Mazinger Z

Este era el Mazinger de los Dibujos de la tele
Este era el Mazinger de los Dibujos de la tele

En trueque por no poder ver “La Naranja Mecánica” convencí a mi pobre abuela paterna, Ino, para que me llevara a ver “Mazinger Z, la película”. No la de los dibujos animados esa que echaban los sábados a mediodía en la televisión, no, la auténtica, la del cine, en color y con personajes reales, la de verdad – ¿Los robots son de verdad, abuela? – Por supuesto hijo, los japoneses son unos hachas de la tecnología y tienen robots de esos por todas partes – ¡Ya está!, después de Reikiavik para buscar dinosaurios quería ir a Tokyo también, a ver los robots, sin importar que la película fuera china y no japonesa, eso no lo sabía, ni tampoco que era la película la que intentaba plagiar a los dibujos, y no viceversa. Ya entonces jugaban con el público.

A raíz de esta película y la serie de dibujos animados, que nos traía locos a todos en la escuela, coleccioné todos los cómics de Mazinger Z con celo, del 1 al 40. El robot era manejado por el muchacho Koji, y enseguida hubo un robot femenino que se llamaba “Afrodita A” y cuya arma letal eran sus tetas; decía:  ¡¡pechos fuera!! – y cada una de sus tetas se transformaba en un destructor torpedo. Los malos eran personajes complejos, como el baron Ashler, que era mitad hombre y mitad mujer, y el màs malísimo era el doctor Infierno, que tenía una cabellera encendida y flameante. La película en cine de Mazinger era una mala imitacion de los dibujos, pero entonces nos parecía más de verdad, el cine era más auténtico siempre.

Me entretenía dibujando con calco a contra-luz todas las portadas de mis cómics de Mazinger, que pintaba con mimo con sus mismos colores, para que las vieran en mi clase y presumir. A la señorita nunca le gustaron mucho mis diseños, y un día que un niño que se llamaba Recalde vomitó en el aula, utilizó mis obras de arte para tapar el regüeldo de garbanzos hasta que viniera la limpieza. – ¡¡¿Señorita, pero qué hace?!! ¡¡Son mis dibujos!!! – Bueno Pérez – me llamaba por el apellido como a Recalde – en realidad son dibujos muy violentos, quizás es momento de hacer otros más pacíficos, ¿no crees? – No. No creía; yo era un buen chico, sacaba muy buenas notas y siempre me portaba bien, no era justo que usara mis dibujos de ciencia ficción para la pota de Recalde. Que sepa usted, señorita Isabel, que aún me acuerdo de eso y que espero que la vida le haya devuelto el castigo que me infringió tan descuidadamente y sin piedad. Tan traumatizado me quedé que aùn hoy si visito algùn museo de arte moderno pienso para mis adentros: – ¿Qué serà de Recalde? ¿seguirà vomitando con aquella facilidad?- En ese caso, este cuadro (hay algunos cuadros que…) sí que serviría para tapar la pota de Recalde, e incluso mejorarían, como alguno de Tapiés, y a cambio podían poner a mis genuinos Mazingers.

El Robot de la película que se tuvo que tragar mi abuela
El Robot de la película que se tuvo que tragar mi abuela
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