Piratas

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Cuando emprendas tu viaje a Itaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias.

Unas semanas después Jorge se quedó unos días con nosotros en el pueblo, junto al mar Cantábrico, y le conté que había visto la película, por supuesto, no tardé ni 10 segundos, no me pude aguantar, nos hicimos Goonies. Automáticamente elaboramos un mapa del tesoro. El procedimiento que desarrollamos era complejo, pero los resultados eran notables. Se coge un folio blanco normal y se ralla con un bolígrafo negro. Se dibujan las islas y territorios a explorar marcando con trazos gruesos, rallados y torpes los contornos en cuestión, y se pintan unas palmeras, un lago y un río, una playa con una calavera, unos pasos y una gran X que marca donde está el tesoro. Se lava el papiro con agua y jabón, y para terminar, cuando se seca, se queman los bordes, y ya está. Hicimos varios mapas y unas veces creábamos un tesoro y lo escondíamos dejando pistas y trampas para que los otros lo encontraran al estilo del filme, que era más divertido prepararlo que encontrarlo. También dejábamos los mapas en los buzones de los vecinos y alguno hubo que buscó el tesoro y se divirtió. Enseguida nos dijeron que dejásemos de molestar a la gente, alguno se debió de quejar.

Otras veces bajábamos a la rocosa y extensa playa de mi pueblo a construir un barco con restos de madera que la marea había arrastrado y encontrábamos paseando por la orilla, para, cómo no, lanzarlo al agua a que navegara un rato y después quemarlo y que surcara las aguas envuelto en llamas espectaculares hasta que se consumiese. En medio del río no había peligro de incendio. Otra variación era dejar el barco flotando y construir una catapulta que lo hundiera a pedradas. Dos placeres opuestos ambos igual de entretenidos: Hacer y deshacer. En un accidente lamentable, una piedra le dió en el ojo a un amiguete del verano. Automáticamente le pusimos un parche como un pirata y el chiquillo estaba muy feliz. Cuando su madre lo vió, la conversación fue más o menos de esta guisa: – !Hijo mío¡ ¡Qué te han hecho estos salvajes! – angustiada ella – ¡Mami, soy un pirata¡ – Feliz él – ¡Pero si casi te sacan un ojo de un pedrazo! – ella sigue al borde del escándalo – ¡No me quites el parche! ¡No me quites el parche! ¡No me quites el parche! – Y se escapó corriendo. Nunca tuvo ni el más mínimo daño en el ojo, pero no hubo manera de quitarle el parche en todo el verano.

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