Category Archives: cine español

La ley del deseo

Qué bueno el poster
Qué bueno el poster

Tanto “Amor y Pasión” “En Penumbra” con “Fuego en el Cuerpo“, al final se impuso “La ley del Deseo“, lo que le faltaba al corral. Era nuestro bautismo de Almodóvar, y a partir de entonces ya no nos perdimos nunca ninguna de sus películas, incluso asistíamos ávidos a los estrenos. Comenzaba el despegue del cine español, que hasta entonces había sido incapaz de salir de su narrativa casposa y pedante dependiente de subvenciones, por mucho que a Garci le hubiera tocado un Òscar por “Volver a empezar“.

Hasta la llegada de Almodóvar el cine español agonizaba enmohecido, no tenía puertas para afuera, desde Buñuel, salvo muy contadas excepciones y cineastas que no acabaron de cuajar. Almodóvar era fresco, era libre, te sorprendía pero a la vez era cotidiano, espontáneo, fluido, y era muy divertido.

La originalidad de Almodóvar es genuina y guarda una erudita complejidad bajo la aparente superficialidad. Frecuentemente sus múltiples detalles son más importantes que los hechos: Los cuerpos se filman como si fueran territorios. La ropa, los vestidos, son parte esencial de la historia: ese vestido con una cremallera a corazón abierto de Carmen Maura cuando pide “¡Riégueme!”, y que luego se abre entre las piernas. El proceso de desvestirse, quitar los pantalones, desabrochar la camisa, se convierten en ceremonias entretejidas con el hilo argumental. En la huida de Eusebio Poncela la carretera aparece reflejada en sus gafas de sol y, al quitárselas, sus ojos se convierten en las llantas del coche mostrando el movimiento.

“La ley del deseo” manda a un muchacho que se restriegue el paquete en un espejo en esa secuencia inicial en la que vemos al actor obteniendo instrucciones para ejecutar una escena erótica. El chico se sienta en la cama para recibir las órdenes del director, una voz presente y ansiosa que lo hace desnudarse, masturbarse y pedir que lo folle. La voz que autoritaria conmina a la pasión y que resulta ser tan sólo una ilusión.

Nos pareció fantástica, y claro, tanta película con homosexualidad, al final tuvo que ocurrir, sobre todo nosotros que vivíamos las películas con intensidad y sacábamos para casa el cine de las salas. Y teníamos un gay infiltrado… Lo cuento en el post siguiente.

all-sizes-la-ley-del-deseo-i-flickr-photo-sharing

En Penumbra

La movida ¿era ésto?
La movida ¿era ésto?

Un sábado por la tarde, ya todos los amigos juntos de nuevo, cumplimos con nuestro ritual de cine y fuimos a ver a las salas Clarín una película española sobre el autodescubrimiento de un joven, connotaciones sexuales incluidas, en la movida española. Salía el cara de palo Miguel Bosé y un joven actor en auge, que decían que era su amante, y que se llamaba Antonio Cantó. El actor era tan malo que sin duda debía ser su amante, porque no cabía otra explicación. Con el tiempo este chico se convirtió en político chaquetero con el pseudónimo de Toni Cantó. La película se llamaba “En penumbra“, y a pesar de su calidad dudosa, nos tocó la fibra por tratar de lo mismo que otras películas que ya he mencionado, en una etapa sensible para nosotros; un joven se enfrenta a su futuro, cómo va a hacer, qué va hacer, qué quiere y todas esas cosas. El hombre se mezcla con lo peorcito, incluyendo a Miguel Bosé que hace de una especie de Vampiro-diablo mientras las Magenta interpretaban “La Reina del Salón” con violines y todo. ¡Qué gran grupo Magenta! Nacho Cano las produjo y las obligó a ponerse este nombre cursi, en vez del sugerente nombre Modesty Blaise que tenían.

En fin, la película era enrevesada y confusa, el cine español necesitaba de un rescatador urgentemente, y la movida precisaba de alguien fresco que la retratara, Almodóvar ya estaba por ahí afortunadamente. No obstante algunas frases se clavaron como flechas en alguno de nosotros: “La vida consiste en ir comprobando como fracasan todas las ilusiones” – “Las cosas nunca salen como uno las proyecta”. Eso junto a algunas escenas sexuales afectaron concretamente a uno del grupo que salió aturdido de la sesión. No nos lo confesó hasta bastante tiempo después, pero uno de nosotros descubrió con esta película malísima que probablemente era homosexual.

El Caballero del Dragón

El_caballero_del_drag_n-612460271-large
Atmósferas que se oponen, hiperbonito

Entre las películas de adultos también estrenaban filmes de efectos especiales, ya he dicho, como “Brazil“, del mismo director que “Los héroes del Tiempo“, Terry Gilliam. Me asombraba la curiosa imaginación de este hombre, tan especial y visual. Esta vez proponía la historia de un oficinista gris y confortable en su mediocridad que se ve obligado a salir del sistema por perseguir un sueño de amor. En aquel momento no nos convenció, aunque las escenas oníricas nos gustaron mucho, y alguna vez jugamos a hacernos la cirugía estética con rollos de celofán, como sale en la película.

472682519_14244d90af_o

Más nos gustó una curiosidad española, “El caballero del Dragón“, de Fernando Colomo. Ésta cuenta una historia fantástica medieval como de San Jorge y el Dragón, pero San Jorge es IX, un astronauta que no habla sino que pita, y el dragón es una nave extraterrestre. La puesta en escena y los efectos estaban muy bien hechos, a un nivel americano sin nada de que avergonzarse, firmados por el patrio Reyes Abades y el estadounidense Chuck Comisky; no en vano se gastaron una millonada y fue la pelicula española de mayor presupuesto hasta entonces. Tengo que reconocer que nos impresionó pese a que no fue ningún éxito de taquilla. Desafortunadamente la historia no tenía ritmo y era un poco floja, así que la llamada a la distribución mundial se quedó en agua de borrajas y el proyecto constituyó un rotundo fracaso. Miguel Bosé era el actor y nos preguntábamos qué suerte era ser atractivo, porque el tío no canta especialmente bien, pero triunfa cantando, y actúa con cara de palo, pero sigue siendo actor y lo siguen llamando, y es modelo y hasta Warhol le hizo un retrato, es que los hay que nacen con una flor en el culo. No obstante conste que nos gustaba un montón el amante bandido que interpretaba, que tenía un video como de Indiana Jones, pero sospechábamos que, por todo ello, quizás era un extraterrestre de verdad.

Hoy día, en pleno siglo XXI prefiero Brazil. Sin duda.

Imagen1

Películas españolas de los 80

Los títulos inverosímiles de las películas españolas de moda estaban cortados todos por el mismo patrón, pícaro y jocoso. Los leía en la revista fotogramas, por los cines al pasar, en anuncios y comentarios, bromas de mis compañeros de clase. Me llamaban muchísimo la atención, tanto que quería ir a verlas sin dudar, hasta que me dí de bruces con la realidad gracias a “Cristóbal Colón, de oficio…descubridor“, y ya dejé de querer verlas para pasar a repudiarlas. Algunos ejemplos:

Ni se lo llevó el viento, ni puñetera falta que hacía, de 1982

El fascista, doña Pura y el follón de la escultura, de 1983, en la que salían Jose Luis López Vázquez y Jose Sazatornil

El Cid cabreador, de 1983, con Carmen Maura y Angel Cristo

El fontanero, su mujer, y otras cosas de meter…, de 1981

Ya no soy virgen, ¡olé!, ya no soy virgen, de 1982

La frígida y la viciosa, de 1981, Clasificada “S”

To er mundo é güeno, de cámara oculta, en 1982. Tuvo tanto éxito que el director, Manuel Summers, sacó una segunda parte en el mismo año

Con las bragas en la mano, de 1982, con tiritas negras que tapaban las tetas, y que me fascinaban

Aberraciones sexuales de un diputado, de 1982

Aberraciones sexuales de una mujer casada, de 1981

Al hilo de esta información adquirida, traído por la curiosidad y la duda, le pregunté a mi madre si ella aún era virgen, y si había padecido alguna vez de “aberraciones sexuales”, y gracias a esta cuestión  me vi condenado automàticamente a “Catequesis” de confirmación. Con el traslado había dejado de asistir, y en la nueva casa pensaba que me había liberado para siempre, pero se ve que desencadené un re-ingreso con mis preguntas. Lo verdadero es que no hacía falta, porque no existía peligro, ya que después de ver una de esas peliculas ya no me interesaron más y me dediqué exclusivamente al cine de ciencia ficción y efectos especiales.

Cristóbal Colón, de oficio… descubridor

Oficio
Spanish Hit

Iba caminando solo por la ciudad, ya me dejaban, y un sábado veraniego antes de las fiestas de San Mateo, particularmente aburrido dentro de lo taciturno, subiendo hacia mi casa después de recibir una buena propina en casa de mis abuelos, me quedé en la cola del cine Roxy para ver “Cristóbal Colón de oficio descubridor“. Se me ocurrió que podría reírme. Yo solo, repito, espontàneamente, nadie me obligaba.
La película había tenido una publicidad intensiva en las últimas semanas, todo el mundo hablaba de ella, salían anuncios en la tele, en la radio, en las revistas, por todos lados. Una canción se estaba haciendo famosa:
“Los hermanos Pinzones
eran unos mari…neros
que se fueron con Colón
que era otro mari…nero”

Nosotros en casa cantábamos la versión más dura, sin picardía ni nada, para mayor frustración de mi madre y de mi tío homosexual, ella desesperada en algunos momentos, pensando quizás en cambiarnos de colegio:
“¡¡¡Los Hermanos Pinzones, eran unos, maricones!!!”

Pues ese día me dio un brusco arrebato y me paré en la fila, mi primera película solo del todo, mi primera peli española de esas pícaras. Cuando llegué, que tenía mucho tiempo libre, habría en la fila 30 o 40 personas, pero pronto empezó a llegar gente y gente, y la fila empezó a salirse por la carretera, ¡nada menos que la calle Uría, la calle principal de la ciudad! Vino la policía y cambió la dirección de la cola, y yo pensaba – ¡a mí no me quita el sitio nadie! – ¡esta debe de ser la película del siglo cuando menos! – por todo el barullo que se montó, espectacular. Unos jóvenes que estaban haciendo el servicio militar, cuando llegaron y vieron que la cola era demasiado larga, me otearon y vinieron a por mí. – Chavalín, si nos sacas las entradas te doy un duro – No – dije yo secamente – Diez pesetas – insistió, y me dio una palmadita en el hombro, y volví a decir que no. Ya me estaba poniendo nervioso, y por suerte el señor que estaba detrás les gritó que dejaran de molestar y de intentar colarse, y entonces se aproximó un agente de la autoridad: – ¿Estás solo? – me preguntó – No, he venido con mi padre que se ha ido a aparcar el coche – mentí, y ya me dejaron en paz. Lo que no hiciera yo por ir al cine.

La película resultó infumable, horrorosa, no me gustó nada, era una parodia musical y burda del viaje de Cristóbal Colón para descubrir América sin gracia apenas, y así aprendí a no fiarme de los anuncios nunca más, y a guardar cierto recelo por el cine español.