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Otra mujer

Una mujer, otra mujer
Una mujer, otra mujer

De repente Woody Allen nos sorprendía de nuevo y estrenaba una película existencial contemporánea. Como decían los del Daily Telegraph “Una de las películas más cortas, menos divertidas y mejores de Woody Allen”. Para mí que Woody Allen se toma la vida como una broma, pero en serio. Pero broma al fin y al cabo. Intenta imitar o seguir a Ingmar Bergman pero como no puede le salen chistes y crea su propio estilo. En este film, muy Bergmiano a lo Fresas Salvajes, el humorista judío-humanista pone a su protagonista, una exitosa mujer de 50 años interpretada por Gena Rowlands, contra las cuerdas, al hacerla revisar su vida anterior con una objetividad que no había tenido nunca, y descubre que su existencia ha sido miserable y gris, una farsa, vacua. Que ha perdido la oportunidad de una vida más intensa, más auténtica, con riesgos y pasión, por preferir la comodidad de una ruta vital más fácil por los caminos de lo convencional y socialmente aceptado.

Incluso sale un poema que estuve rumiando un buen tiempo. A veces Woody Allen saca en sus películas poemas estupendos:

Torso de Apolo

No conocimos su inaudita cabeza,
en la que maduraron los frutos de sus ojos. Pero
su torso arde aún cual candelabro,
cuyo mirar, tan sólo atenuado,

perdura y resplandece. De otro modo la saliente
de su pecho no podría deslumbrarte, ni podría avanzar
una sonrisa por la silenciosa curva del lomo

hacia aquel centro de la procreación.

De otro modo esta piedra deformada y truncada
no se erguiría bajo la transparente caída de los hombros
ni centellearía como el pelaje de una fiera salvaje;

ni estallaría desde todos sus bordes como una estrella,
pues no hay en ella un sólo lugar que no te vea.
Debes cambiar tu vida.

Rainer Maria Rilke, Nuevos poemas, 1908

Acaba la película y dice: “Y me pregunté si un recuerdo es algo que se tiene o algo que se ha perdido”. Y salí del cine Ayala shockado pero decidido a que a mí no me iba a pasar lo que a esa mujer, que mis recuerdos serían sólidos y serían míos, y por supuesto que querría a mi familia e intentaría que estuvieran orgullosos de mí, pero sin renunciar a mí mismo ni un ápice. Como buen adolescente, tenía que ir construyéndome, y mi manera de hacerlo era película a película, que siempre me influyeron mucho. También podría haber visto Rambo y acabar a tiros por algún frente, pero las historias que yo elegía no eran violentas, me encauzaba por otros derroteros.

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Salas de cine

Grandes salas de entonces_oPero ahora estábamos en Oviedo. No fue tampoco tan fácil, hubo que contratar un camión de mudanzas y toda la familia circular por la carretera general en un seat 133 amarillo desde Bilbao, unas 6 horas y media de viaje. Yo que me mareaba con facilidad, acababa el trayecto con el mismo color de piel que el coche. Por supuesto que adiós a todos mis amigos, habría que hacer amistades nuevas. Por alguna razón, la espontaneidad del traslado, yo no sé, pensaba que iría a la escuela a los Jesuítas de Oviedo, que sería como la del País Vasco, y mi madre debió de pensar lo mismo, que nos admitirían automáticamente, pero no era así. De repente en Septiembre no teníamos colegio a donde ir y fuimos escuela por escuela a dar pena a los directores a ver si nos admitían, de mejores colegios a peores, hasta que nos admitieron en el Colegio Público de El Fontán, que aún mantenía una estructura propia del franquismo, con viejos profesores autoritarios, grandes crucifijos intimidatorios, maestros que te pegaban con la regla… A mí me correspondía ir a la llamada “Escuela preparatoria” que equivalía a 5° de EGB, en la calle Pérez de la Sala. Ya no habría cine en la escuela, ésta nueva era muy deficitaria en estructuras y posibilidades, y me di cuenta de que mis compañeros de clase iban a ser muy distintos. Aquí había hasta matones peligrosos que fumaban en los baños con los que era mejor no tener ningún conflicto. Por suerte también resultó haber gente estupenda de la que aprender muchas cosas, como la vida misma.

Afortunadamente, los cines de Oviedo se parecían bastante a los de Bilbao, e incluso daba la impresion de que había màs salas. Estaba el Real cinema, el Ayala, el Filarmónica, el Roxy, como en Euskadi, pero también otros nombres nuevos como los Cines Fruela y el Aramo, o los multicines Clarín y los Brooklyn, que son varios cines en uno solo, es decir, multisalas, un nuevo concepto modernísimo que venía de América. Estaba además el cine Palladium, muy cerca de la casa de mi abuela, que se llamaba cine de arte y ensayo, y el gran cine Principado y el teatro Campoamor. Pero no había sesión continua, en Asturias no teníamos cine Olympia, que pena. Luego se abrieron los minicines, unas salas pequeñas a donde pasaban los estrenos que se volvían viejos… Contábamos con muchas salas de cine donde elegir, la edad dorada. Màs adelante, con el tiempo, poco a poco, han ido cerrando todas aquellas salas una por una, y hoy día sólo quedan unas multisalas en la ciudad, en un centro comercial periférico. Una pena. Eso sí, ofrecen la máxima tecnología de sonido e imagen.

Ahora el cine Ayala es un Spa&Fitness
Ahora el cine Ayala es un Spa&Fitness