Muerte en Venecia

¿Qué tiene el niñato ese que trae loco al viejo?
¿Qué tiene el niñato ese que trae loco al viejo?

La señora del videoclub “Star 80“, mi favorito, junto a la plaza de América, era muy simpática conmigo. Si mi madre me pedía que fuera a por el pan, justo en frente de casa, me quejaba y no quería ir, pero nunca tuve ningún impedimento para correr a la plaza de América al videoclub a ver a la dependienta. La llamábamos Madame 80, porque era como una madame de película con un sofisticado moño rubio teñido bien prieto y notable. Perfectamente podía haber participado en el cast de Armas de mujer. Cuando vio que devolvía los 400 golpes me recomendó “Muerte en Venecia” y la alquilé. Me dijo que era historia del cine.

La peli va de un viejo compositor tonto que se va a Venecia a curarse de su enfermedad y se queda pillado por un chaval melenitas y medio pánfilo, ¿cómo es posible que algo tan estúpido le devuelva la esperanza a un viejo desahuciado? ¡¡Si ni siquiera se cruzan una palabra!!

La historia aparentemente simple encierra complejos simbolismos, alguno de los cuales incluso yo pude comprender a los 14 años. Se trataba de una de las últimas películas de otro gran director del cine, un italiano llamado Luchino Visconti, que adaptaba una novela corta de 1912 escrita por el autor alemán Thomas Mann.

Venecia, la ciudad de las apariencias, romántica, burguesa, carnavalesca, es también a la vez la ciudad de la decadencia y la muerte. Un viejo en caída vital encuentra desmedido interés en un joven adonis representante de un ideal de belleza. El chiquillo, que se llama Tadzio, se convierte en una obsesión para el compositor, que vive un drama interior de lucha entre su moralidad convencional y las pasiones prohibidas. Encantado por este nuevo sentimiento vivo, resucitador, de amor, adoración o como quiera llamarse, se deja llevar y persigue y espía al muchacho patológicamente. De repente hay una epidemia de cólera y tiene que decidir entre marchar o quedarse. Elige sentir y se queda. Fallece en la playa mientras Tadzio juega y ni siquiera se da cuenta, Juventud divino tesoro.

Yo deduje que tenía que montarme la vida de forma que no podía acabar de una manera tan patética como el compositor.

All sizes . Flickr Photo Sharing
Yo siempre pensé que a Tadzio le faltaba media hostia
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