Category Archives: aventuras

Aliens

14061999172_4147f81296_oA medida que nos hacíamos mayores gozábamos de más libertad, y era precisamente en las celebraciones de cumpleaños cuando estirábamos nuestros límites, aprovechando la coyuntura. Mientras nuestros padres se pensaban que íbamos a clubs y disco-bares a fumar nuestras primeras caladas, nosotros en realidad salíamos en busca de aventuras cada vez más atrevidas y cinefílicas. En cierta ocasión fuimos a una casa abandonada que la llamaban la casa drogada, porque allí iban muchos drogadictos a pincharse, ya se sabe, en los 80 se pinchaba mucha gente. Entramos con una linterna simulando la atmósfera de Aliens, el regreso, y los Aliens serían los drogadictos o cualquiera que nos pudiéramos encontrar, ya te digo, un poco locos sí que estábamos. La casa abandonada y medio destruida recreaba un ambiente terrorífico ideal para pasar un día inolvidable de cumpleaños. Pisando con cuidado, con botas, rompiendo cristales a nuestros pasos – ¡Shhh! No hagáis ruido! – nos adentrábamos iluminando con haces gruesos de luz en la mansión Nostromo. Todos juntos, contactando físicamente y avanzando en grupo compacto llegamos al gran salón. Silencio. No se detectan formas de vida. De repente una criatura oscura y maloliente se lanzó conra nosotros – !Aghhh¡ – Aunque no encontramos ningún Alien, por suerte seguramente, sí que conseguimos rescatar a una paloma que estaba atrapada en un cuarto y no podía volar. Menudo susto nos dió, pero luego conseguimos capturarla y la soltamos fuera. Misión cumplida. Nuestros héroes vuelven a casa.

La atmósfera ténebre y claustrofóbica de Alien se mantenía en la segunda parte de la saga, recién estrenada, casi tan buena como la primera. Ripley nos tenía completamente subyugados, y eso es evidente, tal y como habíamos celebrado ese cumpleaños. Y la criatura hostil, el Alien de Giger, es una maravilla del diseño, un ser terrorífico y ultra moderno, tanto, que verlo da miedo y gusto a la vez. Buff.

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Howard el Pato

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Nace un pato

Otro dato que corrobora que estábamos creciendo es que de repente no todas las películas fantásticas nos gustaban. Si antes nos tragábamos lo que fuera y aceptábamos cualquier despropósito, ahora de repente éramos más críticos. Entre los fiascos de ese año destacaron “Howard el Pato“, que era un pato héroe, pero que aburría, y “FX efectos mortales“, que salía resaltada en el “Ecran fantastique” y de la que me esperaba mucho, y más con ese título, pero nada, bastante floja.

Howard el pato era un héroe de cómic americano Marvel desconocido en España, y que llevaba publicándose desde 1973. Tenía una intención satírica con toques existenciales. Su autor, Steve Gerber, decía que: “Los momentos más serios y los más estúpidos de una vida a menudo sólo se pueden distinguir dependiendo del punto de vista del momento”. La película sin embargo optó por la simplicidad en busca de la taquilla sin pensar que el éxito del cómic igual era la cómica visión filosófico-ontológica. Hicieron un film para todos los públicos sobre un pato del espacio exterior “sin que se implique ninguna experiencia existencial”. Error primero.

George Lucas estaba en la producción, y no podía decepcionarnos. Filmaron en imagen real, y no en Dibujos animados, como hubiera sido más fácil, y dejaron un final abierto hacia una posible segunda parte. Error segundo. La película fue un fracaso rotundo y figura en las listas de peores películas de la historia. Recibieron palos hasta la extenuación, críticas hasta de la revista “Caballo y sabueso“, no le gustó a nadie. La apariencia del pato Howard, marioneta y animatronic, se criticó como poco convincente porque su boca no se movía bien, porque estaba como borracho, tenía un aire pervertido y un rostro inexpresivo y plasticoso. George Lucas nos decepcionó.

La canción de la película tampoco resultó, fué nominada al razzie a la peor canción y era tan mala que ni siquiera ganó eso. No les funcionó nada en esta producción a los pobres, algo para olvidar.

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El Nombre de la Rosa

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Trío fantástico

“La pequeña tienda de los horrores”, “Gran Golpe en la Pequeña China” y “El vuelo del Navegante” completaban la lista de nuestras películas fantásticas favoritas del año.

La tienda de los horrores era una película musical basada en una obra de Broadway que a su vez estaba inspirada en una película de 1960 de Roger Corman; Les quedó una peli curiosa, irónica y divertida, aunque algunos dentistas de quejaron.

John Carpenter, admiradísimo, dirigía a Kurt Russell en el “Golpe en la pequeña China“. El pobre actor se pasó toda la película sudando porque tenía una gripe fuerte durante el rodaje, y transmitía tanto bochorno que al salir del cine todos sudábamos a chorros.

El vuelo del navegante” era una producción Disney dirigida por el director de Grease. Cuenta la historia de un niño de 12 años llamado David, abducido por una nave espacial extraterrestre que le traslada 8 años en el futuro.

Pero el premio Polín a la mejor escena del año, sin embargo, se lo dimos a “El nombre de la Rosa“, por la escena sexual en la que el joven novicio Adso de Melk se ventila a la muchacha que pasaba por allí, y que hay que reconocer que estaba fenomenalmente hecha y lo bien que se lo pasa, que se ve que se puso muy cachondo. El monje que investiga los crímenes en una abadía medieval franciscana es Guillermo de Baskerville, el actor Sean Connery, que estaba de moda. Recién lo veíamos en Los Inmortales, y volvía otra vez a la Gran Pantalla con una historia literaria de misterios. La película estaba muy bien, nos gustó mucho a todos, quizás porque era ya para mayores y nosotros empezábamos a sentirnos adultos, y todos quisimos leer el libro, pero este caso es uno de los ejemplos en los que la película está mejor que el libro, porque el best seller de Umberto Eco está muy bien montado y ambientado, pero resulta un poco plúmbeo, y el filme engancha de principio a fin.

Los Inmortales

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¡Que te afeito!

Los inmortales” estaba entre las películas candidatas para nuestros galardones particulares. Nos encantaba la canción de QueenA kind of Magic“. Con el tiempo, sin embargo, nos fue gustando más “Who wants to live forever”, al fin y al cabo, quién quiere vivir para siempre, que es la reflexión que obtuvimos del film. En esta película los inmortales son un grupo de humanos que pululan por la historia universal y se tienen que matar unos a otros en duelo directo y uno contra uno, que la única forma que tienen de matarse es cortándose la cabeza enterita, que para eso son inmortales, y así transcurre el relato, sólo puede quedar uno. No pueden tener hijos y lucen estupendamente por los tiempos de los tiempos, tampoco es tan terrible, ¿no? Pero ellos sufren:

MacLeod, yo nací hace 2437 años. Durante este tiempo, he tenido tres mujeres. La última fue Shakiko, una princesa japonesa. (…) Cuando Shakiko murió, quedé destrozado. Querría ahorrarte ese dolor. Por favor, deja a Heather

El último inmortal se queda con el poder de todos los anteriores y adquiere la sabiduría para guiar al mundo hacia la luz o hacia las sombras, dependiendo del caracter del ganador. Tranquilos, ganan los buenos. En mi casa jugábamos a los inmortales tirándonos las zapatillas, que también duele bastante y siempre acababa llorando alguien: sólo puede quedar uno. Si el auténtico mensaje de la película es que no hay que perder la cabeza, ése, a nosotros, se nos escapaba por completo.

Terror casero

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La casa de Jorge daba miedo ya de por sí (no era ésta, era un poco más modesta)

El pueblo de la familia de Jorge estaba cerca de mi pueblo, en la costa, y nos visitábamos a veces en vacaciones. Hubo confianza interfamiliar y nos permitieron ir y venir. Pues bien, conseguimos organizar un fin de semana los 4 amigos solos en la casa del pueblo de Jorge y nos dedicamos a contar historias de terror inventadas, casi todas basadas en historias que habíamos leído o escuchado por la radio, y después salíamos al bosque con linternas, como en la Bruja de Blair pero mucho antes de que se ideara. En una de esas salidas, estúpidamente felices sufriendo de miedo, todos agarrados con todos, en grupo, nos adentramos inmersos en una noche oscura cerca del río, y con el Redrum en la cabeza que íbamos diciendo en broma para asustarnos, de repente salió una criatura enorme y peluda de entre las sombras y rugió como si nos fuese a devorar a todos y cada uno de nosotros. Gritamos y salimos corriendo – ¡¡¡Aghhhh!!! – con el corazón en la garganta, aterrorizados como nunca: era un pequeño jabalí que se escapaba en la dirección opuesta posiblemente tan asustado como nosotros. Pero qué susto, ¡mi madre!

Otro de los pasatiempos era preparar escenarios de terror en la casa, que era una casona antigua muy pintoresca y evocadora, y los otros tenían que enfrentarse a ellos, como por ejemplo dejar un casete hablando desde un armario, montar un muñeco y ahorcarlo de una viga, para que parezca real en la oscuridad entre efectos de iluminación con linternas y velas. Dejar una cabeza de carnero sobre una bandeja y pintar una estrella de 5 puntas hasta acabar la acuarela roja, fantasmas de alambre que eran sábanas flotando… este tipo de barbaridades que nos traían tan entretenidos, escenografía macabra. Un cráneo que nos habían prestado de un estudiante de medicina, nos daba tanto miedo solo tenerlo, que lo escondimos para no volverlo a ver, y se nos olvidó. Lo encontró la madre de Jorge mientras subida a una escalera buscaba una olla grande en un aramarito de la recocina. Casi se mata la mujer del susto, y hubo que convencerla de que no llamase ¡a la policía!

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Jo, ¡qué noche!

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La noche tiene sus peligros

Estrenaban una película de un director muy aclamado por la crítica que tenía unas cuantas obras maestras a sus espaldas, y del que todavía no había visto nada, se llamaba Martin Scorsese. Le habían puesto un título chocante por espantoso, quizás querían engañar al público, no sé a quién se le ocurrió semejante título: “Jo, ¡qué Noche!”, que en realidad se llamaba After Hours.  La peli de Scorsese estaba muy pero que muy bien, yo estaba seguro de que sería una firme competencia de Spielberg en los Òscar de 1985, pero sin embargo no tuvo nada de éxito y además, no sé por qué, entraba en los premios del 86, que tampoco ganó ninguno, excepto un premio en Cannes. Decían que estaba maldita porque la habían estrenado un viernes 13, y puede ser, porque ni público ni nominaciones ni nada, fué un desastre y cayó en el olvido total. De hecho la pasaron enseguida a los minicines y la tuve que ir a ver un Domingo por la tarde con Diego, que ya empezaba a disfrutar de cierta libertad condicional concedida por su padre y se apuntaba a un bombardeo o lo que fuese después de su prolongado encierro debido a aquel asunto con la policía, porque ésta ni siquiera Jorge quería verla.

Las críticas fueron tibias, y el público no asistía a las salas pese al llamativo título castellano. Quizás las novedosas técnicas de rodaje de Scorsese, que reconoció en algún momento que parodiaba el estilo de Hitchcock, y este señor es intocable para los eruditos y pseudoanalistas, no fueron bien vistas. Excepto en Cannes, no se valoraron los progresistas experimentos de Scorsese, que se lo curró bien. Hasta un poco de Kafka metió el tío en el guión. Los actores no se salvaron de los intríngulis y por ejemplo Griffin Dune protagonizó uno de los más famosos “end slating” de la historia del cine. Consiste esto en que se comienza a filmar después de un período más o menos largo de acción relacionado con la escena, pero que no está en el guión. Dune se fué al bar de al lado, se puso a gritar e invitó a todo el mundo a una copa, pagaba él. Cuando todos estaban contentos y brindando, se escapa sin pagar y entra corriendo en el Club Berlín, el de la película, y justo ahí se empieza a rodar.

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Back to the Future

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¿Te imaginas volver a la época de tus padres cuando se conocieran?

El gran éxito de la temporada fue “Regreso al Futuro“, que arrasó en taquilla y que se convirtió en símbolo generacional. Yo tuve el honor de verla casi en el estreno, en el Real Cinema. Al parecer Robert Zemeckis tenía el guión en el bolsillo ya hacía un tiempo y nadie le tomaba cuenta al pobre hasta que tuvo un inesperado éxito con “Tras el Corazón Verde“, y entonces la pudo dirigir al fin, bajo los auspicios de Spielberg, cómo no.

Michael J Fox hace de Marty McFly y viaja en el tiempo para encontrarse con sus padres antes de que se conocieran y se las ve y se las desea para no provocar cambios que afecten al futuro, como por ejemplo que él mismo no llegue a nacer nunca. La historia es redonda, entretenida y entretejida con habilidad, progresiva y con un final estupendo, al son de la música épica de Alan Silvestri y los temas rockeros de Huey Lewis & the News y una versión magnífica de Johnny B Goode, de Chuck Berry.

¿Qué hubiera hecho yo si me encontrase en su misma situación? Nosotros no teníamos un DeLorean DMC-12, pero ahí en el garaje seguía el citroen Méhari abandonado por algún vecino que bien podría valer, que rayos caen un porrón. Al llegar a casa: – ¿Mamá, tú como conociste a Papá? – Éramos vecinos, vivíamos en la misma casa – ¿Y cómo os hicisteis novios? – en el baile de San Timoteo, en las fiestas – ¿Y si regresaseis al pasado cambiarías algo? – Y mi madre con el cuarto varón bebé en brazos chupándole la enorme teta colgante me confesó entonces que se tuvieron que casar corriendo de penalty cuando yo llevaba dos meses de vida fetal. Si yo fuera Michael J Fox y viajara al pasado… elegiría sin duda volver a nacer, o ¿quizás sería mejor que no? Uno no elige nacer nunca, esa es la verdad única. A donde vamos no necesitamos carreteras.

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Explorers

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Nosotros mismos retratados

Otro cuento cinematográfico de ese año fué “Explorers“, una peli donde un grupo de jóvenes inteligentes y soñadores como nosotros, superada ya la fase Gremlin, construyen una nave espacial que les pondrá en contacto con los extraterrestres. Nos sentimos muy retratados en este filme. Era una delicia de película con Ethan Hawke y River Phoenix, que debutaban en el cine, bajo la alargada sombra, como no, de Spielberg. La iba a dirigir el mismo de la Historia Interminable, Wolfgang Petersen, pero le acabó cayendo a Joe Dante, que venía de hacer “Gremlins” con mucho éxito. Como tantas veces pasa en Hollywood, la productora le metió prisa y el hombre no pudo hacer la película que quería, y por eso tampoco fué un éxito. Quizás también porque se estrenó al mismo tiempo que el Live Aid de Bob Geldof y Midge Ure, el famoso concierto contra la hambruna en Etiopía. Pese a la pobre taquilla, una vez más se convirtió en una película de culto, y nuevamente nosotros estábamos en el subgrupo freakie de admiradores incondicionales, porque éramos auténticos Explorers ilusionados con el espacio exterior y con el contacto con extraterrestres.

En el garaje de nuestro edificio había un coche viejo semiabandonado, un citroen Méhari naranja en el que era muy fácil meterse, porque la entrada era de plástico. Este vehículo se convirtió en nuestra nave espacial y base de los nuevos exploradores interestelares; incluso conseguimos arrancarlo una vez, pero el portero nos pilló y terminó tajante y bruscamente con nuestro viaje galáctico. Paradojas del destino, huíamos por el oscuro y polvoriento garaje del edificio mientras los extraterrestres nos esperaban impacientes en algún lugar ignoto de la inmensidad celeste, sin que nos permitiesen contactar con ellos. ¡Maldito portero!

 

 

La Joya del Nilo

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Las pernacas otra vez

Hubo un año en que nos hicimos un poco más mayores. Nuestra pandilla se consolidó con 4 elementos: éramos Jorge, Víctor y yo, y pronto se uniría Carlos, que no era vecino sino compañero de clase de Víctor, de escuela buena, y que se aburría el pobre en casa. En un principio no me gustaba la idea de tener un extranjero en el grupo, pero el hombre, hijo único, pobrecito, y sus padres en proceso de separación, se hizo querer y los cuatro nos hicimos pandilla y amigos inseparables del alma, e íbamos al cine casi todos los fines de semana, normalmente sábados después de comer. Los niños de cine.

Una de las primeras fue la mencionada y esperada “La joya del Nilo“, segunda parte de “Tras el corazón Verde” y que también tenía una canción pegadiza que enseguida empezaron a poner en la discoteca infantil Albert Hall. “When the Going Gets Tough, the Tough Get Going“. Esta me la aprendí de memoria, me gustaba y mi nivel de inglés estaba siendo muy bueno con tanto viaje a Inglaterra. Como odioso empollón y soberbio preadolescente, en inglés, hasta me permitía corregir al profesor a veces, que me detestaba el hombre, pero es que no tenía ni idea, era un tipo mediocre que todo el inglés que conocía era apenas el libro de texto e incluso nos enseñaba mal, y a mí me encantaba sacarlo de su texto – Profe – le preguntaba – he visto esta película con esta canción, ¿Qué significa? – en aquellos tiempos no existía Google ni internet, así que si no lo sabía tenía que reconocerlo, y luego yo daba la respuesta: – Creo que debe ser algo así como: “es cuando las cosas se ponen difíciles, que se ve quienes son los tipos duros” – verdaderamente un niño odioso. El profe me confrontaba, me contradecía incluso sabiendo que yo tenía razón, y me ponía un notable en los exámenes en venganza, en vez de sobresaliente, y casi pierdo la beca por su culpa. Si alguien busca la explicación de por qué los niños no aprendían inglés en la EGB, la respuesta, yo creo, que es muy clara.
http://youtu.be/lIxUKbV0UEM

El mundo está loco, loco, loco

Loco, loco, loco
Loco, loco, loco

Y entonces volvimos a Asturias. De repente, sin casi aviso, una mudanza. Ya había pasado suficiente tiempo para que el penalty fuera olvidado, la familia había crecido en dos hijos más y era respetable y estable. Mi padre había demostrado su capacidad en el banco a costa de perder un poco el juicio, lamerle el culo a algún jefazo y saturarse de mala leche, y mi madre cosía trajes y vestidos entre sus quehaceres del hogar, que éramos nosotros básicamente. Habíamos comprado una casa en Oviedo pero la teníamos alquilada, y como nos pilló totalmente desprevenidos volver tan súbito antes de lo previsto, pues tuvimos que improvisar. Alquilamos otro apartamento en la ciudad, en un décimo piso, y tuve que dejar atrás la estupenda escuela de los Jesuitas en Bilbao, en la que eran tan geniales que a veces hasta nos ponían películas en el salón de actos, como si hubiera un cine de verdad en el colegio. Allí pude ver el festival Tom y Jerry, o un documental sobre la lluvia en el desierto y como el agua trae la vida, muy bonito, o la película “El mundo está Loco, loco, loco“, con la que nos meábamos de risa y hasta nos aprendimos la canción. Las películas antiguas podían ser tan buenas e incluso mejores que las nuevas películas, aunque sin los efectos especiales que tanto me asombraban, pero con calidad Technicolor e historias excelentes. La película en cuestión es una persecución frenética de un grupo fortuito de gente en busca de un supuesto tesoro. En el reparto principal salen Spencer Tracy y Mickey Rooney, pero tienen apariciones estelares Buster Keaton, Jerry Lewis y el grupo The Shirelles, entre tantos, porque es una locura de film lleno de gente que corre de un lado para otro impulsada por la codicia. La película estuvo nominada a varios Oscars, y ganó uno. Figura en las listas de las mejores comedias de todos los tiempos, probablemente porque divierte por igual a grandes y pequeños. La prueba es que se la puse en video, años después, claro, a mi hermanito pequeño, que se rió tanto que se cayó del sofá, se hizo una brecha contra la mesa y acabó en urgencias a coserse puntos, qué loco.

Mad worldLoco mundo