El triángulo de las Bermudas

Los misterios que nos ocultan
Los misterios que nos ocultan

Y para acabar esta época de cine previa a los 80, durante los años que estuvimos viviendo en Bilbao, recuerdo un día de Semana Santa que fuimos a ver las procesiones. Me impresionaron las caperuzas puntiagudas que cubrían la cara de los procesionarios, que sólo mostraban un poco de los ojos, como si fueran monstruos o espías que no quieren ser reconocidos, y me preguntaba si alguno sería un extraterrestre camuflado, a esas alturas yo estaba convencido de que estaban entre nosotros. Algunos iban descalzos e incluso sangraban, eso sí que era violencia, además real. Yo seguía pensando que en vez de Dios estaba mejor Supermán. Y en esas estábamos cuando mi madre se encontró con Chelo, la vecina, por la calle y le comunicó que habíamos venido a ver las procesiones pero a los niños no les están gustando – es que chica, son un poco brutos – Pues yo iba al cine que echan “El triángulo de las Bermudas” en sesión continua, ¿quieres venir? – ¡Síiiii! – respondí yo, que no perdía una. Y vimos dos veces seguidas, una detrás de otra, el documental sobre el triángulo de las Bermudas, en donde los aviones y los barcos desaparecían misteriosamente al pasar por esa zona específica del planeta. Una vez más quedé impactado. Lo primero que hice fue revisar en un atlas si para ir a Reikiavik y a Tokyo había que pasar por el triángulo de las Bermudas; ya me quedé más tranquilo tras comprobarlo. Y después bombardeo de preguntas: ¿Y ocurrió de verdad? (es que un documental era como más de verdad que una película, claro, yo me lo creí tanto que necesitaba asegurarlo con mi madre) – ¿y crees que será cosa de los extraterrestres? – ¿Y los Extraterrestres son buenos o son malos? – Al fin y al cabo Supermán es un extraterrestre y es bueno, los del triángulo de las Bermudas ¿son malos? – ¿Y alguna vez has volado por el triángulo de las Bermudas? – Y mi madre, que a lo más lejos que había ido en su vida era a Alicante en el viaje de novios, me dijo: – ¡Cállate, pesado! – Y me callé. No sé como me pude tragar semejante documental dos veces seguidas y sin pestañear, pero lo hize a los 8 años. De todas formas si alguna vez oía que alguien iba a viajar en barco o en avión le advertía misterioso: – cuidado con el triángulo… – A una señora que se iba a Argentina a visitar a su familia perdida desde la guerra civil le pedí que se asegurase de que el avión no pasaba por allí, y a ella le hizo tanta gracia que se rió y me dijo que no me preocupase, que cuando volviera me traería un Gauchito, que yo no tenía ni idea de lo que era, pero que automáticamente lo quise. Lo cierto es que nunca me trajo el gauchito, aún lo estoy esperando, aunque quizás lo que ocurrió verdaderamente es que no se tomó en serio mis advertencias sobre el triángulo…

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