Marea Goonie

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La Playa de los Goonies

En una de esas aventuras en busca de tesoros en la larga playa salvaje de mi pueblo asturiano, nos quedamos atrapados por la marea, que había subido sin apenas darnos cuenta. El mar sibilino había avanzado silencioso a nuestras espaldas y ahora cerraba nuestro retorno a casa. Estaban algunos chicos del pueblo, veraneantes varios, y nosotros, Jorge, mi hermano y yo. Cual piratas domingueros, ensimismados y atolondrados en una aventura envolvente, con un mapa del tesoro en las manos, rescatando artículos de naufragios misteriosos en la orilla, investigando recovecos en las rocas del acantilado, de repente no podíamos volver y sólo nos quedaron dos opciones, o bien quitarnos la ropa y mojarnos hasta el culo para pasar al otro lado, o bien escalar por el acantilado y cruzar los arbustos espinosos hasta recuperar una ruta conocida. Ambas opciones tenían sus peligros. La primera requería meterse en el agua fría con las olas golpeando la roca, pero sobre todo exigía mostrar a los demás colegas del pueblo las intimidades corporales. La segunda era más arriesgada si cabe, escalar un poco por la piedra limpia y zambullirse luego, no en agua, sino en un bosque de espinas afiladísimas.

Unos eligieron el mar, y llegaron antes que nosotros, que nos quedamos viendo como se desnudaban y pasaban con la ropa en la cabeza – ¡Cobardes! – con sus calzoncillos abanderado sumergiéndose en el agua fría. Siendo auténticos Goonies nosotros no podíamos hacer algo tan simple, preferimos la sangre derramada antes que quitarnos los pantalones delante de todos. Uno tras otro, Jorge, mi hermano y yo, escalamos los muros playeros y penetramos en la espesura de la jungla costera sin importarnos los peligros ni las alimañas para finalmente, después de un arduo deambular atravesando la indómita floresta hostil de la costa agreste, re-encontrarnos con el otro grupo de vencidos y usuarios de lo fácil. Los Goonies éramos nosotros. Estábamos muy orgullosos de tamaña proeza, nos sentíamos auténticos héroes.

La bronca en casa fue monumental. La soportamos con bastante entereza Goonie también, y Jorge se tuvo que marchar anticipadamente a su pueblo como castigo de su madre – ¡Os podríais haber matado! – Los Goonies no tenemos miedo.

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