El roñoso ratoncito Pérez

Los quería tener todos
Los quería tener todos

Intentaba por todos los medios que los domingos cuando salíamos de paseo pasásemos por delante del cine en donde se exhibía “La Guerra de las Galaxias”. Una vez allí me paraba a mirar los posters y las fotos y con la imaginación ponía caras a la historia que me había contado Aitor, que como se puede observar era muy incompleta. Asocié visualmente las espadas laser, al fabuloso halcón centenario, que ya me sonaba un poco raro, al increíble robot de oro y al pequeño de ruedas, y sobre todo al malvado Darbader. Como mi padre había estado en Alemania, teníamos en casa algunos libros muy bonitos con fotos alemanas, que me gustaba mirar. Y debajo venían palabras incomprensibles que me gustaba leer, que para eso había aprendido. Y me fijé que ponía mucho: der kirche, der Bus-zum, der Arbeit… y asocié automáticamente Darbader con der Bader y con Alemania, y además como los alemanes eran los malos en tantas películas, los nazis de la segunda guerra mundial, pues para mí Darbader se convirtió en Der Bader el Nazi de las galaxias. Y es que este es el problema de que no te dejen ver la película, que te la montas tú solo en la cabeza. También tenía claro que Luke y Leia, el héroe y la princesa, se casaban al final y que yo era Luke, por supuesto, al que tuve que descubrir por mi cuenta porque Aitor no me había contado los detalles.
Además empezaban a salir juguetes relacionados con la película; lo primero que yo quise fue una espada laser, que desgraciadamente aún no existía. Me habían caído ya un par de dientes y lo de las monedas de 25 pesetas del ratoncito Pérez estaba bien, pero a lo mejor me podía traer directamente el juguete, como hacían los Reyes en Navidad, que con la moneda no me llegaba para comprarlo yo, y siendo un ratón mágico estaba seguro de que no le importaría, y si no, ¡vaya miseria de magia!. Y el tío se llevaba mis dientes de márfil a cambio, me parecía bastante injusto – ¿No será que mas que un ratón es una rata y nos engaña, mamá? – Hijo, el ratón no existe, que soy yo, y no hay para más, asi que no des la lata y no se lo cuentes a tus hermanos – Y con cara de pasmado me quedé pensando: en este mundo cruel nunca conseguiré los muñecos de La Guerra de las Galaxias.

La Rata roñosa
La Rata roñosa
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