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Disco

Los Goonies de la señora Lauper sonando a tope en la radio a todas horas, entre Limahl cantando la Historia Interminable y Los Cazafantasmas escuchándose en cualquier emisora, la música disco-pop llegó a los críos. El Pop optimista, desprovisto de problemas, melódico, simple, fácil, era muy de chiquillos, la verdad. Se puso de moda que los domingos después de misa los niños bien fueran a una discoteca que abría para menores en esa franja horaria, la hora prepúber en la sala de fiestas “Albert Hall”, a donde iban a beber un batido y bailar, niños y niñas, esas y otras canciones, aparentando que eran mayores. Pero estaban de moda los temas de películas, y aparte de las melodías mencionadas sonaban “The Eye of the Tiger“, de Rocky, “Grease“, una super Tina Turner cantando “We don’t need another hero“, que nos encantaba, la canción de otra peli de 007 que se llamaba “Panorama para matar” y que cantaban los Duran Duran, la famosa rompepistas de “Flashdance” y además ponían una versión disco de Star Wars que nos ponía a cien, y Jorge se subía a la tarima a hacer el robot. Otro baile popular era el de Michael Jackson, a lo Thriller, los muchachos y muchachas hacían el zombi y lo daban todo vestidos de Domingo. Por alguna razón incomprensible en mi casa no nos dejaban ir a ningún hermano, decían que las discotecas eran para pijos y mamarrachos (y drogadictos, que en esa época había muchos). En cualquier caso la entrada era cara y las bebidas también, y yo prefería guardarme el dinero para otras prioridades ya expuestas y bailar tranquilamente breakdance en mi casa, así que nunca fui y me tenía que contentar con lo que me contaban Jorge y Víctor de sus aventuras en la disco, porque eran asiduos. Las sesiones solían acabar con el “We are the World” de USA for Africa, contra el hambre, y luego todos para casa a comer.

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Los Goonies

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Goonie forever

Otra película para la que Jorge no me esperó fue “Los Goonies“. Cuando llegué a España ya sólo la echaban en los minicines, que era el lugar al que quedaban las películas relegadas después de las semanas productivas de más público. Yo me resistía a ir a verla solo, y además únicamente me quedaban unas pesetas para el resto del mes, aún largo. Mejor esperar. Pero caminando una tarde cuesta abajo en dirección a casa de mi abuela, me paré en el escaparate de Bazar Oviedo y vi que el dependiente había descolgado el Halcón Milenario. Entré a ver y lo estaba abriendo para un señor que estaba con su hijo pequeño, que en realidad quería un avión teledirigido, pero que era mucho más caro. Se lo compró y me quedé sin Halcón Milenario. Y encima se lo había llevado un mocoso que ni siquiera sabía nada de Star Wars, qué frustración. Tristeza humana. Desolación. Volví a subir la cuesta y me compré una entrada para “Los Goonies” con el último dinero que me quedaba. Al fin y al cabo estaba presentada por Steven Spielberg. Fue una decisión acertada, porque la película me gustó muchísimo.

La disfruté inmerso profundamente en toda la aventura, en la que me identificaba, por supuesto. Unos hermanos que se tienen que mudar por falta de dinero familiar y van a perder a sus amigos y vecinos. Un pueblo en la costa un poco aburrido y un grupo de amigos muy peculiares, un gordito, un oriental inventor, la chica guapa… De repente encuentran un mapa del tesoro en el desván y se ponen a la búsqueda del tesoro del pirata Willy el tuerto. Hay unos malos, los hermanos Fratelli, casi como nuestros vecinos los naranjitos del 4C, que los persiguen bajo el mando de la malvada madre, la estupenda actriz Anne Ramsay. Encuentran esqueletos en el camino (como el de Chester Copperpot), trampas mortales que salvan con pericia y un poco de suerte y, finalmente, encuentran el barco en una gran cueva, tal cual, y el tesoro dentro, con lo que se salvaba la situación económica de la familia. Y para cerrar Cyndi Lauper canta la canción de Los Goonies. Salí exultante de la sala y fui para casa por una calle distinta de la de Bazar Oviedo, que no volvería a pisar en meses. Y decidí quedarme para mí solo esta película, no le contaría a nadie que la había visto ni la discutiría con Jorge, al fin y al cabo tardaríamos en vernos el tiempo de las vacaciones de un verano. Era un asunto íntimo que me iba a guardar en el corazón, porque desde ese mismo momento yo era un Goonie.

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El desliz de Leia

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Slave I

La nave de juguete del Halcón Milenario colgaba con majestuosidad en el escaparate del Bazar Oviedo. Hasta allí bajábamos a menudo para observarla con la nariz pegada al cristal, què pena que fuera tan cara, nos encantaba. Tanto a Jorge como a mí nos entraba ansiedad por poseerla. Yo la pedí para Reyes, pero mi Darth Vader me dijo que yo ya no era un niño para esas chiquilladas. De todas formas me trajeron la nave Slave 1, que era la de Boba Fett, el cazarrecompensas, y que costaba tres o cuatro veces menos. Jorge tenía el caza de Darth Vader, con una lucecita que se encendía al tocar un botón, espectacular. Y con eso nos apañábamos cuando nos juntábamos con todas las figuras sobre el parquet de su casa y elaborábamos historias paralelas a la película abstraídos del mundo. La mayoría de las aventuras eran triviales, pero recuerdo que una vez hicimos que Leia tuviera un hijo con Chewbacca y la figurita del Ewok Wicket, que le teníamos manía porque como ya he dicho era muy pequeña y costaba lo mismo que las demás, hacía del hijo de ambos, el fruto del amor interespecies, uno nunca sabe cómo va a salir su hijo. Y la madre de Jorge mientras controlando en todo momento por si nos daba por quemar algo, o por si la historia sexual se desmadraba.

ChewyLeia

Comida basura

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Lo moderno era esto

Otra de las cosas que se hacían en Inglaterra y que transmitían envidia automáticamente hacia España era comer en el McDonalds, que aún no teníamos en Asturias, y que era lo más de lo moderno. He de decir que ya en aquellas primeras experiencias no me acababa de convencer del todo. No me gustaba porque las patatas eran muy finas y estaban como sudadas, y la hamburguesa venía pegada al papel, estaba aplastada y no se parecía en nada a la de la foto. Mis amigos acababan con el ketchup, que nunca me supo mejor que un buen tomate normal, e incluso salían cargados con sobres de esos gratis para poner en casa en su comida, hasta kilos llevaban. Incluso la Coca Cola sabía rara porque tenía más hielo que cola y sabía a aguada.

Yo era sin duda más de pizzas, que tampoco se estilaban aún en la madre patria. Faltaban algunos años para que las pizzas llegaran a Oviedo, y muchos más para que mi madre aprendiera a decir ‘Pizza’, que siempre decía ‘picha‘ y nos partíamos de risa. Había una tienda que se llamaba la pizza perfecta que hacía, para mi gusto, la pizza Margarita perfecta, y además sólo costaba 99 peniques. Me encantaba, era genial, y además podía ahorrar para ir al cine y para comprarme más muñequitos de Star Wars. La pizza perfecta. Mis amigos me decían que me iba a quedar cara de pizza, y pocos meses después, cuando me empezó a salir el acné, me preguntaba si realmente no estaría pagando los excesos de pizza Margarita.

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Los Repelentes Ewoks

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¡Quiérenos! – Dicen los Ewoks

La película vino acompañada de muchísimos personajes nuevos para mi colección de figuritas Star Wars. Uno de los primeros que me compré era el Guardia Gamorreano, que era grande y verde y venía con un hacha como de cortar cabezas. Costaba lo mismo que la figura de Yoda o la del ewok Wicket, que eran figuritas minúsculas y esto me parecía un abuso. Yoda al menos era un personaje principal, pero pagar el mismo precio por tan poco plástico me resultaba injusto. Me convertí en detractor de los Ewoks a todos los niveles, como se puede comprobar. De todas formas si mandabas 5 etiquetas te enviaban a casa dos figuras nuevas, los cazarrecompensas Dengar e IG88, y eso compensaba en parte. Mientras permanecía allà también procuraba comprar figuras que no se vendían en España, para aprovechar la visita, pero ademàs para levantar las expectación y envidia de mis colegas, Jorge mayormente. Los jueves me escapaba a los grandes almacenes Debenhams para ver si había llegado algún muñeco nuevo, con el dinero contado en el bolsillo. A la vuelta en España Jorge me esperaba en la parada del autobús con mis padres para saber de primera mano las impresiones sobre “El Retorno del Jedi“, ni qué decir que la volví a ver con él en cuanto la estrenaron en la ciudad. Pudimos superar la decepción parcial del filme gracias a la noticia de que una nueva trilogía se estaba incubando para completar ésta que se acababa. Se decía, se comentaba, que serían tres películas anteriores en el tiempo a la saga, y esto nos emocionaba. De repente estrenaron un truño relacionado con los Ewoks que se llamaba “Caravana de valor“, y nos quedamos de piedra: ¿Iba a ser esta la prometida continuación? – Por fortuna no, solo era un spin off que en USA se había puesto por televisión pero que en Europa nos la colaron en cine. ¡¡BUFF!! Más Ewoks no, por favor.

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R.I.P por todos los que murieron por mi culpa

 

El retorno del Jedi

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Al fin!!!! La tercera parte

Claro que hubo películas a las que no tuve que ir solo, algunas que mis compañeros del curso aceptaron venir conmigo de buen grado. Una de ellas fue la esperadísima “El Retorno del Jedi“, que la vi antes que nadie de mis amigos en España, que allí estaban ansiosos esperándola. El que más Jorge, que no cabía en sí de ansia – ¿Qué le habría pasado a Han Solo? – Le mandé una postal y le contaba que la película era una pasada, y que no se iba a creer el desenlace de la historia de paternidad de Darth Vader, ni como Han Solo se recuperaba de su congelación en carbonita. Lo cierto es que la película me defraudó ligeramente, sobre todo el final con los Ewoks que nunca me llegaron a convencer – ¿Por qué odiar a unas criaturas peludas tan adorables? – Pues por eso precisamente, porque son demasiado cómicos e infantiles, porque su dulzura artificiosa de peluche no encaja en las lineas de Star Wars, en donde los enanos habian triunfado tan bien hasta ahora: R2D2, los Jawas, Yoda…

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Pero la liberación de Han Solo del palacio de Jabba el Hut era magistral, muy bien pensado y con sorpresas, con una Leia erótica y sensual acompañada de monstruos xenomorfos de todos tipos. Pero luego llegaban esos ositos de juguete tan chirriantes que cortaban mucho el rollo. Estaban bien las persecuciones de motos por el bosque y la batalla final padre contra hijo en presencia del emperador, pero cuando se acaba uno se queda como incompleto – ¿Eso fue todo? ¿Conclusión feliz? – Y Leia y Luke son hermanos, ni siquiera hay pelea de machos por la Princesa, Han Solo se la queda sin problemas, sin màs se hacen novios ¿The End? En fin, la gran aventura de las Galaxias que me había acompañado, influido, inspirado y absorbido desde que tenía uso de razón se acababa y me dejaba un poco triste. Abandonado.

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El nuevo amigo

Asi empezaban las mejores peliculas
Asi empezaban las mejores peliculas

Unidos por la ciencia ficción y por el cine, Jorge se convirtió en mi nuevo mejor amigo. Compartíamos el mismo entusiasmo por “E.T.” y por “La Guerra de las Galaxias“, por Supermán y por los efectos especiales, las bandas sonoras de John Williams, e incluso lecturas y canciones. Él aún no tenía ninguna figurita de Star Wars, en eso le superaba, pero en música me sacaba mucha ventaja, y es que él era el menor de 5 hermanos, uno de ellos en plena adolescencia ochentera, muy fan del grupo Prefab Sprout, y le ponía al día en novedades y tendencias, muy heterogéneas.
Jorge era alérgico a las gramíneas, y esto le ocasionaba más de un disgusto respiratorio. En una ocasión tuvo una neumonía y el médico le dijo que otras dos más como esa y se muere. No sé qué tipo de médico sería ese, o si era una exageración del paciente, pero en aquel momento me lo creí. Obviamente no queria que se muriese, ¡pero si lo acababa de conocer y ya se va a morir! – Me imaginaba la escena tipo Elliot con E.T. pidiéndole que no se muriese. Los dos coincidíamos ademàs en peliculeros. Por fortuna no era tan grave el problema, aunque le impedía salir a la calle, por eso más que jugar por fuera de casa, como era mi costumbre asilvestrada, con él jugábamos más dentro de casa. Construíamos dioramas de cartón y naves de Star Wars con cajas de zapatos, y nos lo pasábamos genial construyéndolas durante horas, mejor de lo que luego jugando con ellas, que después de unos minutos lo que más nos apetecía era destruirlas, a poder ser con el fuego más espectacular posible. Hasta conseguí una figurita extra de Luke para poder cortarle la mano y luego pegàrsela otra vez.

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Hola mi amor, soy yo tu lobo

Darth Vader
El artista tailandés Chawakarn Khongprasert insertó algunos personajes Star Wars en la iconografía medieval

“¡¡¡¡¡ Soy tu padre !!!!!”

La frase resonaba con reverberante eco en mi colapsada mente, en mis sueños, en mis pensamientos. Cuando tu padre es Darth Vader la cosa debe estar bastante chunga, a ver dónde andaba tu madre cuando lo conoció. Mi padre…¿era Darth Vader? El hombre llegaba de trabajar de un mal genio impresionante, muchas veces ni hablaba ni nos decía nada durante días y días, y la lógica del coscorrón seguía imperando, así que Luke no era el único que tenía un padre en el lado oscuro, pero él tenía la fuerza, y yo no. De todas formas sentía empatía estrecha con Luke, compartíamos las densas sombras del reverso tenebroso y queríamos vencerlas. Debe ser duro que tu padre sea el malo, pero debes de luchar contra él porque sabes que no tiene razón, le decía imaginariamente. Yo mientras tanto me tenía que espabilar para alcanzar el nivel, porque por mucho que practicaba no me salía nada de Jedi, excepto la capacidad de ubicar con escrupulosa exactitud a mi padre en el lado oscuro.

En esa época mi mejor amigo se llamaba Gerardo, pero no funcionaba. Lo había sacado de confirmación y por más que quería involucrarlo en mis películas no lo conseguía. No podía hablar con él de Star Wars ni de nada de cine, era más bien ñoño el tal rapaz. Se sentía seguro en la juventud católica, y sus padres eran otros seres zombificados de la ciencia ficción teológica. Contradicciones de la vida, o no, le gustaba mucho la Orquesta Mondragón y mayormente la canción “Caperucita Feroz”, número 1 del momento, que bailamos él y yo delante de todo el mundo imitando el estilo de un programa en boga que echaban por televisión: “La Juventud Baila“, en mi 11 cumpleaños. Nos echamos un baile espectacular – hombre contra hombre – como si nada, pasando por debajo de las piernas, abrazados…, él estaba encantadísimo, pero de cine ni pizca, una lástima. Necesitaba desesperadamente un amigo Star Wars.

¿Cómo que mi padre?

Coca-Cola poster by Boris Vallejo, 1980
Coca-Cola poster by Boris Vallejo, 1980

En el ultraveloz Halcón Milenario viajan Han Solo y su inseparable Chewbacca, la princesa Leia y C3P0. Son descubiertos por los malos, pero se esconden en un agujero de un asteroide escapando de las naves imperiales – ¿Qué extraño asteroide es este? – ¡¡y dentro hay mynocks!! – ¿Mynocks? – dice la princesa – “Esto no es una cueva” – dice Han – Y es que efectivamente no estaban en una cueva, sino en la boca de un pedazo de monstruo inmenso, un gigantesco gusano exogorth ¡¡qué alucinante!!

Y mientras tanto Luke, que va con R2D2, conoce a Yoda, que es un hombrecillo verde irritante y poca cosa, pero resulta que es el gran maestro Jedi: qué buena lección, no te fíes de las apariencias, respeta a todo el mundo. Pero Luke es un impaciente y quiere que todo vaya más rápido, y así es como entra en una caverna y se encuentra con el mismísimo Darth Vader, así, de repente, como sin venir a cuento, y yo me quedé petrificado como los de Pompeya pero sin volcán. Y entonces luchan y Luke le corta la cabeza pero se descubre que es él mismo el que está debajo de la máscara, y era todo una ilusión relacionada con su preparación para enfrentarse al lado oscuro. ¡Uff! No sé si me enteré bien, menudo susto, pero entonces Luke parte a la busqueda de Han y Leia que han llegado a Bespin, a visitar a un amigo, Lando. Resulta que Lando, que es un señor que parece salido de la Tamla-Motown, los traiciona y allí está Vader y toda la panda. El primero que se entera es C3P0, porque lo parten en dos, ¡¡¡pobrecito!!!. Pero luego los cogen a todos y Boba Fett, el mejor cazarecompensas de la galaxia, hace congelar a Han Solo en carbonita, y así se queda el hombre, hecho un bloque de hielo negro. Y llega Luke, y él como que va a parte, a por Darth Vader. Lando de repente se vuelve bueno otra vez, explica que no le quedaba otra opción cuando llegaron los imperiales, y les ayuda a escapar, pero Luke se ha encontrado con Vader y ahora sí, luchan. El Duelo final, éste de verdad. Y mientras luchan hablan, como hacen siempre en las películas. Y Luke le mete un sablazo en el hombro – ¡Bravo! – y Darth Vader le corta una mano – ¡la leche! – Y de repente Darth Vader le dice: “Soy tu padre”, y en ese momento si me pinchan no sangro. ¿Darth Vader es el padre de Luke? ¿Pero en qué cabeza cabe? pero…pero…no puede ser, ¿es de verdad el padre de Luke? – Mamá, ¿es su padre de verdad? – Calla y sigue viendo la película y te enteras – ¡Oh! ¡No! qué desgracia, y encima le pide que se vaya con él a hacer el mal en el lado oscuro, desde luego que esto no se lo esperaba nadie. Luke se queda tan atónito como yo, no puede ser, es mentira – “Tú sabes que es verdad” – dice Vader.

Es verdad.

Bajo el shock tremendo, Luke se tira por un tubo de ventilación – ¿No se habrá muerto? – No, porque lo encuentran sus amigos y lo rescatan, y se acaba la película. ¡Qué injusto! ¿Se acaba la película así? ¿Hay que esperar a la tercera parte que tardará tres años? ¡¿Tres eternos años?! A la salida tenían que haber puesto a un psicoanalista, porque salimos todos traumados.