi bisabuelo. Al hombre, que había nacido justo en el año 1900, le encantaban las películas mudas, y aunque muchas veces intentamos que viera otras películas, no conseguíamos nunca convencerle, a él no le llamaban la atención. Cuando llegaban los créditos solía exclamar “Cuánta gente para hacer esta mierda”. Nadie lo sacaba de su admirado Charles Chaplin; quizás a lo mejor un poco del Gordo y el Flaco y puede que algo de los hermanos Marx. Recuerdo verlo reír a carcajadas a sus 95 años frente a “La quimera del Oro” de 1925, y que al acabar dijo: “Nunca se han vuelto a hacer películas como éstas”.

Gold Rush

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