Flash Gordon

Flash Gordon
Un Flash Gordo

Mi amigo Gerardo no había muerto del todo, daba señales de vida todavía. De vez en cuando conseguía separarse de las faldas de su madre y quería pasear. Yo intentaba incrementar la amistad con la familia de Manolo, y a la vez compaginar las dos amistades sin mezclarlas, tenía miedo de que entre Manolo y Gerardo se hicieran más amigos que conmigo, no sé qué problemas mentales desarrollé al respecto, celos y paranoias.

20160618_120555Ocurrió que en el cine de arte y ensayo Palladium, junto a casa de mi abuela, echaban Flash Gordon, y me llevé a Gerardo, fuimos los dos solos. Desde aquel ya lejano día de Sandokán no había vuelto solo al cine. Además esta película me la había contado mi madre y ya me había preparado para los sustos, para evitar posibles pesadillas. Hay un momento en el que Flash tiene que meter la mano en el hueco de un árbol, el árbol de la verdad. Si miente, el bicho que hay dentro, que es un escorpión gigante, le mordería con su veneno mortal y moriría entre espasmos y retorcimientos dolorosísimos, pero si no miente, si dice la verdad, no le pasaría nada. Así que allá va el rubio, mete la mano y…¡¡¡¡Aghhhh!!!! grita con gestos de dolor, ¡¡¡Oh No!!! ¡¡¡Le ha mordido!!! Pero no, era una estratagema para engañar al celoso de Barin, interpretado por Timothy Dalton, que es el que se iba a casar con la chica, Ornella Muti, hasta que llegó Flash Gordon para quitársela. Pero después de escaparse es capturado por los hombres Halcón. Al final todos se unen para vencer al malvado doctor Ming, que tiene raptada a la chica. La música de esta película también me quedó grabada – ¡¡¡¡vamos Flash, vamos Flash, vamos Flash!!!! – Y es que era nada menos que de Queen.

Me encantó Flash, salí fascinado, y ya me daba cuenta de que no era como Supermán ni como la Guerra de las Galaxias, pero que en su propio estilo, ignoraba que era un camp intencionado, también estaba bien. Les faltó un George Lucas para tener un éxito. Salía Topol otra vez, como en “Solo para sus ojos” y en “El Violinista en el tejado” (¿es que sale en todas este señor?), y el malvadísimo emperador Ming era un tal Max Von Sydow. Sin embargo a Gerardo ni fú ni fá, que poca sustancia este hombre. Y a la salida del cine mi abuela nos infló de bollinas, y esto sí que le gustaba más. En mis pensamientos deseaba que se comiera la bollina de la verdad del Dr. Ming y se espabilara.

Un poco bear quizàs?

¿Un poco bear quizàs?

 

 

 

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