Category Archives: Voyeur

Rear Windows

Próximas vidas ajenas
Próximas vidas ajenas

La ventana que estaba en mi habitación se abría al patio de luces. Fue la ventana elegida por mi madre para poner el tendal y colgar tantos y tantos calzoncillos lavados para que se sequen. Jorge vivía en el piso de arriba y su ventana de patio era la de la cocina. Desde estos miradores, las ventanas de atrás, hablábamos sin ningún problema, como hacia mi madre con Chelo, la de Bilbao. Yo me asomaba a la ventana de mi cuarto y Jorge a la de su cocina cuando sonaba la señal convenida, de tendal a tendal, sin problemas para disfrutar de una tertulia directa, porque las paredes inmediatas hacían esquina y el sonido llegaba muy bien reflejado sin necesidad de elevar la voz y despertar a los vecinos, ya que siempre nos ventaneábamos por la noche.

Muchachos prácticos, dividimos la cuadrícula que ofrecían tantas ventanas en cuadrantes y sectores. De la A a la H y luego por pisos, así que si uno veía algo en algún sitio avisaba al otro – ¡¡B3!! – y comentábamos creando la historieta: B3 está estudiando Informática, tiene un ordenador que es la bomba y se pasa horas delante de él. E5 era una chica que se ponía el camisón y luego bajaba la persiana, que no es lo normal, que lo normal es bajar la persiana y luego desvestirse. A veces se quedaba con las tetas al aire un buen rato y se las miraba en el espejo, de frente, de lado, las sopesaba… Estaba la moza un poco distante, y había que enfocar bien. Cuando salía ella hablábamos menos. C7 limpia y friega por las noches con un vigor y arrebato que no se comprendían. H1 duerme desnudo. Era el hermano de una compañera mía de clase que se llamaba Margarita. La cabecera de su cama daba directamente a su ventana y nunca le veíamos la cabeza, pero sí el resto del cuerpo, incluido el mato grosso, que en aquella época no se depilaban los hombres nada. Nos convertimos en comentaristas de vidas ajenas.

Sí, vimos tetas
Sí, vimos tetas

 

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Hitchcock hubiera disfrutado nuestro barrio

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Tan simple como mirar por la ventana

Nos sorprendió que algo tan simple como mirar por la ventana no se nos hubiera ocurrido antes. Además mucho jugo teníamos en el vecindario, no sé si Hitchcok de vivir aquí hubiera hecho otra película distinta de la que hizo. Menuda galería de personajes llegamos a elaborar. El primero era un tal Alejandro que vivía en el segundo de la primera fachada exterior. La ventana de su cuarto estaba inclinada de tal manera que desde la calle no se podía ver el interior, y él pensaba que no le veía nadie, pero desde el Quinto B en donde estaba yo, el cuarto  B en donde estaba Víctor, y el sexto C en donde estaba Jorge, se veía perfectamente. El chaval se masturbaba en la ventana, tal cual, sin remilgos ni tapujos. Le daba al manubrio despacito, jadeaba y empañaba la ventana de aliento y cuando pasaba alguna buena moza apretaba el ritmo y siempre acababa con un chorretón en el cristal. Luego lo limpiaba. Algunas veces aplaudíamos, me cuesta creer que nunca se diera cuenta de que lo mirábamos. En una ocasión que jugaba el Real Oviedo contra el Sporting de Gijón, los hinchas del Sporting pasaron por nuestra calle. Alejandro estaba en sus quehaceres y nosotros registrando, y de repente, al ver que vienen los del Sporting, se para, abre la ventana y escupe. Luego cierra y vuelve a retomar sus quehaceres, todo un show. Una vez hasta le hicimos una foto.

En la ventana de enfrente había un señor con una pierna ortopédica que cuando llegaba a su cuarto en la noche encendía la luz, se quitaba la pierna y luego bajaba la persiana. A veces después de quitarse la pierna se quedaba un rato quieto en silencio. A veces tumbado, a veces con las manos sobre la cara, como si estuviera llorando. Nos daba mucha pena este señor, pero nunca le dijimos nada. Aquellos dos estudiantes que fueron la chispa de nuestra ventana indiscreta nunca más dieron qué hablar, pero gracias a ellos supimos encontrar un buen entretenimiento. Del lado exterior veíamos a muchos otros estudiantes estudiando, amas de casa limpiando, niños jugando… La vida a nuestro alrededor ocurriendo. Pero éramos observadores solitarios, no podíamos comentar entre nosotros excepto al día siguiente, y ya no tenía tanta gracia.