Category Archives: Comida basura

Tugurpe

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Creadores de criaturas

Para nuestro particular Corazón del Ángel habíamos comprado una caja entera de alfileres con cabeza de colores y nos sobraban la mitad, y no se nos ocurrió otra cosa que comprar una muñeca barriguitas falsa, de esas made in China que vendían en los “todo a 100 pesetas” y pintarla con spray dorado, que también lo vendían ahí, para que quedara como si fuera un Òscar de Hollywood, y después le clavamos los alfileres. Quedó tan auténticamente vudú con glamour, porque era una barriguitas falsa rubia platino de ojos azules con acabado dorado macizo, que decidimos regalársela a una amiga un poco siniestra que teníamos, Belén, que por supuesto quedó encantada y la colocó automáticamente en un puesto de honor en su pequeño altar doméstico, que se llamaba “el altarín”, junto a Winona, Bowie, Cher, Christina Ricci, María Jiménez, Alaska y una figura de Isis. Sus ídolas. Decidimos ponerle nombre a la muñeca glam-vudú y Jorge la bautizó como Tugurpe, un nombre inventado exprofeso. Desde entonces todo lo que destacaba por ser Kitsch pasó a denominarse tugurpe para nosotros. En esa celebración de adopción de Tugurpe, Belén nos ofreció unos sandwiches de paté exclusivo, paté de salmón, como en la película “El sentido de la vida“, que en realidad era comida para perros mezclada con comida para gatos, pero no nos había dicho nada. Los tentempiés tenían tan mala pinta que no los llegamos a probar. Sólo una de nuestras más pijas amigas se lo tomó, y es que hay que ver el hambre que pasan algunas pijas, que se comen lo que sea.

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Comida basura

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Lo moderno era esto

Otra de las cosas que se hacían en Inglaterra y que transmitían envidia automáticamente hacia España era comer en el McDonalds, que aún no teníamos en Asturias, y que era lo más de lo moderno. He de decir que ya en aquellas primeras experiencias no me acababa de convencer del todo. No me gustaba porque las patatas eran muy finas y estaban como sudadas, y la hamburguesa venía pegada al papel, estaba aplastada y no se parecía en nada a la de la foto. Mis amigos acababan con el ketchup, que nunca me supo mejor que un buen tomate normal, e incluso salían cargados con sobres de esos gratis para poner en casa en su comida, hasta kilos llevaban. Incluso la Coca Cola sabía rara porque tenía más hielo que cola y sabía a aguada.

Yo era sin duda más de pizzas, que tampoco se estilaban aún en la madre patria. Faltaban algunos años para que las pizzas llegaran a Oviedo, y muchos más para que mi madre aprendiera a decir ‘Pizza’, que siempre decía ‘picha‘ y nos partíamos de risa. Había una tienda que se llamaba la pizza perfecta que hacía, para mi gusto, la pizza Margarita perfecta, y además sólo costaba 99 peniques. Me encantaba, era genial, y además podía ahorrar para ir al cine y para comprarme más muñequitos de Star Wars. La pizza perfecta. Mis amigos me decían que me iba a quedar cara de pizza, y pocos meses después, cuando me empezó a salir el acné, me preguntaba si realmente no estaría pagando los excesos de pizza Margarita.

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