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Salas de cine

Grandes salas de entonces_oPero ahora estábamos en Oviedo. No fue tampoco tan fácil, hubo que contratar un camión de mudanzas y toda la familia circular por la carretera general en un seat 133 amarillo desde Bilbao, unas 6 horas y media de viaje. Yo que me mareaba con facilidad, acababa el trayecto con el mismo color de piel que el coche. Por supuesto que adiós a todos mis amigos, habría que hacer amistades nuevas. Por alguna razón, la espontaneidad del traslado, yo no sé, pensaba que iría a la escuela a los Jesuítas de Oviedo, que sería como la del País Vasco, y mi madre debió de pensar lo mismo, que nos admitirían automáticamente, pero no era así. De repente en Septiembre no teníamos colegio a donde ir y fuimos escuela por escuela a dar pena a los directores a ver si nos admitían, de mejores colegios a peores, hasta que nos admitieron en el Colegio Público de El Fontán, que aún mantenía una estructura propia del franquismo, con viejos profesores autoritarios, grandes crucifijos intimidatorios, maestros que te pegaban con la regla… A mí me correspondía ir a la llamada “Escuela preparatoria” que equivalía a 5° de EGB, en la calle Pérez de la Sala. Ya no habría cine en la escuela, ésta nueva era muy deficitaria en estructuras y posibilidades, y me di cuenta de que mis compañeros de clase iban a ser muy distintos. Aquí había hasta matones peligrosos que fumaban en los baños con los que era mejor no tener ningún conflicto. Por suerte también resultó haber gente estupenda de la que aprender muchas cosas, como la vida misma.

Afortunadamente, los cines de Oviedo se parecían bastante a los de Bilbao, e incluso daba la impresion de que había màs salas. Estaba el Real cinema, el Ayala, el Filarmónica, el Roxy, como en Euskadi, pero también otros nombres nuevos como los Cines Fruela y el Aramo, o los multicines Clarín y los Brooklyn, que son varios cines en uno solo, es decir, multisalas, un nuevo concepto modernísimo que venía de América. Estaba además el cine Palladium, muy cerca de la casa de mi abuela, que se llamaba cine de arte y ensayo, y el gran cine Principado y el teatro Campoamor. Pero no había sesión continua, en Asturias no teníamos cine Olympia, que pena. Luego se abrieron los minicines, unas salas pequeñas a donde pasaban los estrenos que se volvían viejos… Contábamos con muchas salas de cine donde elegir, la edad dorada. Màs adelante, con el tiempo, poco a poco, han ido cerrando todas aquellas salas una por una, y hoy día sólo quedan unas multisalas en la ciudad, en un centro comercial periférico. Una pena. Eso sí, ofrecen la máxima tecnología de sonido e imagen.

Ahora el cine Ayala es un Spa&Fitness
Ahora el cine Ayala es un Spa&Fitness
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La Biblia en cómic

Jesus vs Superman
Jesus versus Superman, que la Troma no me copie la idea

La fiebre Supermán fue muy fuerte, me atacó con fiereza y me poseyó completamente. Esta vez yo había sido el primero de la clase en ver la película en el cine y presumía radiante sin disimulo ni rubor. Muchos se habían desanimado al ver la inmensa cola de la taquilla en la que yo había triunfado con trampas – Chincha rabiña – yo poseía algo que los demás no tenían: ¡Había visto Superman!

Supermán era mi héroe sin duda. Coleccionábamos los cromos con dedicación y tenía un cromo favorito, que era el de Supermán en el polo Norte, y que no lo cambiaba nunca, aunque fuera por otro cromo que no tuviera. Me fascinaba el hielo como escenario para mi superhéroe. Jugábamos con tanto ruido y con tanta frecuencia a Supermán que mi madre me llamó un día y me explicó: – Hijo, los cuentos son cuentos, no son de verdad. Supermán no existe, es una fantasía, y nunca existirá, así que ten claro que los hombres no vuelan ni volarán jamás – Estaba realmente preocupada, sentí que el tema era serio. No sé si me decía esto por culpa de un niño que se había arrojado al vacío después de ver la película pensando que podría volar, o porque en el colegio de los Jesuítas al que iba yo había dicho que quizás Supermán era más poderoso que Dios y que salvaba a más gente. El padre “Lacunza” se ponía las manos en la cabeza al oírme y preguntaba al infinito: “¿es necesario esto en mi vida?” – Pero Christopher Reeve era mucho más guapo que Jesucristo por mucho que el Padre Lacunza se pusiera flamenco. Cualquiera de las dos hipótesis podía ser, y es que encima me habían regalado una Biblia para niños en cómic, y como también estaba leyendo los cómics de Supermán, me debía de resultar fácil asociar ambas cosas, y por supuesto otorgar la misma veracidad a ambos textos, igual de reales aunque de tradiciones diferentes.

Comparar a Dios con Supermán era una batalla perdida para Dios, al menos en mis campos mentales. Aunque es posible, tal vez, que la principal razón de la llamada de atención de mi madre fuera el enfrentamiento encarnizado que me traía con el vecino de la puerta de al lado, del Séptimo A, que era fan acérrimo de Batman en una época en la que Batman estaba completamente fuera de moda. Para mí que estaba muy equivocado, hasta Dios era mejor que Batman.

Christopher Reeve
Imposible descubrir que Clark Kent era Supermán

Galáctica

Galactica
Tras el éxito de Star Wars empezaron a salir otras películas galácticas

El tiempo da la razón a quien la tiene, casi siempre. Este fue mi caso, porque “La Guerra de las Galaxias” fue tal éxito que todo el mundo hablaba de ella, y se empezó a hablar del espacio y de ovnis y esto le interesó a mi madre, que yo creo que al final se arrepentía de no haber ido a verla, así que cuando estrenaron “Galáctica” ella mismo quiso ir, y allí fuimos a hacer la cola en taquilla para comprar las entradas.

Por mucha gente que hubiera, por muy grande que fuera el cine, por muy oscura que se pusiera la sala, yo siempre me sentía tranquilo en el cine, siempre me pareció acogedor, siempre estuve a gusto. Y cuando empieza la película ya me quedo hasta el final, aunque no me convenza, sólo una vez me salí del cine a medias, pero eso ya lo contaré más adelante.

Galáctica” me encantó, como no podía ser de otra manera, y empecé a jugar con naves espaciales y mezclar en mis juegos a personajes de la escamoteada Guerra de las Galaxias con los de Galáctica, generando una confusión mental entre las dos películas y alguna otra que vendría después, que me duró por muchos años. Naturalmente yo era ajeno a las peleas legales por plagio que se entablaron entre los estudios 20th Century Fox y los Universal y que fueron sobreseídas en 1980.

De vez en cuando con mi madre mirábamos al cielo en busca de Ovnis o señales de extraterrestres, porque estábamos absolutamente convencidos de que no estábamos solos. Se imponía la moda de lo paranormal y los misterios. Constantemente salían por televisión personas que decían haber sido abducidas por extraterrestres, y yo le decía a mi madre que no me importaría que me llevaran en su nave interestelar. Ella respondía – con lo cagao que eres no vas con ellos ni hasta Artxanda – que era un barrio cercano. Y era un poco verdad, porque ni siquiera conseguía ver el programa de Jiménez del Oso sin cerrar los ojos, pero qué bueno sería que un extraterrestre me llevase a su planeta y me liberase de comer tortilla francesa tan a menudo.

El violinista en el tejado

El Violinista en el Tejado
¿Subir al tejado a tocar el violín?

Y ocurrió que mis padres se fueron a una boda y me volvieron a dejar con Chelo, la vecina fumadora. Y la vecina me volvió a llevar al Real Cinema a ver “El violinista en el Tejado“. Sería la primera película seria de mi vida después de Blancanieves, y además no era de dibujos animados, aunque por el título tan gracioso podría haberlo sido perfectamente ¿Qué pinta un violinista en un tejado?

Aguanté la película como un hombre, con canciones y todo, aunque no me enteré muy bien de la historia, he de reconocer, aún era muy pequeño. La canción me la traje a casa – ¡Si yo fuera rico, dubi dubi dubi dubi dubi dubi dubi da! – y se hizo popular en el hogar. -Mamá, ¿me das un duro para comprar un cuento? – y ella respondía: ¡Si yo fuera rica, dubi dubi dubi dubi dubi dubi dubi da!- y me quedaba sin el duro, que eran cinco pesetas, que no había euros.

También estoy obligado a reconocer que salí un poco aterrorizado de la película por culpa de la escena en la que el fantasma de la primera esposa del novio que le han encontrado a su hija, que se llama Fruma Sarah, se les aparece en un supuesto sueño como un espectro enfadado, y guardo sinceramente en la memoria este instante como uno de los momentos de terror más intensos de mi vida en un cine. Ahora lo veo y es completamente cómico, aparte de una escena brillante, pero entonces puse las manos sobre la cara y me fui escurriendo por la butaca hasta que Chelo alargó el brazo y me rescató de la sima. Tuve pesadillas durante meses y por culpa de ello no me dejaron volver al cine, que Chelo no hacía más que recordárselo a mi madre entre risas – ¡Chica! ¡Fue aparecer el fantasma y desaparecer el niño! ¡Ja, Ja, Ja! – Yo no le veía la gracia.

Manché los calzoncillos en esta escena, lo reconozco
Manché los calzoncillos en esta escena, lo reconozco

Viaje al Centro de la Tierra

Auténtica serie B made in Spain
Auténtica serie B made in Spain

La fiebre “Sandokán” nos duró meses. Me leí todos los comics al respecto que encontré, sobre todo aquellos de la editorial Bruguera sobre las novelas de Emilio Salgari. Pero este señor no había escrito muchos cuentos y sin embargo había otro, un tal Julio Verne, que había escrito un porrón de relatos fantásticos, así que seguidamente me pasé a los comics de Verne de la misma editorial. Leí “20.000 leguas de viaje submarino” y después “Viaje al centro de la tierra“, con la suerte de que justo en ese momento echaban la película en el Olympia, sesión continua por supuesto.

Dados los recientes antecedentes, esta vez, y bajo fuerte advertencia amenazante, sólo la vimos dos veces seguidas, pero podría haberla visto muchas veces más, porque me encantó absolutamente. Unos años más tarde leí que ésta era una de las peores películas de la historia, una serie B española chapucera, que hasta se ven los focos y los micrófonos por todas partes, un desastre vamos, pero yo no me acuerdo de nada de eso. Yo recuerdo como marchaban por las grutas y se enfrentaban a insectos gigantes, y lo que más recuerdo son los dinosaurios, esos monstruos prehistóricos que aún podrían existir en sitios como por ejemplo el lago Ness o en reinos perdidos como los que describe Julio Verne, que era un visionario, como lo demuestra claramente el “Viaje a la Luna”. Vamos a ver, si acertó con lo de la luna, ¿Por qué no iba a acertar con los animales prehistóricos?. Yo estaba convencido de que algún día encontrarían dinosaurios, e incluso yo podría ser uno de esos científicos aventureros que encontrase a un Triceratops o a un Diplodocus por ahí vagando en alguna ignota región de la tierra. Desde entonces me aficioné a los fósiles junto con mi padre, que ya era un poco aficionado, y me interesó la geografía para conocer rincones recónditos. Seguro que fui el primero de mi clase que supo que la capital de Islandia era Reikiavik.

Novelas gràficas de la editorial Bruguera
Novelas gràficas de la editorial Bruguera

Bruja mala

La belleza es superimportante
La belleza es superimportante

No había palomitas de aquella, simplemente me sentaron en la butaca y me quedé embobado desde el primer segundo hasta el final, cautivado completamente por las imágenes; fui capaz de seguir fielmente la historia y aterrorizarme con la bruja malvada. Tanto me afectó la película que fui incapaz de comer una manzana hasta los diez años, y aún hoy cuando me las ofrecen, incluso las que cultiva mi padre, directamente del árbol, me cuesta un tanto darles un mordisco.

Los enanitos eran unos personajes entrañables y la canción del trabajo en la mina se convirtió desde entonces en mi motivación para emprender tareas, desde ir a la escuela hasta lavarme los dientes o ponerme el pijama, me imaginaba como uno más de los enanitos cuidando de Blancanieves y protegiéndola de la perfidia de su madrastra. Cuando mi hermanito el tercero llegó a casa fue para mí un enanito más. Y un niño de mi clase que tenía una madrastra me daba mucha pena, porque daba por seguro que sería una bruja.

Solo he vuelto a ver la película una vez más, muchos años más tarde, en una sala de cine también, y comprendí por qué conservaba esa emoción atrapada desde la niñez. Temía que de mayor descubriese que en realidad era una película ñoña, inocente y sensiblera, pero confirmé que era una obra maestra de la historia de la cinematografía, una adaptación extraordinaria de un cuento de los hermanos Grimm, realizada con un arte cuidadoso y delicado, una película de los años 30 que se ha convertido en una joya intemporal, y salí del cine orgulloso de que ésa fuera mi primera película. Luego se puede discutir como se utiliza a la mujer, o bellas o brujas, pero en ese tiempo no me correspondía. Blancanieves siempre será la más bella.

De nuevo una mujer y de nuevo una manzana
De nuevo una mujer y de nuevo una manzana, como en el Edén

Blancanieves y los Siete enanitos

Poster Inglés de Blancanieves y los Siete enanitos, 1937
Blancanieves y los Siete Enanitos

Creo que mi bautismo de cine no pudo ser mejor: Me llevaron a ver Blancanieves y los siete enanitos, de Walt Disney.

Tenía entonces tres años nada más, cerca de los cuatro sin embargo, era 1974. Frente a la guardería infantil “Nuestra Señora del Pilar” a la que me llevaban diariamente, estaba el cine Olympia, en la ciudad de Bilbao. Al pasar me quedaba ensimismado ante los posters y los afiches que se ponían en vitrinas con fotografías de la película en sesión: me hipnotizaban los carteles y le preguntaba a mi madre – ¿qué es eso? – es el cine – me respondía – donde ponen películas como en la tele, pero en una pantalla gigante. – ¿Y dibujos animados también?- También-. Y yo decía que quería ver esas películas de pantalla gigante, sobre todo porque no me cabía en la cabeza una pantalla así, pensaba que sería como una televisión descomunal, y necesitaba verlo con mis propios ojos para comprenderlo, pero mi madre no me dejaba, decía que las películas de ese cine eran de dos rombos y que los niños no podían ir, y que además estaba muy oscuro y a mí me daba mucho miedo la oscuridad. Eso era verdad.

Por supuesto fue hace mucho tiempo. Aún mandaba el dictador Franco y no todo el mundo tenía todavía una televisión en casa, aunque empezaba a ser habitual. Nosotros sí, teníamos una Telefunken enorme y aparatosa que desde mi pequeñez me incitaba a pensar que nada más grande era posible, así que lo de la pantalla gigante del cine despertaba en mi una desmedida curiosidad.

¿Recuerdas cual fue tu primera película en el cine?

Los enanitos encuentran a Blancanieves en su cama