Monthly Archives: September 2016

En Penumbra

La movida ¿era ésto?
La movida ¿era ésto?

Un sábado por la tarde, ya todos los amigos juntos de nuevo, cumplimos con nuestro ritual de cine y fuimos a ver a las salas Clarín una película española sobre el autodescubrimiento de un joven, connotaciones sexuales incluidas, en la movida española. Salía el cara de palo Miguel Bosé y un joven actor en auge, que decían que era su amante, y que se llamaba Antonio Cantó. El actor era tan malo que sin duda debía ser su amante, porque no cabía otra explicación. Con el tiempo este chico se convirtió en político chaquetero con el pseudónimo de Toni Cantó. La película se llamaba “En penumbra“, y a pesar de su calidad dudosa, nos tocó la fibra por tratar de lo mismo que otras películas que ya he mencionado, en una etapa sensible para nosotros; un joven se enfrenta a su futuro, cómo va a hacer, qué va hacer, qué quiere y todas esas cosas. El hombre se mezcla con lo peorcito, incluyendo a Miguel Bosé que hace de una especie de Vampiro-diablo mientras las Magenta interpretaban “La Reina del Salón” con violines y todo. ¡Qué gran grupo Magenta! Nacho Cano las produjo y las obligó a ponerse este nombre cursi, en vez del sugerente nombre Modesty Blaise que tenían.

En fin, la película era enrevesada y confusa, el cine español necesitaba de un rescatador urgentemente, y la movida precisaba de alguien fresco que la retratara, Almodóvar ya estaba por ahí afortunadamente. No obstante algunas frases se clavaron como flechas en alguno de nosotros: “La vida consiste en ir comprobando como fracasan todas las ilusiones” – “Las cosas nunca salen como uno las proyecta”. Eso junto a algunas escenas sexuales afectaron concretamente a uno del grupo que salió aturdido de la sesión. No nos lo confesó hasta bastante tiempo después, pero uno de nosotros descubrió con esta película malísima que probablemente era homosexual.

Amor y Pasión

Un Tinto de verano
Un Tinto de verano

Me gustaría recordar que en aquellos tiempos no existía el internet, y que el acceso al porno era complicado y acarreaba muchos riesgos en una ciudad tan conservadora como la nuestra. Podías acabar prisionero en una dirección espiritual del Opus Dei. Ver tetas, culos y coitos no era nada fácil, pero nosotros lo intentábamos, por curiosidad y para aprender, claro. Si el cine nos había enseñado a besar por qué no aprender el paso siguiente. En cualquier caso prefería ver cine antes que un vídeo porno, con todos los respetos, pues me daba más morbo un erotismo bien contado que todas las vaginas, pechos, culos, penes enhiestos y lubricaciones juntos. Y dado que “Calígula” nos había resultado muy “interesante”, fuimos a los minicines Jorge y yo un Domingo, sin decirles nada a los otros, a ver secretamente por la noche “Amor y Pasión“, que también era del gran cineasta Tinto Brass y que como siempre con él muestra unos cuantos panderos bien redondos.

Sacamos las entradas poniendo voz de barítono, aunque no hacía falta, porque los socialistas en el poder permitían que pudiéramos ver películas guarras. Nos fijamos que en torno a la taquilla había no pocos hombres con abrigos y gabardinas la mayoría fumando. En fin, entramos y estábamos solos en la sala, no había ni un alma – ¡Qué bien! El cine entero para nosotros – Pero fue apagarse las luces y la caterva de hombres fumadores que estaba fuera comenzó a entrar aprovechando la oscuridad. Algunos se sentaron cerca nuestro, y algunos no se quitaron la gabardina en toda la sesión, e incluso movían ocasionalmente las manos en sus bolsillos. En ese momento comprendimos el por qué del rancio olor a pocilga de los minicines.

Basada en una novela de Mario Soldati, escritor y director de cine, la cinta cuenta la historia de una pareja que sirvió en Capri durante la segunda guerra mundial y que vuelve en 1947, encontrándose con sus respectivos antiguos amantes. Como siempre con el señor Brass, salen amplios traseros, vellos pubicos, pilosidades femeninas varias, sus particulares fetiches sexuales en contra de la hipocresía y censura del cine imperante.

Al acabar al sesión estábamos de nuevo solos en la sala, todos los individuos habían ya desaparecido a velocidad express. Al salir nos encontramos con mi primo de Gijón y nos preguntó de qué película veníamos – de ver El Oso – respondimos, no podíamos retratarnos y descubrirnos, y nos tuvimos que inventar piezas del argumento sobre la marcha para explicarle a mi primo, que tenía interés por verla – es muy buena, mucho pelo, jajaja – Nos daba vergüenza reconocer que habíamos ido a ver “Amor y Pasión”.

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Calígula

Telita con el emperador
Telita con el emperador

En el segundo ciclo sobre películas prohibidas que pudimos hacer vimos “Calígula“, una cinta de orgías romanas realizada por un director Italiano, Tinto Brass. A más de uno nos puso a tono. Había una versión antigua, de 1979, pero en 1984 sacaron una versión sin censura, muy fuerte. Era mi primera película “X”, que era todavía más fuerte que “S“, aquella “S” que veía en los cines de Bilbao y que tanto me atraía, al fin iba a ver una de esas ¡Qué transgresión!

A pesar de la carnaza, grandes actores participaban: Malcolm McDowell, Peter O’Toole, John Gielgud y Helen Mirren. El guión original fue escrito por el famoso y reconocido autor estadounidense Gore Vidal, que pretendía mostrar la realidad excéntrica y excesiva del emperador romano con tratamiento histórico a la par que veracidad visual. La libertad sexual, la promiscuidad y la impudicia del controvertido Calígula eran escandalosamente novedosas, y tan viejas como el mundo. Había homosexualidad, lluvia dorada, zoofilia, sadomasoquismo, una locura pervertida y explícita que nos dejó los ojos muy abiertos, entre la excitación y la sorpresa, la barbaridad y el placer. Era lo más porno que habíamos visto hasta entonces y teníamos sensación de haber franqueado una barrera prohibida, un paso hacia delante sin retorno en el mundo adulto.

Sin embargo seguíamos siendo inocentes. Yo prefería mucho más seguir viendo estas películas con mis amigos que aceptar otras invitaciones a casa de mis compañeros de clase a ver películas directamente porno. Y eso que insistían, pero nunca quise ir. Al día siguiente contaban sus hazañas y todos nos reíamos. Uno de ellos tenía un padre invidente, y era precisamente en esa casa donde veían las películas. Se sentaban en el sofá y ponían una toalla cubriendo las entrepiernas y por encima una manta, y así se masturbaban, en grupo ante la tele con cierta discreción. Pues bien, un día llegó su padre prematuramente de trabajar, era ciego y vendía cupones, y los pilló en plena faena. – ¿Qué hacéis? – Hola papá, pues nada, viendo una película. – No, no os molestéis, ¡seguid viéndola! Por mí no apagues la televisión – decía el padre mientras caminaba hacia su sofá, y tocaba la manta – Oye, y ¿por qué tenéis una manta? – Es que hace frío – ¿Frío? ¡si estamos en un Mayo esplendoroso! – Es que venimos de jugar al fútbol y sudar mucho – ¡Ah! Será por eso – Y el padre iba y venía – En la película suenan gemidos – ¿Qué carajo de película es ésta que estáis viendo? – Es una de guerra, es que están torturando a la chica – Pues le duele bien – Y todos se ríen a carcajadas – hasta que el padre se da cuenta y les grita – ¡Panda de guarros! a hacer esto en vuestra casa, ¡Tinín qué poca vergüenza tienes! Se llamaba Tinín el compañero.

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Porky’s

Gamberros de universidad
Gamberros de instituto

Cuando Terciopelo Azul acabó, estábamos aturdidos. No era el tipo de erotismo que esperábamos encontrar. ¡Qué gran película! – decíamos – y nos sentimos tentados a no poner la otra cinta que habíamos sacado del videoclub, para no quebrar la atmósfera. Sin embargo, y por unanimidad, la quebramos y acabamos por ponerla: Porky’s, la muy gamberra e irreverente, nada surrealista, puro contraste.

Filme de culto a su manera, esta cinta muestra como la juventud local del instituto Angel Beach de Florida, busca diversiones en el año 1954. El modelo de historia ha tenido gran influencia en los guiones de las películas posteriores sobre adolescentes.

Perder la virginidad debería ser un sacramento, según la cultura comportamental contemporánea occidental. Así se hubiera evitado que estos chicos salidos y hormonales de instituto salieran humillados de sus intentos con una prostituta del club nocturno de Porky. El resto del filme es la trama de la venganza de los muchachos contra Porky y su hermano el Sheriff, que finalmente se consuma.

En la subtrama pululan las travesuras. La entrenadora, Beulah Balbricker, estaba caracterizada muy bien, con esa notable barriga y los pantalones ajustados en la cintura marcando todo el continente, divertidísima.  Hay una escena en la que los chicos espían a las chicas en su vestuario a través de un agujero. Son descubiertos y sacan la lengua por el orificio, pero las mujeres la untan con jabón, y el muchacho responde introduciendo su pene. Justo entonces entra la nominada entrenadora que agarra con fuerza el miembro sobresaliente, casi no podíamos parar de reír, creo que alguien se meó incluso. El chico consigue escaparse, pero la entrenadora ha visto que el rabo tenía un lunar, y está decidida a encontrar al dueño. Solicita que el Director desnude a todos los chicos en fila en el patio para que ella pueda identificarlo. Sin embargo, le niegan la solicitud y se vuelve obsesionada con su búsqueda mientras todos los demás se burlan de ella.

Mucho nos reímos con esta película gamberra, que resultó no ser estadounidense. Para nuestra sorpresa Porky’s acabó por ser la película canadiense más taquillera de la historia.

El tema de perder la virginidad salía a relucir en nuestro debate posterior, todos éramos vírgenes de momento, pero entre el SIDA y nuestro comportamiento infantil, no nos importaba mucho aún. Por supuesto que al llegar a casa ni mú, que eran películas prohibidas. – ¿De dónde vienes? – Del cine – ¿Qué película has ido a ver? – Howard el pato – ¿Pero esa no la habíais visto ya? – No, quisimos ir pero no había entradas – ¡Ah! ¿Y qué tal? – Horrorosa – todo mentira menos lo último.

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Terciopelo azul

La canción se te mete
La canción se te mete

Al igual que habíamos hecho ciclos de cine de terror, hicimos ciclos de cine erótico-festivo. El primero tuvo lugar en cierta ocasión en la que el cuñado de Jorge se marchó de vacaciones con la hermana, y dejó el piso libre con el video beta dentro; y teníamos la llave. Así que fuimos al videoclub, que ya contaba sólo con una brevísima sección Beta, y escogimos “Terciopelo Azul” y “Porky’s“, lo mejor que les quedaba en la exigua estantería, aunque a “Terciopelo Azul” le teníamos muchas ganas, porque no nos habían permitido ir a verla en el estreno y estábamos oyendo hablar de ella constantemente.

Así que allá fuimos, esperando ver de qué trataba ese sadomasoquismo que tanto se traía la prensa especializada con Isabella Rossellini para aquí y para allá. Y nos sedujo la película, quedamos hipnotizados en el surrealismo de Lynch sin entender del todo esa dualidad que se presenta entre lo normal y bien visto y lo oscuro y lo secreto, pero percibiéndolo inconscientemente y absorbiéndolo todo, envueltos en la tan bien utilizada música, ella llevaba puesto terciopelo azul, ¡Buff!

Lynch estuvo nominado al óscar al mejor director (por segunda vez) y si no lo ganó es porque los académicos son una panda de conservadores temerosos. Quizás el fracaso de Dune impregnaba al director aún, pese a que su nueva obra era completamente personal y diferente, la consolidación de su individualismo torcido, “askew vision“, y de su exclusivo estilo negro, psicológico y onírico. La atmósfera perturbadora y surrealista que se construye es del todo magistral e inquietante. Bebía de Buñuel y el perro andaluz, y también de Hitchcock y del cine clásico. Numerosos simbolismos pululaban por el metraje: hormigas, insectos, un mirlo… La famosa oreja se asemejaba a la del infierno musical del Jardín de las Delicias de El Bosco; El conjunto ofrece complejas lecturas, la mayoría de las cuales se nos escapaba entonces. Y al final…

…I still can see blue velvet
Through my tears

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El SIDA

Sexo y Sida van juntos
Sexo y Sida venían juntos

Como a cualquier joven adolescente en edad de brotar vello, nos interesaba el sexo, el erotismo y sus posibilidades, y todo ello estaba por descubrir. Sin embargo se empezaba a conocer una enfermedad que se llamaba SIDA y que no se sabía aún muy bien si sólo afectaba a homosexuales o afectaba a todo el mundo, si se contagia en la penetración, o en los besos, o bebiendo de un vaso contaminado, o sólo drogadictos. Cada año iba saliendo información nueva y contradictoria, y esto, quieras que no, infundía un respeto.

Les venía fenomenal a todos los que vendían el sexo como pecado, como vergüenza, como prohibido. Te llegabas a plantear si no sería mejor meterse a monje. La ignorancia era tan atrevida como lo ha sido siempre, y la gente opinaba como le daba la gana.

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No sé qué hubiera sido de nuestra vida si el SIDA hubiera aparecido antes o después, pero en ese momento no puedo negar que afectó mucho nuestra sexualidad y nuestra forma de vivir y aprender el sexo, sin duda nos marcó para siempre. La era del sida empezó oficialmente el 5 de junio de 1981. Hasta 1984, que dos científicos franceses del Instituto Pasteur aislaron el virus, no se conocía qué tipo de amenaza infecciosa era ésta. La gente temía acercarse a los infectados ya que pensaban que el VIH podía contagiarse por un contacto casual como dar la mano, abrazar, besar o compartir utensilios. Famosos en todo el mundo empezaron a fallecer de SIDA y se mantenía en secreto, pero se rumoreaba: Rock Hudson en 1985, Liberace en 1987,  Robert Mapplethorpe en 1989, Freddie Mercury en 1991, Isaac Asimov en 1992, Rudolf Nuréyev en 1993… De repente el sexo tan apetecible estaba re-maldito.

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Fuego en el cuerpo

Me se quema la piel con tus besos
Me se quema la piel con tus besos falsos

Hay muchos aspectos en el mundo a explorar, teníamos tantas cosas que aprender. Fuimos a ver “Fuego en el cuerpo”, una película que nos encantó particularmente.

Pese al llameante título no se trataba de una historia sobre Juana de Arco quemada en la pira de la condena humana, ni de monjes budistas ardiendo a lo bonzo. Sabíamos lo que queríamos ver y esta vez no se trataba de política ni de historia, era carne cruda. Ya he dejado claro que Kathleen Turner nos gustaba a todos, tan vital, ondulada y turgente. Además la película era la primera de Lawrence Kasdan como director, que había sido guionista de “En busca del Arca perdida” y de “El Imperio Contraataca“. Y vaya si contraataca, que las tórridas escenas de sexo bastante explícito abundan por la película y el pobre William Hurt no puede más que sucumbir ante los encantos de Kathleen “Femme Fatale” Turner y hasta rompe una ventana de purita tensión sexual. Pero también era un filme negro de crímenes al estilo antiguo. La revista Variety escribió: «Fuego en el cuerpo es un fascinante y elegante melodrama donde el sexo y el crimen andan de la mano con rumbo al infortunio, justo como en las películas de antaño» Pero con el añadido de la guinda erótica que en los 80 se podía permitir hasta límites por descubrir, había que ir probando, y que en los años 40 apenas se podía insinuar. Los críticos masculinos se rendían a la Turner mientras que las pocas críticas femeninas no estaban tan impresionadas.

Como no podía ser de otra forma fue un gran éxito de taquilla. Con esta película se consolidó el desarrollo del thriller erótico en los siguientes años con protagonistas como Madonna (Body of Evidence), Glenn Close (Atracción Fatal), Melanie Griffith (Bodie Double), Kevin Costner (No way out), Dennis Quaid (Querido Detective), Kim Basinger (9 semanas y media, Final analysis) y que quizás alcanzó su cénit con Instinto Básico y la escena que todos conocemos de Sharon Stone (Charito Piedra). Me refiero a cuando se le ve todo lo negro al cruzar las piernas, por si hay algún despistado.

“Fuego en el cuerpo” transmite el calor que anuncia e hizo que saliésemos sudando de la sala, como si hubiéramos estado en una sauna en vez de en un teatro de cine. El sexo existe y tiene buena pinta.

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Quieto, Muere, resucita

Otro niño desgraciado
Otro niño desgraciado

Después de “La Pequeña Vera” pude ver la impactante “Quieto, Muere, resucita” en los cines Clarín. Esta película soviética de niños desgraciados, cómo a Jorge le gustaba decir, acaba con un final turbador.

El extraño título hace referencia a un juego y/o canción infantil rusa, pero es una película muy dura sobre la infancia. Dos niños intentan sobrevivir en unas condiciones terribles en una remota población minera de Siberia durante los años 40 del siglo XX, y salvan las circunstancias gracias a sus travesuras y a su instintivo humor. Viven ambos en los alrededores de un campo de internamiento para prisioneros de guerra -japoneses- y disidentes. Ambos realizan un inocente recorrido por el horror, la miseria, la violencia.  El aprendizaje del horror y no del heroísmo es el desgarrador balance de una educación sentimental condenada a la oscuridad. Se trata de un filme autobiográfico que porta la ira de su autor, Vitali Kanevski, que pudo dirigir su película a los 55 años después de haber sido condenado 8 años a prisión por una violación no probada. Para escribirla no cabe duda de que se inspiró en “Los 400 golpes“, porque la mirada del muchacho Valerka es muy parecida a la de Antoine Doinel, aparte del blanco y negro, pero la traducción a lo ruso resulta de una crudeza sobrecogedora, un testimonio escalofriante de lo que supuso el estalinismo, tan crítica que sólo en la época de la perestroika se pudo finalizar. Hay tanto paralelismo con la película de Truffaut, que hasta hizo una secuela con un Valerka más mayor titulada “Una vida independiente” (1992)

Al final el director dice ¡Corten! y se ve como se acaba la película, los técnicos, los actores y el cámara, pero una señora loca que ronda, la mujer enajenada, sigue gritando y brincando alrededor desnuda en una escoba; no es una actriz, es real, la locura auténtica. Como queriendo decir: esto que os he contado es de verdad, así estamos en Rusia.

Es bueno comparar. El mundo es así.

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La Pequeña Vera

Nada que ver el poster con la peli
Nada que ver el poster con la peli

Aprovecha el momento. Estábamos muy lejos de los límites de la desesperación, que por entonces empezaban a delimitarse en el este, en las películas rusas. Algo ocurría allí y el cine soviético comenzaba a ser crítico y a llegar a nuestras pantallas, algo muy novedoso. La primera película rusa que vi se titulaba “La pequeña Vera“, que trata sobre una joven muchacha que vive un infierno en su casa, mucho peor que cualquiera de los nuestros, en la época de la pre-perestroika. Su padre es un borracho que la pega y hasta la ha violado alguna vez. Se echa un novio y todavía le sale peor la jugada, así que se va a vivir con las amigas y se mete en la droga y en la prostitución, hasta que la detienen. Un descenso a los infiernos; cuando la policía soviética la detiene pregunta a los polis que por qué, y le dicen que por puta, y ella responde que ese delito no se da en la Unión soviética y que no puede ser detenida por un delito que no existe. Pero vaya si la detienen. Rusia se ponía como ejemplo mundial en el escaparate social, se vendía como un país que ya había superado los conflictos sociales, que no contaba con problemas de esa naturaleza, que no tenía drogas, alcoholismo, robos, asaltos, asesinatos, que todos los rusos eran fraternos, hermanos, camaradas y que existía un sentimiento de solidaridad. Así que Vera opina que no la pueden detener por prostitución porque ese delito simplemente no existe.

La película por primera vez tocaba un problema grave en la sociedad soviética, y que por censura no se publicaba ni se daba a conocer a través de los medios; sólo gracias a la perestroika y el glásnost fue posible que salieran a relucir los problemas sociales que tanto afectaban al país, como a cualquier país del mundo, no se podía tapar el sol con un dedo.

El film fue un éxito total de taquilla en la Unión Soviética en el año 1988, con 54.9 millones de espectadores, y también alcanzó una popularidad notable en los Estados Unidos, quizás por sus escenitas sexuales explícitas.

Sin embargo el tema que se me metió en la cabeza con esta peli es que si bien los chicos desgraciados sufren, luchan, se adaptan, y consiguen objetivos, las chicas desgraciadas acaban mal folladas casi siempre, abusadas y sobrecargando una connotación sexual en sus desdichas. Qué difícil ser mujer.

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