Tag Archives: adolescencia

Strip Poker

Más o menos fue así
Más o menos fue así

Sucedió un sábado soleado de Junio, las clases ya habían acabado. Jorge, Víctor y yo jugábamos al póker tal y como habíamos visto en las películas del Oeste.  Víctor sugirió que mejor no jugar con dinero, que teníamos poco, y tuvo la ocurrencia de jugar con la ropa, decidimos jugar al strip poker. Al estar imitando el salvaje Oeste, nos pusimos unos chupitos de whisky, al fin y al cabo los padres de Víctor se habían ido a un funeral en un pueblo lejano y teníamos la casa entera para nosotros. Jorge estaba entusiasmado con la idea, y yo acepté sin poner pegas. Y empecé a perder prendas, y seguí perdiendo. En un momento determinado me excusé diciendo que tenía que ir al baño, y que por respeto iba a subir a mi casa, así que subí a mi casa y me puse unos calzoncillos encima de otros y volví a bajar para seguir jugando. Prolongué un rato más la partida, pero no sirvió de nada. Estábamos los tres en calzoncillos, yo en mis últimos, y la siguiente partida era la definitiva, uno iba a perder y quedarse en pelotas delante de los otros dos, que la verdad, nunca nos habíamos visto desnudos. De repente nos pareció poco y decidimos que no sólo había que quedarse en pelotas, sino que había que bajar al portal y saludar al portero Estanislao con la minga al aire. Pues bien, perdí yo, normal, siempre pierdo en juegos y deportes, ya os lo he dicho, y con el mal perder que tengo, pues me resistí a quitarme los calzones, agarré mi ropa y quise irme. Discutimos. Finalmente accedí a cumplir el requisito si me permitían portar una toalla, porque me daba miedo encontrarme con algún vecino. Trato hecho. Me quité los calzoncillos, y se ve que con las bebidas espirituosas, mis amigos se animaron y se quitaron los suyos, ¡Ji Ji! – ¡Ja Ja! – Y justo en ese preciso instante, justo en ese y no en otro, con los tres en pelotas en el hall y Jorge medio empalmándose, oímos el ascensor pararse en el cuarto piso en el que estábamos. Nos quedamos paralizados. Los padres de Víctor no podían ser, estaban en un entierro muy lejos, tenían que ser los vecinos. Nos miramos ojiabiertos. Y de repente la llave entrando en la cerradura de la puerta de casa. Jorge y Víctor siguieron paralizados, pero yo agarré mis calzoncillos que estaban en el suelo y me metí corriendo, ni sé cómo, debajo de la cama de los padres de Víctor. Mis dos amigos reaccionaron tarde y se fueron corriendo al salón en donde tenían la ropa. El padre de Víctor oyendo el tumulto preguntaba mientras caminaba hacia el salón – ¿Qué pasa aquí? ¿Qué es este barullo? – y abrió la puerta del salón y se encontró a su hijo y a Jorge subiéndose los calzoncillos intentando vestirse a toda prisa. A pesar de la gran imaginación de Jorge y de las muchísimas películas que teníamos vistas, no se le ocurrió otra línea de diálogo que decir que: – No es lo que parece – Y claro, automáticamente pareció lo que no era; el padre de Víctor se pensó que su hijo se había vuelto maricón y con un tono de ira les incriminó – Parece mentira que no tengáis nada mejor que hacer con el día tan bueno que hace – También el padre se lució con el comentario. Víctor quiso cambiar el tema – ¿Pero no estabas en un entierro? – Su padre no respondió, pero le echó una mirada como si el próximo entierro fuera el suyo – ¡También está Rodri! – acertó a decir Jorge – No estamos los dos solos, ¡¡Rodrigo sal!! – Y trajo al padre hacia la habitación para descubrirme, pero ¡ay! amigo, yo ya me había escabullido e incluso había salido de la casa sin que nadie se diera cuenta. Acabé de vestirme en el rellano y esperé escondido fuera. El padre de Víctor salió de la casa como una exhalación y con cara de malas pulgas, Víctor y Jorge iban detrás intentando explicarle lo del póker y el whisky, casi me matan en la calle cuando los encontré de nuevo más tarde. Víctor empezó a frecuentarnos menos desde entonces. A Jorge le buscaron un director espiritual. Yo confesé ante todos los padres unos días después y el tema se tranquilizó un poco, que no veas las venas del cuello del padre de Víctor…

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Porky’s

Gamberros de universidad
Gamberros de instituto

Cuando Terciopelo Azul acabó, estábamos aturdidos. No era el tipo de erotismo que esperábamos encontrar. ¡Qué gran película! – decíamos – y nos sentimos tentados a no poner la otra cinta que habíamos sacado del videoclub, para no quebrar la atmósfera. Sin embargo, y por unanimidad, la quebramos y acabamos por ponerla: Porky’s, la muy gamberra e irreverente, nada surrealista, puro contraste.

Filme de culto a su manera, esta cinta muestra como la juventud local del instituto Angel Beach de Florida, busca diversiones en el año 1954. El modelo de historia ha tenido gran influencia en los guiones de las películas posteriores sobre adolescentes.

Perder la virginidad debería ser un sacramento, según la cultura comportamental contemporánea occidental. Así se hubiera evitado que estos chicos salidos y hormonales de instituto salieran humillados de sus intentos con una prostituta del club nocturno de Porky. El resto del filme es la trama de la venganza de los muchachos contra Porky y su hermano el Sheriff, que finalmente se consuma.

En la subtrama pululan las travesuras. La entrenadora, Beulah Balbricker, estaba caracterizada muy bien, con esa notable barriga y los pantalones ajustados en la cintura marcando todo el continente, divertidísima.  Hay una escena en la que los chicos espían a las chicas en su vestuario a través de un agujero. Son descubiertos y sacan la lengua por el orificio, pero las mujeres la untan con jabón, y el muchacho responde introduciendo su pene. Justo entonces entra la nominada entrenadora que agarra con fuerza el miembro sobresaliente, casi no podíamos parar de reír, creo que alguien se meó incluso. El chico consigue escaparse, pero la entrenadora ha visto que el rabo tenía un lunar, y está decidida a encontrar al dueño. Solicita que el Director desnude a todos los chicos en fila en el patio para que ella pueda identificarlo. Sin embargo, le niegan la solicitud y se vuelve obsesionada con su búsqueda mientras todos los demás se burlan de ella.

Mucho nos reímos con esta película gamberra, que resultó no ser estadounidense. Para nuestra sorpresa Porky’s acabó por ser la película canadiense más taquillera de la historia.

El tema de perder la virginidad salía a relucir en nuestro debate posterior, todos éramos vírgenes de momento, pero entre el SIDA y nuestro comportamiento infantil, no nos importaba mucho aún. Por supuesto que al llegar a casa ni mú, que eran películas prohibidas. – ¿De dónde vienes? – Del cine – ¿Qué película has ido a ver? – Howard el pato – ¿Pero esa no la habíais visto ya? – No, quisimos ir pero no había entradas – ¡Ah! ¿Y qué tal? – Horrorosa – todo mentira menos lo último.

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Distant Voices

Al principio pensaba titular este blog como "Voces Distantes"
Al principio pensaba titular este blog como “Voces Distantes

Éramos cuatro adolescentes atrapados, con ganas de escapar pero no podíamos. Así es muchas veces la adolescencia, un período en donde se hace evidente la jaula del nido, donde el pájaro ya se siente con fuerza para volar, pero no se le permite, porque tiene que estudiar, construirse, aprender… Los padres no entienden que los tiempos cambian, y los hijos no comprenden que los tiempos nunca cambian. Te crees que lo sabes todo, y quizás es cierto que no hay mucho más que saber. Han pasado 30 años. En fin, ya intuíamos los cuatro que huiríamos en cuanto pudiéramos, pero hasta que llegase el momento, nuestro refugio éramos nosotros mismos, y el cine, siempre ahí, como un agujero negro a otra dimensión.

Éramos conscientes de que el cine era nuestra guarida por distintas razones, unas veces para disfrutar y divertirnos con aventuras galácticas, otra veces para sufrir y gozar de terror, en muchas ocasiones para desconectar y escapar de la mediocridad de nuestra comunidad tibia, del lado oscuro y de unas familias conformistas en la Vetusta que no ha variado ni un pelo desde La Regenta; otras para aprender y descubrir, y también para compartir juntos sin necesidad de explicaciones nuestras reconocidas desdichas, que conjuntamente aceptábamos que no eran para tanto, sólo había que comparar.

Cuando sentados en la butaca se apagaba la luz y el haz del proyector se extendía denso y blanco sobre nuestras cabezas, quedábamos en paz y ya no estábamos en Oviedo, si no en un agradable lugar exterior. Nos sumergíamos en el río de luz repleto de millones de partículas inquietas de polvo, y aparecíamos juntos en algún mar lejano. Cuánta gente estaría viajando con nosotros…

Magia!
Magia!

El Juego de la Sospecha

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Sospechosos

No sé si se puso de moda y caímos en ella, o si fue después de ver “El Juego de la Sospecha” en los minicines que nos volvimos locos por los detectives. En esa película nos ocurrió algo que no sé como describir. La vimos Jorge y yo una tarde de fin de semana, y nos reímos muchísimo, tanto que nos caíamos de la butaca, igual que cuando vimos “El Jovencito Frankenstein“. Estábamos riéndonos a mandíbula batiente cuando, en una escena, una chica llama a la puerta y canta que es un telegrama musical que va a repartir y directamente la matan cómicamente mientras canta y baila, y ahí ya nos desencajábamos.

Pues bien, le contamos a todo el mundo lo divertida que era esa película, debían de ir a verla corriendo, pero luego a nadie se lo pareció. De hecho la volvimos a ver unos años más tarde y nos resultó hasta sosa, no sé qué nos dio aquel día, la verdad. Hay veces que el estado de ánimo decide si una película te gusta o no, independientemente de si es buena o mala, y en esta debíamos estar muy animados o teníamos ganas de reírnos. En la película hay que adivinar quién es el asesino como en el juego del Cluedo. Decidimos pues que nuestra pandilla evolucionaría hacia una banda de detectives aficionados muy profesional, al estilo de los libros de “Los Tres Investigadores“, que estaban anunciados por Alfred Hitchcock, o de los famosos “Cinco“, de la escritora Enyd Blyton. Jorge tiraba más hacia Tintín, y usaba al fox Terrier de su cuñado como si fuera el perro del reportero.

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