Category Archives: Nostalgia

Bird: Epílogo 2

Un pájaro brillante
Un pájaro brillante

Jorge

Jorge convenció al reverso tenebroso de su casa para que lo enviasen a Estados Unidos a estudiar COU. No le fue difícil convencer a su padre después de tantas pilladas con su amante secreta, así que solicitó Nueva York, Los Angeles, San Francisco, Seattle y Miami, y lo enviaron a un renuente agujero en Texas, un lugar llamado Abilene. Allí no lo pasó muy bien, tuvo dificultades, pero se graduó con fiesta y todo, anuario, baile fin de curso y al terminar se inscribió en una importante universidad de cine. Su padre volvió a poner lo que hiciera falta, no le quedó otro remedio, y aunque Jorge siguió pasando dificultades, consiguió estudiar cine en Nueva York. Por las noches recorría los restaurantes del barrio a la hora del cierre para recoger las sobras de la comida. Comió tanto pollo que le crecieron las tetas. Menos mal que su madre lo recuperaba al pobre cuando volvía al terruño. Mientras esperaba la comida escuchó mucho jazz

En sus primeros cortos de trabajo usó historias mías, como aquella de las dos rubias fabulosas que pactan la defunción de una de ellas para ver cuánta gente viene al funeral, y la otra va y la entierra viva para quedarse la más bella del barrio. Jorge la hizo con Barbies, le quedó muy bien. Luego hizo otro que ganó un premio en Valencia y otro sobre la muerte que era pueril y confuso. El corto que lo puso en el candelero en España contaba con elementos de mi invención, yo me sentía orgulloso. Empezó a moverse bien. Gracias a él conocí a Elena Anaya, Alejandro Amenábar, J.A. Bayona, Carmen Balagué, Belen Rueda, Ingrid Rubio, Hipólito Rincón, Fernando Cayo, Joaquín Oristrell, Paul Naschy, Mateo Gil, Gaël Morel… Casi llegamos a conocer a Céline Dion, pero no nos dejó por si le arruinábamos la reunión, que habíamos comprado bombas fétidas.

Jorge materializó un sueño que yo también tenía, el de pasarse al otro lado de la pantalla, el de hacer cine. Justo antes de recibir su primer Goya, recibió el último premio Polín, 20 años después. Con él mantuve más contacto que con ningún otro de los amigos, pero al final el resultado ha sido el mismo: quizás nos veamos en Navidad. Yo le admiro como nadie, porque he sido testigo de su abnegación y sus dificultades, de su batalla en la caverna contra Darth Vader, que era él mismo, y sólo espero que los Goyas sigan cayendo y sobre todo que haga buen cine. Curiosamente los dos Goyas que he tenido en mis manos no eran suyos. Sostuve el Goya de Amenábar por Tesis, y el de Bardem por el documental “Invisibles“, pero no sé dónde puso los suyos Jorge. Con su madre seguramente.

Unas Navidades de esperado reencuentro no apareció. Yo me enfrentaba a un dilema vital y había estado hablando con él por messenger; esperaba y necesitaba su apoyo y su opinión, así que le llamé varias veces, pero nunca me cogió el teléfono, típico de él. El día de enero justo antes de marcharme al extranjero con las decisiones tomadas, recibí su llamada y no la cogí. Me fui y una vez lejos me enteré de que había sufrido un accidente de coche y que casi la palma, tardó 4 meses en recuperarse el pobre.

Los rencores aparecían como sombras de reproches invisibles. Quizás por eso cuando visitó el Skywalker ranch y se alojó en la habitación “Kurosawa”, no me contó nada.

Un día me dijo que pensaba hacer una película sobre nuestra infancia, y decidí escribir unas memorias que le regalé por su 40 cumpleaños, y que ahora constituyen este blog. Quién sabe si acabaremos en la pantalla ¿Qué notable actor haría de mí?

Su película vital sería sin duda un biopic filmado por un anciano Clint Eastwood con música de John Williams y la canción de los créditos finales interpretada por Barbra Streisand, que sería automáticamente candidata al Óscar. Mientras la interpretase durante la gala de entrega en Los Ángeles, cacareando sentada en una silla de ruedas, se enfocarían primeros planos al público que se encontraría envuelto en melodrámaticas lágrimas de emoción.

La última peli de Star Wars le pareció a Jorge un lamentable remake pesetero.

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Au revoir les enfants

Nuestro Rosebud
Nuestro Rosebud

Nos hicimos mayores. No fue de un día para otro, ya se sabe, estas cosas ocurren despacio y deprisa sin darnos cuenta, y de repente alguien me dijo que necesitaba un afeitado y me afeité. Andar por casa en calzoncillos ya no era ni gracioso ni decente. Las entradas, los billetes de viaje, museos… costaban dinero o subían de precio. Estudiar no era divertido, la presión me obligaba a sacar las mejores notas y no me daba la gana. Las chicas me invitaban a Vanitas Vanitatis, la discoteca de moda, y pedíamos bebidas de colores como el semáforo, hecho con granadina, licor 43 y peppermint, o el Cua-cua, o el Lubumba hecho con Coñac y chocolate… Ellas me invitaban pero yo tenía que pagar y nunca me llegaba el dinero. Fui a la fiesta de la media naranja en la discoteca Whippoorwill, al “Escándalo en la Marina” de La Real y a tomar “Cubalibres” a Pasarela. Nuevas personas entraron en nuestras vidas, y poco a poco, los cuatro amigos, nos fuimos separando. Un año de esos dejamos de celebrar los premios Polín porque eran muy infantiles. Nuestra amistad se diluyó como lágrimas en la lluvia, quién viese a nadie tan triste. En los ágiles y oscuros medios caminos inconscientes, acaso brotó una lágrima que cayó; las aguas, inestables, la recibieron, luego se calmaron. Nadie triste. Todos felices aún nos reuníamos de vez en cuando para asistir a grandes estrenos: Mujeres al borde de un ataque de Nervios, Indiana Jones y la última Cruzada, Always, Cinema Paradiso, Big, Drácula

Todos acabamos por marchamos de Oviedo, como no podía ser de otra manera, ya he comentado que éramos chicos inteligentes.

Siempre convenimos en que nuestra vida nunca sería como una película de esas de plantilla, con tema, evolución y desenlace feliz, con los buenos que son unos cretinos que ganan siempre, de esas historias que uno ya sabe lo que va a pasar desde el primer minuto porque siempre son todas iguales, cambiando personajes y lugares, pero iguales de todas formas. Y al final se casan los protagonistas, o se salvan en el último minuto y se besan, o se quedan con el dinero… Si algo sacamos de nuestra intensa unión de supervivencia peri-adolescente, es que nuestras vidas tendrían riesgo y sorpresas, y el final no se sabría hasta que llegase, como las pelis buenas de verdad. Estaba escrito en las estrellas que brillaban escuálidas sobre nuestro patio de luces y que aún siguen ahí.
Au Revoir les enfants

El club de los poetas muertos

Me subo yo a la mesa del Insti, y en menos de media hora estoy en casa con un papelito del jefe de estudios
Me subo yo a la mesa del Insti, y en menos de media hora estoy en casa con un papelito del jefe de estudios

El cine era muy importante para nosotros, como le pasaba a Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios: «Cuando fortuna hace girar su rueda hacia abajo, vete al cine y disfruta más de la vida.» Pero como J. K. Toole, el buen escritor de la novela galardonada con el Pulitzer, se había acabado suicidando, procurábamos a su vez disfrutar de la vida misma fuera del cine, una cosa no quita la otra.

Para confirmarlo nos vino muy bien el estreno de “El club de los poetas muertos” – ¡Oh Capitán, mi capitán! – que insistía en lo que nosotros ya intuíamos que era importante: Carpe Diem, aprovecha el momento. El protagonista de la película, uno de los muchachos, quiere ser actor y su familia no se lo permite, tiene su vida ya planificada por sus padres para ser médico y un respetable profesional como debe ser. Entonces el hombre lo ve muy negro y decide que no merece vivir una vida que no le corresponde, al contrario que “Otra mujer“, de actitud dócil y conservadora, pero siendo un poco lo mismo, y aprovecha el momento (Carpe Diem) y se suicida colgándose de una maroma. ¡Hombre no!, se pasó un poco. Yo creo que uno no se puede ir sin luchar como Stephen Biko en “Grita Libertad“, o como Dian Fossey con los Gorilas, la lucha en sí merece la pena y es pasión y es vida, y el chaval debería haberse enfrentado a sus progenitores, escaparse de casa, entrar en un teatro ambulante, conocer una domadora de elefantes… El suicidio siempre es una elección fácil o desesperada que desde luego nosotros teníamos claro que no estaba entre nuestras primeras opciones. Había que aprovechar la vida, ¡Oh Juventud! ¡Mi Juventud!

Una tarde de sábado que los padres de un vecino logroñés se habían ido, fuimos a su cuarto trastero, en donde guardaban unas garrafas de estupendo Rioja cosechero, y aprovechamos el momento. Terminamos con dos garrafas cuyo contenido se hizo fuerte en nuestra sangre y después acabó siendo expulsado por todas las esquinas de la calle, que menos mal que llovía fuerte y se barrió notablemente. Hasta la niña de “El Exorcista” se hubiera sonrojado. Una vez más llegué a casa y conseguí que no me pillaran, nunca me pillan. No obstante pillaron a todos los demás y hubo un concilio Vaticano en el que todos fuimos condenados, aunque a mi madre se le escapaba la risa, que yo la ví.

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Distant Voices

Al principio pensaba titular este blog como "Voces Distantes"
Al principio pensaba titular este blog como “Voces Distantes

Éramos cuatro adolescentes atrapados, con ganas de escapar pero no podíamos. Así es muchas veces la adolescencia, un período en donde se hace evidente la jaula del nido, donde el pájaro ya se siente con fuerza para volar, pero no se le permite, porque tiene que estudiar, construirse, aprender… Los padres no entienden que los tiempos cambian, y los hijos no comprenden que los tiempos nunca cambian. Te crees que lo sabes todo, y quizás es cierto que no hay mucho más que saber. Han pasado 30 años. En fin, ya intuíamos los cuatro que huiríamos en cuanto pudiéramos, pero hasta que llegase el momento, nuestro refugio éramos nosotros mismos, y el cine, siempre ahí, como un agujero negro a otra dimensión.

Éramos conscientes de que el cine era nuestra guarida por distintas razones, unas veces para disfrutar y divertirnos con aventuras galácticas, otra veces para sufrir y gozar de terror, en muchas ocasiones para desconectar y escapar de la mediocridad de nuestra comunidad tibia, del lado oscuro y de unas familias conformistas en la Vetusta que no ha variado ni un pelo desde La Regenta; otras para aprender y descubrir, y también para compartir juntos sin necesidad de explicaciones nuestras reconocidas desdichas, que conjuntamente aceptábamos que no eran para tanto, sólo había que comparar.

Cuando sentados en la butaca se apagaba la luz y el haz del proyector se extendía denso y blanco sobre nuestras cabezas, quedábamos en paz y ya no estábamos en Oviedo, si no en un agradable lugar exterior. Nos sumergíamos en el río de luz repleto de millones de partículas inquietas de polvo, y aparecíamos juntos en algún mar lejano. Cuánta gente estaría viajando con nosotros…

Magia!
Magia!

Gorilas en la Niebla

Dian Fossey tenía el mono
Dian Fossey tenía el mono

Películas como “Arde Mississippi” o “Cry Freedom” me causaron un impacto profundo. Me impresionaba cómo la gente se veía obligada a luchar por sus derechos básicos, y cómo los malos son siempre los fanáticos, los codiciosos y los incapaces o los que no quieren entender a los demás. Comprender el racismo a través del cine me dejó huella y pude entrever un poco de las tremendas injusticias de la humanidad, que no son historia, sino que son cotidianas. Empecé a tomar partido y a participar en actividades con componente político, sobre todo para aprender y entender.

Sigourney Weaver volvía a la pantalla en el papel de Dian Fossey, una zoóloga comprometida en la investigación y conservación de los gorilas de alta montaña. Todo un personaje esa señora que se involucra hasta el fondo en la protección de los gorilas y se enfrenta a quien haga falta. Hasta se volvía medio loca, pero yo admiraba esa locura convencida repleta de sentido lógico en el propio orden de la protagonista, mucho mejor volverse loco por principios sólidos y coherentes que por dinero o por ambición. Y morir en la lucha no es la peor de las opciones, tiene dignidad y heroicidad. A la pobre Dian la mataron de un machetazo en su cabañita de Rwanda, y allí sigue enterrada, cerca de sus gorilas. Visité su tumba en Junio de 2003, la gente le dejaba plátanos y flores.

La actriz lo bordaba. Era un papel muy complicado, pero Sigourney se sale. Sobra decir que le dimos nuestro premio Polín a la mejor actriz a la buena de Sigourney Weaver, que para variar con las injusticias, en el mundo real, tuvo que ver desde su butaca cómo le daban el Òscar a Jodie Foster por esa apología de la violación que era “Acusados“, que te pasas toda la película esperando a ver la violación, que la ponen explicitamente al final, para descubrir lo que de verdad pasó y que es lo que todos sospechamos ya desde el primer minuto: Sí, la violaron bien violada.

En las nominaciones de los Óscar de ese año preferíamos mucho más a Glenn Close, e incluso a Melanie Griffith, aparte de la favorita ya mencionada y de la sorprendente Gena Rwolands en ‘Otra Mujer‘. Pero los académicos… ya se sabe, en vez de darle el óscar a la mejor actriz lo dieron en contra de la violencia y el abuso de género, que es una buena causa y así irán todos al cielo.

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Armas de mujer

Las ventanas abiertas al espacio interior eran una tentación demasiado fuerte para caer en la teletransportación a lo Star Trek. Otro de los entretenimientos interventanas era el de pasárnos objetos de lado a lado, del sexto al quinto y viceversa. Con una cuerda y con pinzas de la ropa descolgaba Jorge alguna película, o un casete, o alguna figura de la guerra de las Galaxias para teletransportarlas a mi casa. Lo simple hubiera sido vernos en el portal y ya está, pero la complicación y el riesgo eran mucho más apetecibles. No recuerdo que ningún objeto acabase estampado contra los azulejos del suelo del patio, sin embargo una cuerda se enganchó en una tubería de desagüe y permaneció allí por más de diez años hasta que se pudrió y se desintegró. Suerte que no caímos nosotros, que en ocasiones sacábamos medio cuerpo fuera. Esa sí que hubiera sido una teletransportación.

Con el tiempo nos llamábamos antes por la ventana que por teléfono. Si alguno de los dos veíamos que la luz del otro estaba encendida, nos asomábamos y silbábamos una canción y esa era la señal. La primera canción que silbábamos era E.T., pero luego cambiamos a “Moonstruck, Hechizo de Luna“, la película de Cher, que era más fácil de silbar, y después la canción de Carly Simon que ganó el Òscar (y el Polín) por “Armas de mujer“, Let the river run. Esa película empieza con una plano secuencia aéreo en Nueva York, con la canción, hasta que llega al ferry de Staten Island en donde están las protagonistas, Joan Cusack con un cardado espectacular y una Melanie Griffith ochentera total, ¡qué buen comienzo de película!. Además salía Han Solo otra vez. En cada ocasión que Carly Simon, la cantante, salía en la tele, no sé por qué, me preguntaba si tenía alguna carta que echar al correo.

Y el último silbido que prodigamos en las llamadas de ventana fue el de “Driving Miss Daisy“, la película de una anciana y su chófer de color, que tenía una melodía pegadiza y que a Jorge se le daba bien para silbar.

Eurovisión

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Wayo Miní catre puá

En ocasiones no sucedía nada en el patio y hablábamos de todo un poco, e incluso nos daba por cantar. Podía ser cualquier canción, pero de lo que más nos acordamos es de lo más petardo, que son las veces que tirábamos de Eurovisión, que era algo que nos causaba mucha risa – tan modernos que pretendéis ser, ¿cómo cantáis eso? – decía mi hermano. Pero así era. Betty Missiego que quedó segunda nos fascinaba. Muy Almodóvar ella, antes de Almodóvar. La letra de la canción parecía compuesta, con todos los respetos, por un escolar de primaria, era muy tonta:
Paseando sola en mi ciudad / Yo sentí un canto que llegaba / Me acerqué y pude contemplar / A unos niños que cantaban / Uno fue y me dijo: “¡Eh mayor! ” / No quieres incluir tu voz cansada / “Ya verás qué fácil es cantar “Si tienes bien alegre el corazón”. / Si todo el mundo quisiera una canción Que hable de paz, que hable de amor Sería sencillo podernos reunir Para vivir con ilusión.


Y también estaba Paloma San Basilio, con una canción muy simple “La fiesta Terminó”:
Amor, que haces por aquí la fiesta terminó Dime a que estás jugando Amor, lo que pasó, pasó, dijimos se acabó Que andas buscando Y ahora no, la fiesta terminó Ya no hay más que niebla entre tú y yo / Para que echar más leña a arder Si el fuego se ha apagado ya dímelo
“qué gran artista” decía mi abuela, y yo callado la miraba pensando “¡Si no se puede ser más hortera!” Vivimos en un país que se toma el ridículo en serio.

O Patricia Kraus, hija del tenor, que salió con una horrenda canción que vete a saber quién se la escribió, y con un horrendo vestido como envasada al vacío sadomaso. Ni pegaba la letra con la música ni nada:
Oye: no estás solo, oye: eres querido, oye: puedes oírme Estoy cantando, cantando ¿Qué vas a pensar? … ¡qué horas de llamar! Te puedes cambiar, si quieres te paso a buscar

Y una canción que tenía un video desasosegante, con una historia muy triste de una mujer que espera como una tonta, “Lady, Lady”:
Cada atardecer al ponerse el sol sale a pasear por la calle mayor, su pamela gris, su traje de almidón, perfume de jazmín, botines de charol Lady lady lady se pinta los ojos de azul; aunque hace mil años que dejo atrás su juventud (su juventud).
Cuando un día de verano le quebró un desengaño, lady lady lady vive en su mundo de cristal cree que algún día él volverá.


Esta nos encantaba, la verdad es la verdad por mucho que nos avergüence, de hecho no fuimos los únicos, porque ¡quedó tercera! ¡hay que ver! Cuando cantaban “Su pamela Gris”, nosotros lo sustituíamos por “¡chúpamela a mí!” que encajaba mejor en la rima, pubertad, ya se sabe… Y otra tonada que se llamaba “Valentino“… Todas esas canciones de nuestro tiempo repasábamos y alguna más, por ejemplo del festival de la OTI, mientras esperábamos a que en alguna ventana empezase la película. Si algún guionista me lee, por favor, que sepa que la película definitiva sobre Eurovisión está por hacerse, y que puede ser muy divertida.

Rear Windows

Próximas vidas ajenas
Próximas vidas ajenas

La ventana que estaba en mi habitación se abría al patio de luces. Fue la ventana elegida por mi madre para poner el tendal y colgar tantos y tantos calzoncillos lavados para que se sequen. Jorge vivía en el piso de arriba y su ventana de patio era la de la cocina. Desde estos miradores, las ventanas de atrás, hablábamos sin ningún problema, como hacia mi madre con Chelo, la de Bilbao. Yo me asomaba a la ventana de mi cuarto y Jorge a la de su cocina cuando sonaba la señal convenida, de tendal a tendal, sin problemas para disfrutar de una tertulia directa, porque las paredes inmediatas hacían esquina y el sonido llegaba muy bien reflejado sin necesidad de elevar la voz y despertar a los vecinos, ya que siempre nos ventaneábamos por la noche.

Muchachos prácticos, dividimos la cuadrícula que ofrecían tantas ventanas en cuadrantes y sectores. De la A a la H y luego por pisos, así que si uno veía algo en algún sitio avisaba al otro – ¡¡B3!! – y comentábamos creando la historieta: B3 está estudiando Informática, tiene un ordenador que es la bomba y se pasa horas delante de él. E5 era una chica que se ponía el camisón y luego bajaba la persiana, que no es lo normal, que lo normal es bajar la persiana y luego desvestirse. A veces se quedaba con las tetas al aire un buen rato y se las miraba en el espejo, de frente, de lado, las sopesaba… Estaba la moza un poco distante, y había que enfocar bien. Cuando salía ella hablábamos menos. C7 limpia y friega por las noches con un vigor y arrebato que no se comprendían. H1 duerme desnudo. Era el hermano de una compañera mía de clase que se llamaba Margarita. La cabecera de su cama daba directamente a su ventana y nunca le veíamos la cabeza, pero sí el resto del cuerpo, incluido el mato grosso, que en aquella época no se depilaban los hombres nada. Nos convertimos en comentaristas de vidas ajenas.

Sí, vimos tetas
Sí, vimos tetas

 

Candilejas

Couverture du PARIS MATCH n°190 du 01 au 08 novembre 1952 : Charlie CHAPLIN maquillé en clown, avec Claire BLOOM en ballerine dans une scène du film "Limelight".
Couverture du PARIS MATCH n°190 du 01 au 08 novembre 1952 : Charlie CHAPLIN maquillé en clown, avec Claire BLOOM en ballerine dans une scène du film “Limelight”.

Agradecimos siempre la oportunidad de ver películas antiguas y reposiciones, así como ciclos de películas menos comerciales. Cines, Bancos, de repente montaban festivales de filmes en blanco y negro, obras restauradas, clásicos dorados sobre la gran pantalla. En el teatro Campoamor hicieron varias sesiones de películas de Charles Chaplin, incluyendo “La Quimera del Oro” que tanto le gustaba a mi bisabuelo. Al sentarme en la butaca pensaba en cómo debían de sentirse en la fecha del estreno, y se lo dije al hombre, que aún vivía con 88 años. “Nunca se han vuelto a hacer películas como éstas” repetía.

Fuimos a ver varias de ellas, entre ellas “El gran dictador” y “Candilejas“, que nos gustaron mucho. Fui a ver “Candilejas” con una amiga y su hermano, que era discapacitado mental, y el pobre hombre no paraba de llorar al final, que es bastante lacrimógeno. La película mezcla comedia y drama durante todo el metraje y provoca un vaivén de sensaciones que el pobre muchacho no pudo soportar, tuvimos que ir al baño y consolarlo, a sus 30 años, durante un buen rato: Sólo es una película.

Charles Chaplin sufría censura en EEUU por su trabajo anterior con Monsieur Verdoux, y cuando estrenó esta obra no tuvo éxito. El genio se marchó a Europa y Candilejas fue su última película americana. Dejó en ella una parte de la historia de su vida, porque es bastante autobiográfica. Se podría considerar además una despedida de dos grandes genios del cine mudo, porque sale además Buster Keaton. Dioses del pasado que ceden resignados el relevo a las nuevas generaciones.

La banda sonora de la película, compuesta por el propio Chaplin, es considerada entre las mejores partituras de la historia del cine. En 1973, veintiún años después, Chaplin recibió su único Óscar competitivo por esta brillante melodía, a los 83 años de edad. El aplauso fue ensordecedor, doce minutos.

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Restaurante Chino

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Ni idea quién era ese

En cada cumpleaños siempre procurábamos regalar lo mismo: algo de música y algo de Star Wars. Teníamos un límite de 500 pesetas, que era el precio aceptado por los más ricos y los más pobres, y preferíamos pocos regalos pero valiosos que muchos y pequeños, así que juntábamos el dinero y recorríamos minuciosamente todas las jugueterías de la ciudad para acabar después de horas con las manos vacías en el Bazar Oviedo y comprar definitivamente algo, no siempre lo que más le gustaba al celebrante, sino más bien lo que nos gustaba a nosotros. En la lista de regalos célebres se incluyen variedad de juegos Falomir, el imperio Cobra, una agenda eclesiástica para ayudar a los jóvenes a no hacerse pajas (madre de Jorge implicada, algo pasaría en casa), un Jabba el Hutt de dos colores por defecto de fábrica, y por eso nos llegaba el presupuesto, una silla de director con el nombre pintado a titanlux, y todo tipo de parafernalia cinéfaga. El regalo casi nunca gustaba, pero nos lo pasábamos muy bien comprándolo.

Y lo celebrábamos en las casas, por supuesto “Zorba el Griego” incluido, pero a medida que crecíamos nos sabía a poco, y empezamos a usar los cumpleaños para experimentar cosas nuevas, como por ejemplo ir por primera vez a un restaurante Chino. El primer restaurante Chino de la ciudad acababa de ser inaugurado, y se localizaba en el centro, en un portal a la izquierda, subiendo unas escaleras. Era muy éxotico en aquel momento. Mientras cada uno de mis amigos pedía e íbamos haciendo las consabidas bromas de que cocinan gatos y que nadie ha visto una tumba de ningún chino en España, yo iba calculando para ver si me llegaba el dinero, que por suerte así fue y yo también pude comer algo, porque eran baratos. Pedíamos menú Familia Feliz, excepto cuando estábamos enfadados, que pedíamos cosas relacionadas con el ánimo, como cerdo agridulce, por ejemplo.

Por cierto que la mencionada agenda repleta de frases castas y virginales para los jóvenes cristianos sirvió para que apuntásemos todas las pajas que ya empezábamos a hacernos, y comparar. San Luis Gonzaga, patrón de la juventud, nos bendiga y San Kleenex purifique nuestras poluciones.

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