Acciones en Biodramina

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Mi pastilla

Un viaje tan largo entre España y la Gran Bretaña ya empezaba mal, no podía acabar bien. El desequilibrio vestibular no se daba ni un respiro, al contrario, se incrementaba progresivamente. Mi viaje transcurrió entre la cubierta y el camarote, de arriba abajo y viceversa, con un mareo del quince, y por eso en uno de los trayectos me perdí por los pasillos. Cuando llegué a mi cuarto estaba zombi total, y como un muerto viviente me acurruqué en las mantas a dejar el tiempo pasar – por favor que lleguemos ya – pensaba – o morir, pero que se acabe este sufrimiento – Al cabo de un par de horas una señora me golpeaba con el pié, como si fuera un perro sarnoso, hablando en un idioma indescifrable. La miré con mi cara de difunto en vida y me asusté, pero ella también se asustó, y entonces me di cuenta de que no estaba en mi cuarto, que me había metido en donde no era. Cuando salí me encontré a todo el grupo buscándome por todos lados, incluso me habían anunciado por megafonía, lo que me faltaba, famoso en el primer día por torpe. La gente me señalaba y me apuntaba con el dedo, qué vergüenza. Cuando llegamos al destino final se necesitaban pinzas para recogerme. Había vomitado más de 20 veces contando las adicionales del autobús desde Plymouth a Bournemouth. Mi músculo diafragma era todo agujetas ¿Y todo este sufrimiento para venir a Inglaterra merecía la pena? Vaya que sí.

mareo

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