Jo, ¡qué noche!

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La noche tiene sus peligros

Estrenaban una película de un director muy aclamado por la crítica que tenía unas cuantas obras maestras a sus espaldas, y del que todavía no había visto nada, se llamaba Martin Scorsese. Le habían puesto un título chocante por espantoso, quizás querían engañar al público, no sé a quién se le ocurrió semejante título: “Jo, ¡qué Noche!”, que en realidad se llamaba After Hours.  La peli de Scorsese estaba muy pero que muy bien, yo estaba seguro de que sería una firme competencia de Spielberg en los Òscar de 1985, pero sin embargo no tuvo nada de éxito y además, no sé por qué, entraba en los premios del 86, que tampoco ganó ninguno, excepto un premio en Cannes. Decían que estaba maldita porque la habían estrenado un viernes 13, y puede ser, porque ni público ni nominaciones ni nada, fué un desastre y cayó en el olvido total. De hecho la pasaron enseguida a los minicines y la tuve que ir a ver un Domingo por la tarde con Diego, que ya empezaba a disfrutar de cierta libertad condicional concedida por su padre y se apuntaba a un bombardeo o lo que fuese después de su prolongado encierro debido a aquel asunto con la policía, porque ésta ni siquiera Jorge quería verla.

Las críticas fueron tibias, y el público no asistía a las salas pese al llamativo título castellano. Quizás las novedosas técnicas de rodaje de Scorsese, que reconoció en algún momento que parodiaba el estilo de Hitchcock, y este señor es intocable para los eruditos y pseudoanalistas, no fueron bien vistas. Excepto en Cannes, no se valoraron los progresistas experimentos de Scorsese, que se lo curró bien. Hasta un poco de Kafka metió el tío en el guión. Los actores no se salvaron de los intríngulis y por ejemplo Griffin Dune protagonizó uno de los más famosos “end slating” de la historia del cine. Consiste esto en que se comienza a filmar después de un período más o menos largo de acción relacionado con la escena, pero que no está en el guión. Dune se fué al bar de al lado, se puso a gritar e invitó a todo el mundo a una copa, pagaba él. Cuando todos estaban contentos y brindando, se escapa sin pagar y entra corriendo en el Club Berlín, el de la película, y justo ahí se empieza a rodar.

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