El exorcista

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O por qué seguimos yendo a misa hasta los 18 años, por lo menos

La película que más nos aterrorizó fue sin duda “El Exorcista“, de William Friedkin, 1973. Se trataba de un exorcismo basado en la historia real del poseído Roland Doe en 1949, y eso nos acojonaba más, por lo de verdadero digo. La música de Mike Oldfield, que nosotros le decíamos Miguel Campoviejo, completaba la atmósfera. Jorge decía que la película incluía escenas subliminales, esto es, que penetran en tu cerebro sin que seas consciente y te puedes volver loco. Un señor en el estreno se rompió la mandíbula desmayado por culpa de estas imágenes – No puede ser verdad – Claro que sí, ya verás – y con tensa parsimonia pasamos el video en cámara lenta, y de repente…¡¡¡¡FLASH!!!! Ahí está, la cara del mismísimo diablo. Cuando salía dimos un respingo: – Ha salido el diablo – yo no le he visto – ¡que sí!, rebobina – y rebobinábamos- ¡ahora! ¿Lo has visto? – no, vuelve otra vez – ¡para la imagen! – y al final lo conseguíamos, la cara del maligno en la pantalla, qué miedo. Nos quedábamos sin respiración. Maravillas del video.

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En mi pueblo hay gente más fea, pero éste acojonaba más

La chiquilla poseída es tan realista que tuve pesadillas hasta la edad militar, ¡qué bien lo hace!. La niña que interpreta el papel, Linda Blair, tenía 12 años, y en el casting le preguntaron si sabía qué tenía que hacer en el rodaje, y ella respondió que sí, que tenía que masturbarse con un crucifijo. ¿Pero tú sabes qué es eso? – le preguntó el señor Friedkin desasosegado – Claro que sí, hacerse una paja – respondió ella, y añadió – ¿Tú no te haces pajas? – y le dieron el papel ¿Has visto lo que hace la cochina de tu hija?

A Víctor le impresionaban las escenas de exámenes médicos, les tenía una fobia particular. Ninguno de nosotros sabíamos entonces que uno de los radiólogos que salen en pantalla, Paul Bateson, fue condenado por asesinar a un crítico de cine, y se sospechaba que podría haber matado a seis personas más, cuyos cuerpos, descuartizados y metidos en bolsas, fueron hallados flotando en el río Hudson.

Aterrorizados volvimos a casa acelerando por la calle y pegados a la pared. Ya en el hogar cogí de un cajón una muestra de agua bendita que mi abuela había traído de Fátima, y la vacié en la bañera para darme un buen baño y sentirme a salvo por una temporada. Y los domingos a misa, faltaría más.

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