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Los Diez Mandamientos

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Irás al cine sobre todas las cosas

Como había sido su hermano el que me había zurrado por el mal partido de fùtbol, Gerardo se sentía culpable y por una vez fue él el que me quiso llevar al cine. Echaban “Los Diez Mandamientos” en el cine Palladium, y su madre, católica fervorosa, se la recomendaba. Yo le dije que bueno, que vale, pero que no esperase acabar forrado de bollinas en casa de mi abuela como la otra vez con Flash Gordon, que era lo que yo sospechaba que de verdad quería.

Y allí fuimos a ver una reposición de un clásico de 1956, los dos solos de nuevo, una historia de la Biblia filmada en Vistavisión por Cecil B. DeMille. En mi mente la biblia aún tenía muchos conflictos que dirimir con Supermán, y quizàs en esta película Dios podría recuperar algo de terreno. ¡Y vaya si recuperó! – La escena del mar abriéndose para que pasen los judíos es antológica, y luego cuando pasan los egipcios se vuelve a cerrar, es que este Dios sí que sabe cómo acabar con la gente, ¡sí señor! ¡Que se ahoguen los malos con sus caballos! ¡Espectacular! Una película épica – un pelín larga – pero de la que salimos encantados. Y el origen del Arca Perdida queda claro, todo està enlazado. En mi cerebro (por suerte nunca dejé de ser buen estudiante a pesar de todo) se mezclaban tantas cosas que ese verano en la playa de mi pueblo utilizaba la fuerza para que se separasen las aguas del mar. Tenía un bañador rojo apretado, porque iba creciendo más rápido que el dinero para comprarme ropa nueva, y estaba sobre una roca haciendo fuerza para abrir las aguas, pero haciendo mucha fuerza, muy concentrado, esta vez sí lo iba a conseguir, y entonces mi tía la de Luarca vino por detrás y me dio un susto que, con la fuerza… pues bueno, me cagué un poco, y acabé con el culo en el mar suplicándole a mi tía que no se lo contase a nadie mientras ella se meaba de risa (ella no literalmente como yo), y yo me limpiaba en las olas.

Arnold Friberg Cover
Arnold Friberg Cover
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Flash Gordon

Flash Gordon
Un Flash Gordo

Mi amigo Gerardo no había muerto del todo, daba señales de vida todavía. De vez en cuando conseguía separarse de las faldas de su madre y quería pasear. Yo intentaba incrementar la amistad con la familia de Manolo, y a la vez compaginar las dos amistades sin mezclarlas, tenía miedo de que entre Manolo y Gerardo se hicieran más amigos que conmigo, no sé qué problemas mentales desarrollé al respecto, celos y paranoias.

20160618_120555Ocurrió que en el cine de arte y ensayo Palladium, junto a casa de mi abuela, echaban Flash Gordon, y me llevé a Gerardo, fuimos los dos solos. Desde aquel ya lejano día de Sandokán no había vuelto solo al cine. Además esta película me la había contado mi madre y ya me había preparado para los sustos, para evitar posibles pesadillas. Hay un momento en el que Flash tiene que meter la mano en el hueco de un árbol, el árbol de la verdad. Si miente, el bicho que hay dentro, que es un escorpión gigante, le mordería con su veneno mortal y moriría entre espasmos y retorcimientos dolorosísimos, pero si no miente, si dice la verdad, no le pasaría nada. Así que allá va el rubio, mete la mano y…¡¡¡¡Aghhhh!!!! grita con gestos de dolor, ¡¡¡Oh No!!! ¡¡¡Le ha mordido!!! Pero no, era una estratagema para engañar al celoso de Barin, interpretado por Timothy Dalton, que es el que se iba a casar con la chica, Ornella Muti, hasta que llegó Flash Gordon para quitársela. Pero después de escaparse es capturado por los hombres Halcón. Al final todos se unen para vencer al malvado doctor Ming, que tiene raptada a la chica. La música de esta película también me quedó grabada – ¡¡¡¡vamos Flash, vamos Flash, vamos Flash!!!! – Y es que era nada menos que de Queen.

Me encantó Flash, salí fascinado, y ya me daba cuenta de que no era como Supermán ni como la Guerra de las Galaxias, pero que en su propio estilo, ignoraba que era un camp intencionado, también estaba bien. Les faltó un George Lucas para tener un éxito. Salía Topol otra vez, como en “Solo para sus ojos” y en “El Violinista en el tejado” (¿es que sale en todas este señor?), y el malvadísimo emperador Ming era un tal Max Von Sydow. Sin embargo a Gerardo ni fú ni fá, que poca sustancia este hombre. Y a la salida del cine mi abuela nos infló de bollinas, y esto sí que le gustaba más. En mis pensamientos deseaba que se comiera la bollina de la verdad del Dr. Ming y se espabilara.

Un poco bear quizàs?

¿Un poco bear quizàs?

 

 

 

Salas de cine

Grandes salas de entonces_oPero ahora estábamos en Oviedo. No fue tampoco tan fácil, hubo que contratar un camión de mudanzas y toda la familia circular por la carretera general en un seat 133 amarillo desde Bilbao, unas 6 horas y media de viaje. Yo que me mareaba con facilidad, acababa el trayecto con el mismo color de piel que el coche. Por supuesto que adiós a todos mis amigos, habría que hacer amistades nuevas. Por alguna razón, la espontaneidad del traslado, yo no sé, pensaba que iría a la escuela a los Jesuítas de Oviedo, que sería como la del País Vasco, y mi madre debió de pensar lo mismo, que nos admitirían automáticamente, pero no era así. De repente en Septiembre no teníamos colegio a donde ir y fuimos escuela por escuela a dar pena a los directores a ver si nos admitían, de mejores colegios a peores, hasta que nos admitieron en el Colegio Público de El Fontán, que aún mantenía una estructura propia del franquismo, con viejos profesores autoritarios, grandes crucifijos intimidatorios, maestros que te pegaban con la regla… A mí me correspondía ir a la llamada “Escuela preparatoria” que equivalía a 5° de EGB, en la calle Pérez de la Sala. Ya no habría cine en la escuela, ésta nueva era muy deficitaria en estructuras y posibilidades, y me di cuenta de que mis compañeros de clase iban a ser muy distintos. Aquí había hasta matones peligrosos que fumaban en los baños con los que era mejor no tener ningún conflicto. Por suerte también resultó haber gente estupenda de la que aprender muchas cosas, como la vida misma.

Afortunadamente, los cines de Oviedo se parecían bastante a los de Bilbao, e incluso daba la impresion de que había màs salas. Estaba el Real cinema, el Ayala, el Filarmónica, el Roxy, como en Euskadi, pero también otros nombres nuevos como los Cines Fruela y el Aramo, o los multicines Clarín y los Brooklyn, que son varios cines en uno solo, es decir, multisalas, un nuevo concepto modernísimo que venía de América. Estaba además el cine Palladium, muy cerca de la casa de mi abuela, que se llamaba cine de arte y ensayo, y el gran cine Principado y el teatro Campoamor. Pero no había sesión continua, en Asturias no teníamos cine Olympia, que pena. Luego se abrieron los minicines, unas salas pequeñas a donde pasaban los estrenos que se volvían viejos… Contábamos con muchas salas de cine donde elegir, la edad dorada. Màs adelante, con el tiempo, poco a poco, han ido cerrando todas aquellas salas una por una, y hoy día sólo quedan unas multisalas en la ciudad, en un centro comercial periférico. Una pena. Eso sí, ofrecen la máxima tecnología de sonido e imagen.

Ahora el cine Ayala es un Spa&Fitness
Ahora el cine Ayala es un Spa&Fitness